sábado, 19 de diciembre de 2015

VC 2. Avaricia

La avaricia


Eduardo de la Serna



* «La raíz de todos los males es el afan de dinero» (1 Tim 6,10).
* «No se puede servir a Dios y al dinero» (Mt 6,24).
* «La raíz de todos los males es la avaricia, y por eso el Apóstol la llama también servidumbre de ídolos. Busca en primer lugar el reino de Dios, todo se te dará por añadidura» (san Jerónimo).

Habíamos señalado, en el capítulo anterior, que santo Tomás afirma que en la raíz de todos los pecados está la soberbia; el discípulo de san Pablo, en cambio, prefiere ver allí la avaricia. Si el ‘pecado’ de soberbia es grave, porque el hombre se pone a la altura de Dios, no es distinto lo que realiza la idolatría, que eleva las cosas (en este caso, el dinero) a niveles divinos. Se había señalado que aquel era la causa del pecado de Adán, ahora se señala que este es el origen del pecado de Judas: «únicamente negará que la avaricia es idolatría quien sea capaz de llamar justicia a la venta del Señor por treinta monedas de plata» dice san Jerónimo...

Sin dudas que no es importante ver si uno es más grave que otro, más profundo o más causante de pecados, importa, sí, tener en claro que ambos parecen estar, en mayor o menor medida, en la base de todo desorden con el que el hombre maneja sus relaciones con Dios, sus relaciones con los hermanos, sus relaciones con las cosas...

Si los vicios capitales son desórdenes en el amor, y particularmente en el amor a las cosas, en la pérdida del equilibrio humano y religioso de relacionarse "con Dios como Padre, con los hombres como hermanos, con las cosas como señor" (Puebla), se produce -y concretamente en el caso de la avaricia- tal desorden en el ser humano que difícilmente encuentre el rumbo, especialmente porque «en las criaturas no halla el avaro con qué apagar su sed, sino con qué aumentarla» (Juan de la Cruz). Precisamente, la sed de infinito que tiene la humaniodad ("mi alma tiene sed de Dios"), cuando no es saciada por Dios, sólo se logra que aumente. Es por eso que el que tiene, siempre quiere ("necesita") tener más, o como dice un dicho muy antiguo: «Al avaro, lo mismo le falta lo que tiene que lo que no tiene». O, también la Biblia: "quien ama al dinero no se harta de él" (Sir 5,9).

Lo que hasta aquí afirmamos nos invita a mirar la avaricia con mucha atención. De ella se dice que es idolatría, que es la raíz de los pecados, que es el pecado de Judas... Realmente nada bueno. Tratemos de detenernos un poco en esto. Especialmente porque parece que aquí radica la causa de muchos de los males que nos tocan vivir en nuestro tiempo. Vamos por partes:

  El Miedo


Miedo parece lo contrario a "seguridad". Buscar seguridad es aferrarse a algo ante lo que nos hace "temblar". Y la mayor inseguridad es la del futuro: ¿qué pasará? Es la causa de la consulta a adivinos (= saber qué pasará), la base de la magia (= lograr que, haciendo tal cosa, pase lo que yo quiero o evitar que pase lo que detesto) y la "madre" de la avaricia (= guardar para prevenir el mañana). Dejemos hablar a un gran santo: "También has de evitar el mal de la avaricia, no en el sentido de no codiciar los bienes ajenos, cosa que aun las públicas leyes castigan, sino en el de no guardar los tuyos, que son también ajenos. Si con lo ajeno _ dice el Señor _ no fueron fieles, ¿quién les dará lo de ustedes?. No tienen que ver con nosotros los pesos de oro y plata. Nuestra riqueza es espiritual, y de ella se dice en otro lugar: El precio de la vida de un hombre es su riqueza. Nadie puede servir a dos señores, porque aborrecerá a uno y amará a otro, o bien se entregará a uno y despreciará al otro. No pueden servir a Dios y a Mammón, es decir, al dinero. En la lengua bárbara de los sirios se llama "mammona" a las riquezas. La obsesión por la comida es espina de la fe, raíz de toda avaricia, cuidado de gentiles. Pero me dirás: «Soy una joven delicada que no puedo trabajar con mis manos; cuando llegue a la vejez o me ponga enferma, ¿quién tendrá lástima de mí?». Oye lo que dice Jesús a los apóstoles: No anden preocupados en su corazón sobre qué comerán o cómo vestirán su cuerpo. ¿No vale más la vida que el alimento, y el cuerpo más que el vestido? Miren las aves del cielo: no siembran ni recogen en graneros, y su padre celestial las alimenta" (san Jerónimo). En realidad, la seguridad no es contraria al miedo sino a la inseguridad, y el problema radica en dónde ponemos nuestra seguridad.

Idolatría


Avaro no es simplemente el que "no compra un huevo por no tirar la cáscara"; es el que ama poseer por sobre todas las cosas, el que necesita desesperadamente "asegurar" la vida. Acá empiezan los problemas, no sólo por el clásico dicho de que "nadie tiene la vida asegurada", sino también porque la "raíz", los “cimientos” de los que habla la Biblia no pueden radicar en "poner seguridad", confiar allí donde no hay firmeza. Afirmarse en lo que no es firme es algo bastante necio; la polilla y la corrosión deberían bastar (en palabras de Jesús) para no "confiar" en cosas inseguras. Y así comienza a asomarse la idolatría...

Poner confianza es 'fiarse de', 'tener fe en'... La idolatría es confiar en, o fiarse de lo que no es Dios, sea porque es un "Dios manipulado, deformado, caricaturizado" o porque simplemente "no es Dios". O, para seguir con imágenes bíblicas, edificar una casa sobre arena, lo cual es poco recomendable en momentos de tormentas. Poner seguridad en los bienes (y particularmente en el dinero) es idolatría, es amar ese personaje al que la Biblia llama "Mammón", es decir el ídolo del dinero. "No se puede servir a Dios y al dinero" (que no es distinto a decir que no se puede quedar bien con Dios y con el diablo: el que pretenda hacerlo, no queda bien con Dios, precisamente). Por eso, el primer obispo de Chiapas, Bartolomé de las Casas afirmaba: "En las Indias, menos se estima, reverencia y adora Dios que el dinero" (¡lo dice de los "cristianos"!), y -agrega- lo reconocen como "mi señor" porque son avaros. "La idolatría -afirma G. Gutiérrez- consiste en poner su confianza en algo o en alguien que no es Dios, o jugar con la ambigüedad de afirmar a Dios pero buscar al mismo tiempo otras razones de seguridad". San Agustín afirma que «la avaricia no es vicio del oro, sino del hombre que ama perversamente al oro dejando la justicia, que sin comparación se debía anteponer al oro».

Hasta acá estaríamos en un discurso meramente teórico si no nos diéramos cuenta que la raíz de los grandes males en América Latina es la idolatría, y particularmente la idolatría del dinero: la frase "en dios creemos" que se encuentra en los billetes de dólar muestra bien en qué dios creen algunos. Un ídolo que reclama sangre y sacrificios, víctimas y sacerdotes... las víctimas son "las madres con los senos vacíos", los chicos desnutridos, los desaparecidos, los desocupados sin esperanza, los jubilados, la gran cantidad de suicidios de quienes no ven salida a su situación.... los sacerdotes son las fuerzas de "afuera y de adentro" que reclaman más ajuste, más "racionalización" (irracional), menos salud (o sólo para el que pueda pagarla)... sea el Banco Mundial, el Fondo Monetario, las relaciones carnales con el imperio... Los templos, de concurrencia dominical, son los "shopping" (así, ¡en inglés!), los bancos donde se hace silencio religioso; las fiestas sagradas, la Navidad de Papa Noeles sin Jesús, los "día de... (madre/padre..." y todo momento de "comunión" sagrada en la compra-venta... Cuando la preocupación es que "las cuentas cierren" y no que "donde hay una necesidad hay un derecho", cuando lo primero y lo más importante son los números y no las personas, entonces "algo huele mal".
Podrá pensarse que este paso a lo político "está de más", que "no tiene nada que ver" con el "pecado capital" (sería pecado del Capital)... Dejemos hablar a san Agustín: escribiendo sobre una realidad de su tiempo (recuérdese que el gran adversario de Roma era Cartago, el cual fue finalmente vencido): "Pero la discordia, la avaricia, la ambición y los demás vicios y desgracias que suelen resultar de las prosperidades, crecieron extraordinariamente después de la destrucción de Cartago, para que entendiésemos que antes no sólo solían nacer, sino igualmente crecer, los vicios"; y dando la razón por qué se explica en estos términos, prosigue (un historiador) diciendo: "Porque hubo vejaciones y agravios que cometían los poderosos, de donde procedía la división entre los senadores y el pueblo, y otras discordias domésticas en el principio, cuando apenas había cesado la autoridad de los reyes, viviendo los hombres con equidad y modestia mientras duró el miedo de Tarquino y la peligrosa guerra con los etruscos". Asimismo, afirmaba el gran Papa Pablo VI:

"así, pues, el tener más, lo mismo para los pueblos que para las personas, no es el fin último. Todo crecimiento es ambivalente. Necesario para permitir que el hombre sea más hombre, lo encierra como en una prisión desde el momento que se convierta en el bien supremo, que impide mirar más allá. Entonces los corazones se endurecen y los espíritus se cierran; los hombres ya no se unen por amistad, sino por interés, que pronto les hace oponerse unos a otros y desunirse. La búsqueda exclusiva del poseer se convierte en un obstáculo para el crecimiento del ser y se opone a su verdadera grandeza; para las naciones como para las personas, la avaricia es la forma más evidente de un subdesarrollo moral".

El problema radica, en este caso -y esto es muy importante- en un sistema que parte del principio de que el ser humano es "codicioso" por naturaleza. Todo plan, en nuestro sistema, supone que el hombre sólo quiere "tener" y, partiendo de un "hombre egoísta", hay que permitirle "competir". La "lucha" ("ley de mercado/selva") beneficia a los demás. La competencia es lo que mueve el mundo, se dice. El mismo punto de partida, para empezar, debe ser cuestionado: ¿realmente el hombre es "codicioso por naturaleza", o eso es consecuencia de su "naturaleza pecadora"? (¿hace falta recordar que el pecado es anti-natural?) ¿No podemos pensar que el hombre es bueno y justo por naturaleza? ¿No podemos pensar que beneficia y hace crecer mucho más al hombre la convivencia que la competencia? ¿No es más valioso un hombre que busca "ser" más que quien sólo pretende "tener" más? ¿No es más justo un mundo que pretenda alcanzar una ley de fraternidad que una ley de mercado?... Sin dudas, esto puede sonar ingenuo. ¡Y lo es! Pero como cristianos preferimos seguir soñando y trabajando por un plan más coherente con la ley de Dios que con la ley del mercado, más beneficioso para el hombre que para las cuentas. Seguimos soñando con un mundo más justo y fraterno. Por él dio la vida Jesús (eso es el Reino de Dios), y por eso debemos trabajar, vivir y morir los cristianos. Se dice que no hay otro plan. ¡Debe haberlo! ¡El amor es posible! La avaricia no es sólo un vicio capital, se ha transformado en un ídolo mortal. Y debemos combatirlo.

"Por su parte, la Avaricia es también arrastrada sobre las ruedas de cuatro vicios que son la pusilanimidad, la Inhumanidad, el Menosprecio de Dios y el Olvido de la muerte. Y los caballos que tiran son la Tenacidad y el Robo, ambas conducidas por el Ansia de poseer. La Avaricia es la única que no tolera varios conductores; le basta con uno. Pero está maravillosamente preparado y es infatigable para su trabajo, azuzando enérgicamente a los caballos con dos vivísimos látigos: la Pasión por adquirir y el Miedo a la bancarrota" (san Bernardo).

La Pobreza


Podemos hablar de dos tipos de pobreza: la pobreza causada (que es pecado) y la pobreza elegida (que es amor). La idolatría, el afán de tener, la avaricia, causa la pobreza de muchos, y tiene su raíz en el pecado, como hemos visto. El amor, en cambio, nos lleva a compartir, a solidarizarnos con las necesidades de los hermanos (y nos empobrece [enriquece, en un sentido más profundo]). ¿No es a eso a lo que nos referimos al pretender "una Patria de hermanos"? Nadie más autorizado que el gran Francisco de Asís para iluminarnos en esto: "Donde hay pobreza con alegría no hay codicia ni avaricia" En esa misma línea Dante Alighieri, en "La Divina Comedia", ubica al Emperador Constantino en el Infierno, y afirma: "¡Cuántos males causaste a la Iglesia, Constantino! No por tu conversión, sino porque ¡de ti vino el primer Papa que fue rico!".

Es verdad que para los poderosos no parece, a simple vista, que haya sistemas alternativos al presente: se habla del fracaso y la derrota del Este (como de Cartago, podemos insinuar). La pregunta no es por el sistema ganador sino por un sistema más humano. Lo fundamental sería preguntarnos dónde y cuándo se aplicó un sistema humano que defienda al ser humano (en especial al más débil), que aliente solidaridad, que pretenda fraternidad. Un sistema que, sin dudas, no logrará "acumulación", "equilibrio fiscal", pero que pretenderá que la gente sea feliz, ¡y sólo se puede ser feliz cuando se ama y se es amado! Probablemente no se haya concretado históricamente, pero ¡la creatividad de los cristianos comprometidos con un mundo fraterno tiene la palabra!

La oposición que presentan los profetas bíblicos entre Dios y los ídolos, continuada por Jesús entre Dios y el dinero nos marca el camino: el amor. Muchos seguimos creyendo que el verdadero ser humano no es el codicioso-avaro sino el capaz de amar, el capaz de entregar generosamente y de entregarse solidariamente. La historia de tantos mártires (y tantos en nuestro país) nos sirve de antorcha en el camino. El maravilloso -y olvidado- documento de Medellín afirmaba:

"nuestra fuerza está en el amor: el egoísmo, el cálculo administrativo separado del contexto de las finalidades religiosas y caritativas, la avaricia, el ansia de poseer como fin de sí mismo, el bienestar superfluo, son obstáculos para el amor, son en el fondo una debilidad, son una ineptitud para la entrega personal al sacrificio. Superemos estos obstáculos y dejemos que el amor gobierne nuestra misión confortadora y renovadora".



Dibujo tomado de http://dealma-da.blogspot.com/2009/10/7-pecados-capitales.html

VC 1. Vanagloria

La Soberbia/ Vanagloria


Eduardo de la Serna

            + Acostumbrada al aplauso fácil, la conductora "de oro" enfrenta un reportaje. Se le pregunta sobre algunos dolorosos casos familiares que, se supone, le preocupan. "Es algo realmente muy difícil ver a mi mamá así -contesta con su superficial locuacidad- pero ya estoy bien, ya aprendí a asumirlo..."
            +  "¡Cómo me gusta que me aplaudan!" dijo en un lapsus (acto fallido) un cantante popular queriendo decir que le gustaba ver a la gente contenta...
            +  "La primera vez que fui al exterior, al caminar por las calles y ver que nadie me reconocía, me pasé toda la noche llorando" afirmó una conocida actriz en un reportaje.
            +  "Fue llamado al orden un juez por falta de recato al mostrarse en una revista de ricos y famosos".
            +  "El sueño de mi vida es ser modelo y desfilar con Karina/Julieta/Nicole... en el desfile de Giordano de este año" (una [¿sólo una?] adolescente).

            La «cultura del raiting» que vivimos, la escasez de profundidad, llevan a que cada vez más nos guiemos -en muchas cosas- por el aplauso fácil, por una extraña necesidad de aparecer.  Se podrá decir que "la culpa no es del chancho..." y no deja de ser verdad: muchos periodistas corren a escuchar más atentamente la voz de Susana Giménez antes que la de Ernesto Sábato consultándola sobre cualquier tema, y ocupa más espacio (en revistas, televisión y diarios) Tinelli que algún filósofo o una pensadora. Es más importante la "vigencia" de Mirta Legrand que la calidad de muchos documentales y más exitosos los aplausos que cosecha un cantante con canciones que parecen exaltar el consumo de drogas, que la presentación de "Romeo y Julieta" en el Colón. Los Medios de Comunicación Social (MCS) dan más importancia a lo que vende (= cosecha aplausos) que a lo que vale la pena por su calidad, y se considera que más vale lo que más vende... Se está en un círculo vicioso en el que quien más "aparece" es quien más importa. No está cuestión si es bueno o no, si es superficial o no, si piensa con seriedad o no. Importa que aparezca. Y lo que importa es aparecer.

            Se elige candidato político, no a quien es más capaz de servir a la comunidad sino a quien puede arrastrar más votos (= raiting), sea cantante, corredor de autos, deportista o lo que sea. ¿Las propuestas? ¡No importan! Por otra parte, para poder triunfar en el mundo de la política hay que "aparecer" en cuanto programa sea posible: almorzando al mediodía, cocinado a la siesta, enfrentando un contra por la tarde y una cámara "oculta" (sic) por la noche. Si no se "aparece" se "desaparece", «¡no existís!».
            Toda esta «cultura del aparecer» lleva a creer (o a mostrar) que nada es más importante que ser reconocido. Más allá de por qué se es reconocido. Hay que entregarse ante las cámaras por un crimen cometido; hay que cantar horrorosamente para pedir un tema musical por la radio; hay que suplicar que "por favor pasen este llamado porque me costó conseguir con la radio (= todos llaman; = todos escuchan)", hay que gritar exultante "¡Hola Susana/Nico/Julián/Pablo!!!". 
            ¿Hace falta señalar que a esas actitudes debemos relacionarlas con la vanagloria?

La Gloria 

            Si estamos hablando de "vicios/pecados", obviamente estamos en el terreno de lo religioso, no de lo meramente social. Por eso, lo primero que debemos tener en cuenta es ver qué nos dice nuestra fe de todo esto que queremos reflexionar. Pero no nos interesa "definir" pecados o conductas "viciosas" para "condenar", sino para profundizar nuestra vida, y para proponer caminos que hagan más felices a los seres humanos. Bastante más felices que el aplauso o el reconocimiento público; bastante más felices que escuchar que nos digan "te vi en la tele", o que poder desfilar en la pasarela junto a tal o cual modelo (¿modelo de qué?) de moda, o tener un auto último modelo (¡y modelo caro!) "en cuanto gane mi primer sueldo triunfando como futbolista"...
            En la Biblia, la Gloria es algo debido a Dios. Para ser más precisos, la "Gloria de Dios" es la manifestación de Dios en medio de los hombres. Así, se manifiesta a través de diferentes signos que podemos reconocer en nuestra historia, a fin de saber su cercanía y su acción salvadora. Los signos nos permiten descubrirlo. "Dar gloria" a Dios, en cambio, es reconocer su soberanía, su grandeza (gloriarse en el Señor o en sus cosas: el Templo, el Arca, la Ley...). Es -obviamente- un acto de humildad, de reconocimiento: reconocemos a este Dios presente en medio de nosotros, presente para salvar (como es su costumbre). Por el contrario, no es bueno dar gloria a quienes no la merecen, buscar glorias que no son nuestras (ver 2 Cr 25,19), o dejar de reconocer aquello que la merece realmente... Es interesante lo que dice el profeta Jeremías:

            «Así habla el Señor: Que el sabio no se gloríe de su sabiduría, que el fuerte no se gloríe de su fuerza ni el rico se gloríe de su riqueza. El que se gloría, que se gloríe de esto: de tener inteligencia y conocerme. Porque yo soy el Señor, el que practica la fidelidad, el derecho y la justicia sobre la tierra. Sí, es eso lo que me agrada, _oráculo del Señor _ » (Jer 9,22-23).
            «Hijo mío, gloríate con la debida modestia y estímate según tu justo valor» (Sir 10,28).
            «El Señor dio a los hombres su ciencia para ser glorificado por sus maravillas» (Sir 38,6)

            Por eso Jesús dice que deben brillar nuestras buenas obras para que los hombres "glorifiquen a Dios" (Mt 5,16). De hecho, gloriarse en aquello que no debe ser objeto de gloria (ver Sal 115,1) -por más bueno que sea- nos pone a las puertas de la idolatría (ver Jer 49,4; Sal 97,7; Dan 5,23; Jdt 9,7). ¿Será por eso que a los "famosos" los llaman ídolos?
La Gloria Vana 

            Todo esto nos enfrenta a diversas actitudes ante la vida: la soberbia, que es la actitud fundamental para caer en el pecado, o la humildad. que es la actitud fundamental para entrar en el ámbito de la virtud. El Corán llama con mucha frecuencia a la Gehena (= infierno) "la morada de los soberbios". La carta de Santiago nos dice que "Dios resiste a los soberbios y da su gracia a los humildes" (4,6), porque -dice también san Lucas- "dispersa a los soberbios... y eleva a los humildes" (Lc 1,51-52).
            Precisamente, porque la soberbia es la madre de todos los pecados es que santo Tomás prefiere no incluirla entre los "vicios capitales" (es más grave que un "vicio"; está en la raíz de todo, afirma), y sí a la vanagloria (que es una "versión mitigada" de la soberbia). San Máximo, el Confesor, dice:

            «Cuídate del amor propio, madre de los vicios, que es el amor irracional del cuerpo. De él nacen sin duda los primeros tres pensamientos pasionales fundamentales: el de la gula, el de la avaricia y el de la vanagloria, que tiene su origen de las exigencias necesarias del cuerpo; por ellos nace toda la serie de vicios. Es necesario, pues, como se ha dicho, cuidarse necesariamente de este amor propio y combatirlo con mucha sobriedad; destruido éste, son destruidos todos los pensamientos que provienen de él».
            Sin dudas, en la imagen tomista (gregoriana) de la soberbia como "madre de todos los pecados", influye la lectura bíblica de su tiempo ya que la soberbia es considerado el pecado de Adán (querer ser como Dios). Si bien es cierto que hoy no suele leerse de ese modo el texto de Gén 3, sí podemos decir que "no dar a Dios lo de Dios" es madre de pecados, y a eso, en lenguaje bíblico (y lenguaje también frecuente en la reflexión latinoamericana) llamamos "idolatría". Y la idolatría atenta desde la base contra el primero y principal mandamiento: "Amarás al Señor tu Dios, y sólo a Él..." del cual dependen todos los demás...


            Dejemos, en esta línea, hablar a san Agustín que con su habitual profundidad expresa estas cuestiones de esta manera:

            «... dos amores fundaron dos ciudades; es, a saber: la terrena el amor propio hasta llegar a menospreciar a Dios, y la celestial el amor a Dios hasta llegar al desprecio de sí propio. La primera puso su gloria en sí misma, y la segunda, en el Señor; porque la una busca el honor y gloria de los hombres, y la otra estima por suma gloria a Dios, testigo de su conciencia; aquélla, estribando en su vanagloria, ensalza su cabeza, y ésta dice a su Dios: "tú eres mi gloria y el que ensalzas mi cabeza"; aquélla reina en sus príncipes o en las naciones a quienes sujetó la ambición de reinar; en ésta unos a otros se sirven con caridad»

            Como se ve, por otra parte, la relación entre la vanagloria y la política, ¡no es nueva!

            En la civilización light que nos mueve (y no conmueve), el aplauso fácil es la reina; el placer de ser aplaudido es rey; y el raiting es conde (¡es-conde la verdad de las cosas!). El problema (¡y la solución!) de todo lo tiene la verdad. La vanagloria es gloriarse en aquello que no es verdadero, es apareer sin ser y aplaudir lo que es "cartón piedra"... Es creer que alguien (o nosotros) es más de lo que realmente es (verdaderamente, ¿quien y por qué, alguien es más?), o -y esto es lo más dramático [¡históricamente más dramático!]- creerse más que otros. Lamentablemente, esto no es exclusivo de los que aparecen en la Tele, sino de todo un modo de vivir y sentir:


            +  ¿Quién dijo que la mujer es inferior o menos que el varón?

            +  ¿Quién dijo que los bolivianos/paraguayos son "negros"?

        +  ¿Quién dijo que los "negros" (o la "nueva" y horrorosa versión "negros de espíritu")son menos que los "blancos"?

           +  ¿Quién dijo que los "villeros" son ladrones/vagos/borrachos (= malos) y no los que tienen cuentas en Suiza o en paraísos fiscales, o los que "retienen el salario de los obreros"?

            +  ¿Quién dijo que los discapacitados no están capacitados?
  
         +  ¿Quién dijo que el inglés es idioma y el guaraní, quecha o mapuche son un dialecto?

            +  ¿Quién dijo que nuestra historia empieza cuando llegaron los europeos, y antes de 1492 hay solamente "mitos" o leyendas"?

         +  ¿Quién dijo que la esclavitud negra es civilización y los calendarios mayas barbarie, o que el agotamiento de la capa de ozono es desarrollo y el respeto a la Pachamama superstición?

        +  ¿Quién dijo que somos un país sin prejuicios, racismo, discriminaciones y sectarismo?

            Y son importantes las respuestas, ya que cuando creemos (o nos creemos) algo diferente a lo que realmente somos, particularmente cuando nos creemos más (y más que otros), estamos engendrando una civilización donde el hombre se volvió incapaz de ser hermano del otro y donde sólo Dios esté por encima y sea el Padre, donde sólo Dios sea "glorificado" y donde el hombre se dedique de lleno al servicio del hermano.


            Humildad no es creerse tontos, "la humildad es la verdad" afirman claramente Gregorio Magno, Teresa de Avila, Teresa de Lisieux y la tradición espiritual puesto que "aun en el desprecio de la gloria hay peligro de vanagloria", como dice san Agustín. Pero la verdad no es reconocimiento de cierta superioridad sino de cierta diferencia. Diferencia que es don de Dios para el servicio del hermano. "¿Hay algo que se oponga tanto a la vanagloria como la verdad?" (san Bernardo). Es aquí que radica la centralidad de la verdadera gloria, la gloria de Dios. Es indispensable saber que todo viene de Dios y para el servicio de los demás. Como Cristo. De allí la exigencia de hacerse "servidores de los demás en el amor" (Gál 5,13)., algo inentendible para quienes buscan el aplauso, la fama o el raiting. Pocas cosas hay que se opongan tanto a esa gloria-vana como la cruz de Cristo: el reino del "fracaso" para la gloria superficial y el imperio de la "debilidad" para la fuerza del aplauso (ver 1 Cor 1,17-25). Pocas cosas hay tan distantes de esa "gloria vana" como estar dispuestos a "dar la vida por los amigos" (Jn 15,13), como estar decididos a "bajar de la cruz a los pueblos crucificados" (I. Ellacuría) o ser capaces de servir al hermano sin ser reconocidos por el aplauso o sin aparecer en la TV.


            Si la gloria de Dios es "el hombre que vive" (san Ireneo), y hoy podemos traducirlo diciendo que "la gloria de Dios es el pobre que vive" (mons. Romero), es posible que no seamos famosos, es posible que no aparezcamos en la Tele; es posible que seamos unos perfectos desconocidos, pero también es posible que seamos capaces de apuntar bien alto y buscar la verdadera gloria de Dios comprometiéndonos con la verdad de un Dios que busca y reclama el derecho y la justicia de sus hijos, es posible que buscando el bien de los otros, aún a costa de nosotros mismos, algunos digan que somos activistas políticos (como dijo el ex-presidente de los sacerdotes en huelga de hambre a causa de los violentos desalojos en la Villa 31 en enero de 1996) porque no entramos en el juego de buscar raiting (o porque parecemos quitar raiting a otros en este imperio de la competencia), es posible que otros aparezcan en la tele y sean públicamente reconocidos. Más que posible, ¡es una realidad! Pero sin dejar de esperar en un mundo mejor y sin dejar de trabajar y jugarnos por él, queremos reconocer con san Jerónimo que:

            «una cosa tienes también que evitar con toda cautela: no te dejes llevar por el ardor de la vanagloria. Jesús dice: ¿Cómo pueden creer ustedes que aceptan gloria unos de otros? Ahí ves qué clase de mal sea ése, pues quien lo tiene no puede creer. Nosotros, por el contrario, digamos: Porque mi gloria eres tú, y: El que se gloría, que se gloríe en el Señor, y: Si todavía tratara de agradar a los hombres, no sería siervo de Cristo, y: En cuanto a mí, Dios me libre de gloriarme si no es en la cruz de nuestro Señor Jesucristo, por la cual el mundo es para mí crucificado y yo un crucificado para el mundo. Y lo otro: De ti nos gloriaremos todo el día, y finalmente: Mi alma se gloría en el Señor.»


foto tomada de http://www.1de3.es/

VC 0 Introducción

Los Vicios capitales

Eduardo de la Serna

Introducción


            Los modernos libros de moral suelen ser poco propensos a codificar o especificar los diferentes tipos de pecados. Una reciente película, y un libro de un mediático filósofo, de todos modos, ha puesto de moda aquel grupo de "pecados" llamados "capitales". Creemos que este tipo de situaciones o tendencias, a los que se suele llamar "pecados" son siempre actuales, más allá de los matices propios de cada tiempo y cultura. Por eso pretendemos profundizar la cuestión, y para ello es necesario entender, antes que nada, de qué estamos hablando.


¿Pecados o vicios?


            En los catecismos o libros de moral es frecuente una estrecha interrelación entre pecados y vicios. De hecho, más que pecados se suele hablar de "vicios" capitales. El vicio es la costumbre, la tendencia, la disposición hacia ciertas actitudes de pecado. Está provocado por la frecuencia de los pecados, pero de por sí no es pecado. Es lo que arrastra hacia el pecado, nos prepara para..., es lo que impide que presentemos resistencia a la tentación. El pecado está a la puerta...


Capitales


            Por "capitales" se entiende "que están a la cabeza", es decir, el acento no se pone en la gravedad sino en que determinados vicios están en el origen, son causa, de los restantes vicios, o pecados; son como el "capitel" que permite la entrada a las demás dependencias... En este sentido, su importancia no radica en la gravedad que determinados vicios/pecados tengan, sino en la facilidad con que arrastran a determinados pecados que sí son graves.


¿Siete?


            Desde san Gregorio se suelen codificar en siete (es el nombre original de la película a la que hicimos referencia: "Seven"). El Nuevo Catecismo los enumera: "soberbia, avaricia, lujuria, envidia, ira, gula y pereza" (Nº 1866), aunque algunos de estos nombres podrían especificarse mejor; Santo Tomás, por ejemplo, no está totalmente de acuerdo que la soberbia sea un vicio capital puesto que es "la reina de todos los vicios" (cita a Gregorio) y prefiere hablar de la vanagloria; asimismo, más que hablar de la pereza habla de la tristitia o acedia. Pero -y fundado en la misma autoridad de san Gregorio- sostiene el número siete para referir a los vicios capitales (de todos modos, de las diferencias, hablaremos en su lugar).


            Sin tanta "precisión" pero con una profundidad notable tengamos en cuenta lo que dice San Bernardo al comentar el Cantar de los Cantares:


            «Esto debían haberlo tenido en cuenta los que me ordenaron guardar las viñas, es decir: si guardaba mi viña. ¡Cuánto tiempo permaneció inculta, desierta, abandonada! Por eso no daba vino; estaban secos los sarmientos de las virtudes por la esterilidad de la fe; tenía fe, pero muerta. ¿Cómo no iba a estar muerta sin las obras? Esto me ocurría en mi vida mundana. Después de convertirme al Señor la guardé un poco mejor, lo confieso, pero no todo lo que debía. ¿Y quién es capaz de conseguirlo? Ni el santo Profeta que decía: Si el Señor no guarda la ciudad, en vano vigilan los centinelas. Lo recuerdo perfectamente: ¡cuántas veces me expuse entonces a las asechanzas del que asaetea a ocultas al inocente! ¡Viña de mi vida, cuánto te he robado con furtivas artimañas, precisamente cuando empecé a entregarme con más vigilancia a mi control y cuidado! ¡Cuántos y qué excelentes abonos de buenas obras sofocó la ira, se los llevó la jactancia o los despreció la vanagloria ¡Cuánto tuve que soportar a los halagos de la gula, a la acedia del espíritu, de la tormenta y del huracán que devora! Así era; y a pesar de todo me hicieron guardián de las viñas, sin tener en cuenta lo que yo hiciera o habría hecho con la mía, sin escuchar la recriminación del Maestro que dice: Uno que no sabe gobernar su casa ¿cómo va a cuidar de la Iglesia de Dios?»


            Esto es lo que se dice de estos vicios o pecados capitales. Intentaremos, a continuación, reflexionar desde distintas ópticas sobre cada uno estos vicios en toda su actualidad. Que es mucha. Para eso hemos elegido un camino variado: el tema es tradicional, y por eso no hemos ahorrado la referencia y cita de autores antiguos; el tema es bíblico, y por eso hemos recurrido, en más de una oportunidad, a los textos y sus paralelos; el tema es espiritual, y haremos referencia a los grandes maestros del Espíritu; el tema es pastoral, y no dudamos en reflexionar con los pies bien puestos en la realidad; el tema es actual, y no dejaremos de señalar directa o indirectamente sus consecuencias para nuestra vida; por todo esto -obviamente- el tema es moral (= vida cristiana) e intentaremos iluminar nuestra vida de fe, vida de seguimiento de Jesús de Nazareth...

A Romero



No podemos callar lo que hemos visto y oído

Eduardo de la Serna



I.
En los ojos de Rufina
Se ve un pueblo que ha sufrido
Llorando gotas de sangre
Su vientre abierto y partido.

En las manos de la tierra
Se palpa el dolor campesino
Regada a balas y metralla
Batallones, genocidios…

En los pies de las ancianas
Hay caminos sin sentido
Desplazadas de la vida
Descalzas entre los espinos

En las espaldas del pueblo
Encorvado casi hasta el piso
Se huele el hambre, y sin trabajo
Se quiebran los sueños perdidos.

En las manos de los niños
Abandonando un triciclo
Se grita aferrando un juguete
Un mañana interrumpido.

II.
Y en esa nada que avanza
Vibra allá un faro encendido
Se oye una voz, un susurro,
Son las entrañas en grito.

Una palabra que habla
Un Evangelio vivido
Un púlpito donde se escucha
Un idioma que antes no se ha oído.

Un profeta que transita
Abriendo nuevos caminos
Y que revela miserias
Con sus nombres y apellidos.

Y que molesta… incomoda,
Porque supo tomar partido
(no quedándose a medias aguas)
Por los pobres y oprimidos.

Y si molesta, ¡se calla!
Un sicario a domicilio
Una bala dirigida
Justo al centro del martirio.

III.
Tanta sangre derramada
En masacres y homicidios
En resistencia, esperanza
Y Evangelio compartido.

Da frutos un día de mayo
Un mártir reconocido,
Un santo que vive en su pueblo,
¡algo dicho y repetido!

Y aunque quieran ponerte agua,
Sos espada de dos filos
Que revela desde el lugar del pobre
Dónde está el sufriente, el caído.

Dónde se encuentra al hermano,
Aquel al que otro ha herido,
Para vendarlo y cuidarlo
¡Es hermano preferido!

Porque marcás un camino,
Hoy te hemos reconocido,
enséñanos a seguirlo siempre
Romero, ¡mártir, profeta, amigo!

Este verso puede verse en

acompañado de fotos y música
 
Foto tomada de www.estrategiaynegocios.net

Bendito seas, Señor!

¡Bendito seas, Señor!

Eduardo de la Serna



¡Bendita seas, tierra!
regada por la muerte y por la vida,
andada por los pasos peregrinos
del dulce mensajero de noticias.

¡Bendita seas, tierra!
en medio de una tierra adormecida,
marcada con el signo del pecado,
muerte donde crece la semilla.

¡Bendita seas, tierra!
surcada de dolor y de alegría,
marcada por la huella de un madero,
esperanza de una raza redimida.

¡Bendita seas, tierra!
por la cruz engendrada en injusticia,
por el grano de trigo que germina,
por el sol que nos trae el nuevo día.

¡Bendita seas, tierra!
que arrancaste la muerte al que es la vida,
y surgió en el amor con fuerza nueva,
y permanece vivo en la comida.

¡Bendita seas, tierra!
donde el cielo a la tierra desafía,
donde el Hijo ha dejado las pisadas
señalando el camino que El camina.

¡Bendita seas, tierra!
¿pero, acaso, no estás ya bendecida?
¿acaso no bebemos en el aire,
los pasos de Jesús y de María?

¡Bendita seas, tierra!
por la historia renovada en su venida,
por la fiesta de los pobres que se anuncia,
por el Reino que nos trae Buenas Noticias.


Foto tomada de www.lavoz.com.ar

lunes, 7 de diciembre de 2015

Derecha

Derecha


Eduardo de la Serna



La categorización de “izquierdas” y “derechas” parece tener su origen en Europa según se colocaran en una mesa parlamentaria unos grupos y otros con lo que “los de la derecha / izquierda” solían tener posiciones más “conservadoras” o más “progresistas”. Parece. Claro que “progresista” viene de progresar, y es dudoso que alguien diga que no lo quiere. Y conservar, pues depende qué; ¿quién no quiere “conservar” lo que cree bueno, aunque progrese; y quién no querría cambiar lo malo, aunque conservando otras cosas. Así dicho, sin embargo, resulta que decir izquierdas y derechas, conservadores, momios, carcas, o progresistas, zurdos, revolús se comprende más o menos qué significa.


Lo cierto es que todos comprenden que hay izquierdas y hay derechas aunque quieran decir que “no hay que ideologizar” como dijo Mauricio y repite Susana Malcorra, ministra electa de Relaciones Exteriores. Claro que también cabe preguntarse qué es “ideología”, por qué estaría mal que la hubiera, y si quien eso dice no lo hace desde otra ideología. Lo cual es evidente. Pero es otro tema…


Podríamos también señalar que como una suerte de flujos y reflujos, o marea y contramarea  el mundo parece oscilar entre izquierdas y derechas (claro que con sus límites, porque decir que Obama es de izquierda es casi una burla, a menos que reconozcamos que está “a la izquierda de Bush” lo que no es muy difícil; y también podríamos decir que Tabaré Vásquez está a la derecha de Pepe Mujica)… Lo evidente es que decir “derechas e izquierdas” es a su vez una categoría de relación. A la derecha o a la izquierda de qué o de quién puede ser un buen parámetro. Aunque con frecuencia – como “yo” soy el centro – sea a “mi” izquierda o derecha”, lo cual es un problema, porque yo estoy a la izquierda y a la derecha de otros. 


Pero – dicho esto – parece posible afirmar que “hay un corrimiento a la derecha”. Y las recientes elecciones en Francia con el triunfo de Marine Le Pen son un indicio más que evidente. Pero vayamos a América Latina:


  • + las elecciones en Venezuela dieron un triunfo a la derecha frente al gobierno de Maduro en las elecciones legislativas del 6 de diciembre;
  • + en Brasil avanza el pedido de juicio político a Dilma Rouseff;
  • + en Perú el que llamaban ayer “chavista”, Ollanta Humala continuó sin matices el liberalismo del ex populista hoy liberal Alan García, pero la alcaldesa de Lima Susana Villarán fue derrotada;
  • + en Colombia donde el gobierno derechista de Juan Manuel Santos sólo tiene adversario en el másderechistaaún Álvaro Uribe y en la alcaldía de Bogotá Gustavo Petro fue reemplazado por Enrique Peñalosa;
  • + en Ecuador Rafael Correa tuvo que dar marcha atrás en dos proyectos de ley (de plusvalía y de herencias) que tocaban el bolsillo de unos pocos pero contra los cuales se manifestó un número importante de la ciudadanía;
  • + en Argentina por primera vez en su historia la derecha es gobierno no mediante un golpe cívico-militar sino en las urnas…



Sin duda que esto no es todo… en Paraguay en las recientes elecciones en Asunción triunfó la “izquierda” derrotando al partido de Cartés; en Bolivia Evo Morales sigue triunfando, y en Chile y Uruguay hay gobiernos sedicentes de izquierda (aunque, permítaseme el titubeo). 


Sin duda que podríamos atribuir este momento a una suerte de péndulo histórico, y quizás no sea del todo falso. Pero también surge una pregunta, como se ve claramente en las manifestaciones ecuatorianas que acabo de señalar y en las elecciones de Argentina: ¿cómo puede entenderse que el pueblo pobre vote contra sí mismo? Y me resulta difícil dar una respuesta cabal. Pero algo sí tengo claro (no creo que sea “el todo” pero creo que sí es “una parte sustancial”) y es el poder omnímodo de los Medios de Comunicación. Estoy convencido que estos son “creadores de realidad”. Es notable ver y oír que constantemente desde sectores populares afirman cosas que su misma vida contradice, pero igualmente afirman que “es así”. Se repiten slogans, certezas que son incuestionables. Nadie las pone en duda y son una suerte de “Credo” que negarlo te transforma en una especie de extraterrestre recién llegado de otra galaxia: la Cámpora está armada; 6-7-8 es un programa agresivo, el síndrome de hybris, etc… Es algo que “todos sabemos” y ponerlo en duda te hace acreedor de insultos o al menos, de burlas. De todos modos creo que esa creación de realidades es universal, no local, y que nos pone en un mundo nuevo. Por eso no me refiero solamente a los medios hegemónicos del país (que también, por supuesto) sino a todo el mundo de la comunicación. La necesidad de “comprar” para ser “ciudadano del mundo” no es sólo local, aunque en esta parte del planeta tiene un nombre: Macri. Me refiero al mundo global, al mercado… a que los “pibes chorros” para poder pertenecer, para no sentirse fuera del mundo, robarán un celular o un par de zapatillas. Porque eso les da signos de pertenencia. No se puede ser si no se “tiene”. Y eso todos lo vemos en cada serie, cada película nacional o internacional. Eso lo mamamos en el minuto a minuto… sin mercado no hay vida. No somos.


Claro que uno puede decir que con ciertos modelos políticos no vamos a poder comprar, el poder adquisitivo, el salario van a caer porque lo que caracteriza a la derecha es la concentración. Si, si… muy lindo, pero “estos” te ofrecen insertarte al mundo, y no seguir aislados.


El tema – me parece – requiere mucho más para rumiar, pero creo que por acá debe ir un pensamiento nuclear para entender qué pasa, a dónde vamos (y a dónde nos llevan). Es evidente que el Dios Mercado y su fenomenal oficina de propaganda pretenderán “conservar” su poder (y acrecentarlo). La derecha es “su casa”. Y – como se ve, no me refiero a “presidentes” (que en realidad parecen más C.E.O. de empresas que gobernantes. Y el caso argentino es evidente: Macri parece un CEO de Magnetto que es quien puede decidir que un juez mediocre, obsecuente y genuflexo vaya allá, allane aquí y cajonee acá), me refiero al “poderoso caballero”, me refiero a que los medios han creado enemigos monstruosos de molinos de viento mientras ellos se refriegan las manos. Curiosamente, dos manos derechas.


Foto tomada de thewanderingstardust.blogspot.com