martes, 4 de noviembre de 2014

Comentario Dedicación Basílica de Letrán



Al encuentro de Jesús y su comunidad
La Dedicación de la basílica de San Juan de Letrán
9 de noviembre

Eduardo de la Serna


La Iglesia Católica Romana, animada por el Papa, obispo de Roma celebra hoy la “Dedicación” de la Basílica de San Juan de Letrán, la Catedral de Roma. "Dedicar” una Iglesia es consagrarla, es como una suerte de “bautismo” de la construcción. Las lecturas aluden al “Templo” y – como siempre – comentaremos los textos.


Lectura de la profecía de Ezequiel     47, 1-2. 8-9. 12

Resumen: Un ángel orienta la visión del nuevo Templo a Ezequiel mostrándole un agua cada vez más abundante que sale de los cimientos del Templo y llena de vida todo lo muerto.


Los capítulos finales de Ezequiel (40-48) son una gran visión sobre el nuevo templo de Jerusalén (es necesario recordar que el Templo había sido destruido, la gloria de Dios había mudado a Babilonia, donde Ezequiel predica insistentemente la esperanza al pueblo derrotado. El anuncio de un nuevo templo debe sin duda entenderse en ese sentido). 

Un “hombre” (= ángel) orienta la visión al profeta, que observa desde los cimientos del Templo que surge una corriente de agua, cada vez más profunda y que llega hasta el Mar muerto para sanearlo (es bueno recordar que el Mar Muerto – por lo salobre – no tiene vida en él. Aquí habrá árboles frutales y peces). La referencia, además, parece aludir al relato de la creación; quizás se destaque una nueva creación que tiene en el nuevo templo su fundamento. Habrá pescadores y redes, y también sal, y los frutos alimento y medicina; el nuevo Edén está en mente, el mar es saneado, el deserto es fértil.




Sin duda la referencia al agua es referencia a la vida nueva para su pueblo como en Ez 37 lo era el viento que daba vida a los huesos secos. La tierra seca, el mar muerto, los seres humanos hambrientos o enfermos encuentran vida paradisíaca en el agua que surge del nuevo Templo.




Lectura de la primera carta de san Pablo a los cristianos de Corinto     3, 9c-11. 16-17

Resumen: Pablo empieza a concluir su discurso sobre la verdadera sabiduría que nace en la cruz y la debilidad. Y cuando es fundada sobre Cristo y la cruz la verdadera sabiduría es constructiva y nos conduce a Dios; esa es la edificación que tiene los cimientos puestos en Cristo.

En el contexto de la confrontación por los diferentes partidos (de Pablo, de Apolo, de Cefas, de Cristo), luego de presentar el contenido fundamental de la predicación (Jesucristo crucificado), Pablo presenta los diferentes ministerios, centrados especialmente en él y Apolo. Es probable que algunos en corinto estuvieran fascinados por la buena predicación de Apolo y la contrastaran con la floja de Pablo. Pablo está con Apolo en ese momento, y en lugar de ver ambos ministerios como complementarios algunos los han confrontado. Recurriendo a imágenes agrícolas primero, y arquitectónicas después, Pablo ve en Apolo un colaborador, y ambos colaboradores de Dios: “Pablo plantó, apolo regó, Dios da el crecimiento” (v.6), “Pablo pone el cimiento, otro construye encima” (v.10). Estando la liturgia centrada en el Templo, es la segunda metáfora la que se tendrá en cuenta. Ciertamente el cimiento puesto (como la predicación de Cristo crucificado) no puede ser otra que el mismo Cristo.

La segunda parte del texto de la carta de Pablo se encuentra comentado el domingo 7º del ciclo “A”. Repetimos lo allí dicho:

Con imágenes campesinas (plantación, v.6) y urbanas (arquitecto, v.10) Pablo habla de la comunidad como campo o construcción (v.9) “de Dios”. Continuando esta última, Pablo desarrolla una serie de metáforas (cimiento, construcción, materiales, vv.10-12). El acento está puesto en la resistencia de la obra (vv.13-14) o su falta de resistencia (v.15). En este contexto comienza a señalar que esa obra (“ustedes”) en “Santuario de Dios” (v.16) del que se espera que no sea “destruido” (v.17). 

El uso de “¿ustedes no saben?” es frecuente en la carta de modo retórico (5,6; 6,2.3.9.15.16.19; 9,13.24) y suponen una respuesta positiva: ¡sí que lo saben! (seguramente porque Pablo mismo lo ha predicado en la comunidad). El templo –por las metáforas agrícolas y arquitectónicas señaladas, y el uso del plural- se refiere en este caso a la comunidad toda (cf. 2 Cor 6,16). La importancia dada al Templo por el judaísmo de su tiempo hace que sólo los hipercríticos de Qumrán se vieran a sí mismos como verdadero templo, debido a que rechazaban de cuajo el sacerdocio de su tiempo (ellos se veían como poseedores del verdadero sacerdocio): 


“… el consejo de la comunidad será establecido en verdad como una plantación eterna, una casa santa para Israel y el fundamento del santo de los santos para Aarón, testigos verdaderos para el juicio y escogidos de la voluntad de Dios para expiar por la tierra y para devolver a los impíos su retribución. Ella será la muralla probada, la piedra angular preciosa cuyos fundamentos no vacilarán y no temblarán en su lugar. Será residencia santísima para Aarón con conocimiento eterno de la alianza de justicia y para ofrecer un olor agradable; y será una casa de perfección y verdad en Israel…” (1QS [Regla de la comunidad de Qumrán] 8,5-9)


El tema seguirá profundizándose luego en la siguiente generación cristiana (Efesios, 1 Pedro) y en 1 Cor 6,19 es utilizada en sentido individual. El templo es la morada de Dios (o también del Espíritu, en Flavio Josefo):


¡Por lo tanto, no dejes de darnos estas bendiciones, y otorgar a mis hijos aquella virtud en cual brillas! y además, humildemente te suplico que dejes bajar alguna porción de tu Espíritu y habite en este templo, para que puedas aparecer y estar con nosotros sobre la tierra... (Antigüedades 8:113-114 [oración de Salomón])


Con la imagen de la destrucción, Pablo sigue lo que había destacado en los vv. anteriores. La imagen podría traducirse “si alguno arruina el templo, Dios lo llevará a la ruina” (v.17). La comunidad debe ser “santa” (cf. 1,2), por ser templo. El uso del término “santos” (hagios) en Pablo tiene una serie de matices interesantes a tener en cuenta para el sentido habitual en los escritos judíos. Pablo con frecuencia habla de los “cristianos” (palabra que nunca utiliza) como de “los santos” (Rom 8,27; 12,13; 15,25…; 1 Cor 6,1; 16,1.15; 2 Cor 1,1; 8,4; 9,1…), hay una relación de “santificación” a partir del bautismo (1 Cor 6,11), y ser “santos” es una “vocación” (Rom 1,7; 1 Cor 1,2). Pero una vocación en el mundo en el que la comunidad vive. En medio de ella, los cristianos están llamados a ser luz para los demás pueblos, a dar testimonio de su vida a fin de “seducir” a los demás a incorporarse a la comunidad de los santos (cf. 1 Cor 7,14; Rom 15,16; 1 Tes 5,23).


 

+ Evangelio según san Juan     2, 13-22

Resumen: al comenzar el ministerio, Jesús realizará un nuevo signo. Este relacionado con el templo que es reemplazado tanto por su cuerpo como por su comunidad. Al realizar el signo surge el debate donde Jesús manifiesta la decisión de reemplazar en sí mismo todas las instituciones “de los judíos”.

En Juan el verbo “se acercaba” (6,4; 7,2; 11,55) siempre refiere a una fiesta judía, mencionada como “de los judíos”, se repite en 6,4 y 11,55 de la “Pascua” y en 7,2 de los “Tabernáculos” posiblemente para señalar una distancia ya que estas festividades están destinadas a ser reemplazadas por Jesús.

Es la primera de las tres pascuas que Juan menciona. ¿Se trata de un dato cronológico o es simbólico? Aunque sea una trasposición de un texto sinóptico puede reflejar la memoria de un viaje original. “Subió” es el verbo que se utiliza normalmente para indicar un viaje de peregrinación a Jerusalén (5,1; 7,10; 11,55; 12,20).

El Templo (hieros) alude al llamado atrio de los gentiles, al “área del templo”; el templo propiamente dicho, el edificio (naos) es mencionado en vv.19-21. Los animales se venden para ser sacrificados; pero ya no serán necesarios. Se destaca especialmente el trato a los vendedores de palomas, la ofrenda del pobre (Lv 5,7). La insistencia en la descripción de los animales y los cambistas, mencionados dos veces, parece resaltar el gesto de Jesús, que implica la abolición de todo el sistema sacrificial del Antiguo Testamento. Lo que se encuentra es ganado y ovejas (o cabras) y cambistas (el término kermatistês no vuelve a encontrarse en toda la Biblia).

Puesto que no se puede entrar en el Templo llevando armas o palos es probable que Jesús hiciera el azote con las sogas que se usaban para atar a los animales.

La casa no es “de Dios” (AT, cf. Mc 2,26), sino “de mi Padre” (como en Lc 2,49; primera vez que usa “mi Padre” en Jn) y está en juego de palabras con “casa de mercado”. Jesús se presenta como “el Hijo”, como quien tiene autoridad sobre el templo; el que inicia el “verdadero culto” (4,21).

Tres veces repite Juan “recordaron” (siempre en aoristo: 2,17.22; 12,16) y siempre los discípulos son el sujeto. La referencia al celo puede anticipar el celo por la casa de Dios que le cuesta la vida; siendo que el Salmo es citado en Hch 1,20; Rom 11,9-10; 15,3 y quizá en Jn 15,25; 19,28 el contexto del sufrimiento de Jesús es posible. 

Fiel a su estilo, donde los sinópticos hablaban de sumos sacerdotes, escribas y ancianos, Jn prefiere “los judíos”.

El imperativo “destruyan” puede ser un condicional (“si destruyen”; “supongan que ustedes destruyen”) o un imperativo irónico, como el de los profetas (Am 4,4; Is 8,9) (“sigan así y ya verán...”).

El texto “este santuario”, ¿refiere aquí al cuerpo de Jesús o al Templo judío? Mt y Mc destacan que Jesús lo edificará, Jn que lo levantará. Pero ¿es posible leerlo en este sentido? “Tres días” quizás deba entenderse como “en un breve lapso de tiempo”, no en 72 horas (cf. Os 6,2; Lc 13,32).

“Levantar” es despertar (Mt 8,25; Hch 12,7) y de aquí “despertar del sueño de la muerte” (12,1.9.17); es frecuentemente usado de la resurrección de Jesús. Pero también se puede usar de “levantar un edificio” (1 Esd 5,43; Sir 49,13; y sobre el Templo [naos] AJ XV 391; XX 228).

La referencia a los 46 años: Josefo señala que el templo se inició el año 18 de Herodes (Ant XV,11,1), así llegamos a la Pascua del 28. Y concluyó - ya muerto Herodes - bajo Albino en el 63 d.C. (Ant XX,9,7). El aoristo no indica necesariamente que el templo estuviera concluido (cf. Esd 5,16). 

“Resucitó” puede ser pasivo o intransitivo. En los textos más antiguos, -leído en pasivo- se dice (x19) que Dios resucitó a Jesús (Rom 4,25; 6,4.9; 1 Cor 15); pero Jn destaca que el poder del Padre es el de Jesús (10,17-18; cf. 2,17).

Creyeron en la escritura ¿se refiere a un pasaje concreto (¿Sal 16,10; 69,9?) o a toda la escritura en general (= en la verdad de la escritura)? (cf. 2,22; 7,38.42; 10,35; 35,18; 17,12; 19,24.28.36.37; 20,9) pero siempre, salvo aquí, y en 17,12 y 20,9 se refiere a un texto citado (aunque en 17,12 cf. 13,18 y 20,9 cf. Hch 2,27; 13,35 [Sal 16,10]; con lo que sólo 2,22 sería referencia a todo el AT). La “palabra” se refiere a la revelación que Jesús trae sobre Dios.

¿Por qué la ubica aquí Jn y no al final del ministerio de Jesús, como los Sinópticos? Si tenemos en cuenta la probabilidad de una segunda redacción del Evangelio, y la inserción tardía del relato de Lázaro, es probable que ésta causara el desplazamiento del relato del templo. Por otro lado, si Jn divide en tres pascuas el ministerio de Jesús, es interesante notar, como dijimos, que ubica en cada una de ellas escenas que en los sinópticos se encuentran en la única pascua: en la primera, la escena del templo, en la segunda la escena eucarística y en la tercera, la pasión. Probablemente Jn tuvo que recurrir a los pocos datos con que contaba y dividirlos en tres, a partir del momento que estructuró el ministerio en tres pascuas (sea o no esto más verosímil históricamente).

Hay rasgos que son propios de Jn como la presencia de bueyes y ovejas, el látigo, o las palabras de Jesús.

La cita del Sal 69,9 en v.17: es importante tener en cuenta que es uno de los Salmos más usados en favor de Jesús, y Jn pudo aducir esta referencia para interpretar la escena. La sentencia de v.16 es una alusión implícita a Zac 14,21, como la de los sinópticos alude a Isaías y a Jeremías. Por otra parte, hay muchos elementos comunes: localización en el templo, los vendedores de palomas, las mesas de los cambistas, el templo visto como “casa”. Hay muchos términos griegos idénticos como para suponer una semejanza accidental. En ese caso, sería razonable pensar en una fuente común a ambas tradiciones, que luego fueron ampliadas y adaptadas.

La actitud de “los judíos” contrasta claramente con la de “la madre” de Jesús de la unidad anterior que así se encuentran en un cierto paralelismo antitético. Ambos episodios anticipan “la hora” (2,4.21):

En Caná de Galilea
En Jerusalén
Intercambio verbal (incomprensión confiada)
Intercambio verbal (incomprensión escéptica)
los discípulos y la madre  
los “judíos”   
reemplazo de las tinajas de piedra
reemplazo del Templo
Jesús hace un signo y creyeron
¿qué signo haces para que creamos?
La madre y discípulos creen en la palabra
¿tú [acentuado] en tres días lo levantarás?
interpretación del redactor. Transición.
interpretación del redactor.
Transición.

Obviamente, Jn elige “levantaré” (y no edificar, como los sinópticos) por su intencionalidad teológica. El imperativo que usa: “destruyan” carga la responsabilidad en las autoridades judías (¿es ironía de Juan que sabe que el templo ya fue destruido cuando se compone el Evangelio?). 

Juan lo reinterpreta para que se entienda a la luz de la muerte y resurrección de Jesús. Pero mientras Mc parece aludir a dos templos diferentes (hecho / no hecho por manos), en Juan se alude al mismo templo (= Jesús).

Como en 2,11, el narrador se retira de la escena para ofrecer la interpretación de los hechos. El evangelista deja claro (v.22 y quizá también v.17) que su interpretación de la escena va más allá de lo que entendieron los testigos; el texto representa un gesto programático para Jn; más que una “purificación” (¿Sinópticos?), se trata de una “sustitución”. Los “discípulos no se comprometen con la principal reivindicación de Jesús, a saber que el hieron (Templo) de ‘los judíos’ es, de hecho, el oikos (casa) del Padre de Jesús”.

Ya en Caná habían comenzado a presentarse la sustitución de las instituciones judías y la abundancia de vino que anuncia los tiempos mesiánicos. El rechazo de Israel viene anunciado; ahora, ¿cómo interpretaron el hecho los asistentes? Si se trata de una “purificación” es fácil ubicarlo en el contexto profético. Los animales fueron introducidos por Caifás, los cambistas no son extraños ya que no consta que cobraran tasas usurarias o sobornaran a los sacerdotes. Los textos dan a entender que hubo razones para este obrar, pero estas no son explicitadas.

La tradición sinóptica parece ubicarlo en el marco de Jeremías (cf. Mt 16,14). El Dt-Zac (14,21) “ningún mercader se verá en el templo santo” (a este texto parece aludir 2,16). Mal 3,1 (que también pudo tenerse en cuenta) la intervención de Dios sigue a un cuestionamiento al sacerdocio levítico. Is 56,7 proclama el ideal profético del templo purificado. Siendo Jesús un profeta era absolutamente comprensible en ese sentido. Cf también Ag 2,7-9; Mi 3,12; Sir 36,13-14. Según el Talmud (Gitt 56ª; Midr Rabba sobre Lam 1,5,31 Rabí Sadok empezó a ayunar en el año 30 para prevenir la destrucción de Jerusalén, lo que indica que ya era algo previsible:


“R. Sadok observó los ayunos durante cuarenta años para que Jerusalén no pudiera ser destruida, [y él se volvió tan delgado que] cuando comió algo la comida podría verse [como atravesaba su garganta.] Cuando quiso restaurarse, ellos le traían un higo, y él chupaba el jugo y tiraba el resto”.


Otro Jesús lo advertiría:


 “...Un cierto Jesús hijo de Anán, hombre plebeyo y rústico, cuatro años antes de la guerra, estando la ciudad en paz y con gran abundancia de todo, fue a la fiesta de los Tabernáculos, en la cual es costumbre levantar tiendas en honor de Dios, y súbitamente se puso a gritar dentro del Templo: ¡Voz del oriente, voz del occidente, voz de los cuatro vientos, voz contra Jerusalén y el Templo, voz contra los recién casados y las recién casadas, voz contra todo el pueblo! (...) Desollado hasta los huesos a latigazos, no rogó ni derramó una lágrima; a cada golpe respondía, con la voz más lastimera que podía: - ¡Ay, ay de Jerusalén! (...) Pero diariamente, como si repitiera una oración aprendida, decía - ¡Ay, ay de Jerusalén! (...) Su clamor era mayor durante las festividades. Así continuó, con su frase, durante siete años y cinco meses, sin enronquecer ni cansarse, hasta que en la época del asedio, al confirmarse sus augurios, calló. Pues mientras recorría las murallas, gritaba con voz aguda: - ¡Ay, ay otra vez de la ciudad, ay del pueblo, ay del Templo! (...) (Flavio Josefo, Guerra judía VI, 5,3)


La pregunta es si Jesús pretende purificarlo o suprimirlo. La expulsión de los animales parece sugerir esta última posibilidad (particularmente en el relato joánico, como se ha dicho). Mt 9,13; 12,17 parece reflejar una actitud cristiana posterior, ya que los cristianos primitivos participaban del templo. Es perfectamente posible que Jn – que muestra una profunda distancia del templo – haya ahondado la oposición.

La segunda parte (vv.18-22) sobre la destrucción y reedificación es posible que se haya entendido como la reedificación mesiánica del templo. Hemos visto que podían haber estado separadas por lo que “purificación” y “reconstrucción” pueden ser simplemente yuxtapuestos aquí. Ellos están destruyendo el templo (recordar la posible lectura irónica: “sigan así...”), Jesús afirma que lo reconstruirá por el templo mesiánico. Si hay trasfondo en el AT para la purificación, también lo hay para la reedificación: Ez 40-46 lo describe detalladamente. Tob 13,10; 14,5 habla de la reconstrucción. Lo mismo en Qumrán: 5Q15 (“la nueva Jerusalén”) describe el templo ideal. El templo herodiano fue destruido, pero la esperanza en su reconstrucción perduró, como se ve en la 14ª de las 18 Bendiciones:


“Apiádate, Yahvé, nuestro Dios, (en tu grande, grande compasión de Israel, tu pueblo y...) de Jerusalén, tu ciudad, y de Sión, la morada de tu gloria, (y de tu templo y tu morada) [y del reino de la casa de David, el Mesías de tu justicia]. Bendito seas, Yahvé, Dios de David, que edificas Jerusalén”



Probablemente, v.19 haya sido originalmente una proclamación mesiánica referida al templo, y comprensible para quienes conocen el AT. Luego de la resurrección se interpretó en clave “cuerpo de Jesús”.

Los “tres días” son ciertamente añadidos por el evangelista para facilitar la interpretación post-pascual. Pero las otras referencias a los “tres días”, sin intención pascual parecen preferir – como hemos señalado – una interpretación de los “tres días” como “un breve tiempo” (así Ex 19,11; Os 6,2; Lc 13,32) insinuando un carácter milagroso. La respuesta de los judíos deja entender claramente que lo entendieron como referido al templo de Jerusalén. Los sinópticos parecen entenderlo como referido a la reedificación mesiánica: a continuación de esta referencia viene la pregunta: “¿eres el mesías?” (Mc 14,61). Con esto podemos suponer que a nivel histórico el tema es comprensible a la luz de las ideas que prevalecían en el tiempo.

Pero se debe tener en cuenta la referencia a los signos:

El término hebreo signo (’ot) lo encontramos 79 veces en el AT de las que 75 veces LXX lo traduce por sêmeion (el término usado por Juan). Las veces que lo encontramos en la Tora (x39) y los profetas “mayores” (x19) en todos los casos alude a algo visible por todos que – en todos los casos – alude a una verdad sobre Dios.  Hay un mensaje para quienes ven el signo, una ‘palabra de Dios’. Del mismo modo, en Jn alude a algo que tiene que ver con la naturaleza o el status de Jesús. El hecho puede ser visto por miles de personas, pero no todos perciben el signo que encierra (6, 26.30.36; 9,16; 11,47; 12,37), por eso provoca reacciones de conflicto (7,40-44; 9,16; 10,19-21; 11,45-46). Es el punto de partida de la aceptación, del reconocimiento de que algo no observable “naturalmente” está ocurriendo.

¿En qué medida es un signo el cuerpo de Jesús como Templo?

Se debe recordar que en la tradición paulina la comunidad cristiana es vista como Templo del Espíritu Santo (Rom 12,4-5; 1 Cor 12,12-30; Ef 1,23, cf. 4,12-13.15-16; 5,23; Col 1,18.24) por lo que no debe sorprender que pudiera comprenderse que levantar en tres días su cuerpo se entendiera como levantar su Iglesia (Bernabé, Ireneo, Clemente de Alejandría, Orígenes, Agustín). El evangelista le da a Jesús la ocasión de dar un signo. Si como consecuencia de sus acciones el templo es destruido un nuevo templo se levantará rápidamente, lo que es evidencia de su poder. La Iglesia es un signo para los judíos; el evangelista los invita a leer la historia: la misma construcción del templo no fue universalmente aceptada (2 Sam 7,5-7; 1 Re 8,27), y eso no cesó (Jer 35,1-11; Is 66,1). Lo mismo ocurrió en las comunidades cristianas como es el caso de Esteban (Hch 7,48-49), o el caso de la comunidad de Qumrán (1QM 2,1-6) aunque estos eran una minoría; para la mayoría de los judíos el culto del templo era central para su fe. Después de la destrucción de Jerusalén, 2 Bar 31,4-5; 32,2-4 y 4 Esd 10,21-23. 44-59 esperaban una pronta reconstrucción. El Templo es el espacio entre el cielo y la tierra.

El Evangelio de Juan es compuesto cuando la ciudad y el templo están en ruinas. Como judío se pregunta por el plan de Dios, como seguidor de Jesús, ejemplo de judío (3,2), lleno de “gracia y verdad” (1,14.18) ve la Iglesia cristiana como la que lleva la fe de Abraham a un nuevo mundo; ¿esto no es un signo (cf. Is 45)?, ¿un dato de la historia para interpretar?, ¿un acontecimiento a la vista de todos, pero no naturalmente observable, como punto de partida para la reflexión creyente?

Las palabras de la Escritura (v.17) explican la purificación del templo; probablemente dando a entender que fue comprendido a la luz del Sal 69,9. Es probable que Jesús mismo interpretara acciones suyas como “cumplimiento”, pero Jn insiste que recién fue comprendido después de la resurrección. El AT da la clave de interpretación.
Veamos los dos vv. del Sal (LXX):


“Me he convertido en extraño para mis hermanos, y en extranjero para los hijos de mi madre. Porque el celo por tu casa me ha consumido, y las afrentas de los que te afrentan han caído sobre mí.”

 
Lo habitual es que los lectores entiendan todo el contexto del Salmo; el alejamiento con respecto a los hermanos puede ser significativo en relación a Jn 2,12: se irán distanciando cada vez más a causa de su incredulidad.

Al pasar a futuro el v.9 Jn lo transforma en profecía; “consumir” -especialmente en el contexto muerte-resurrección interpreta la acción como aquella que conducirá a Jesús a la muerte (con lo que, aunque el desplazamiento lo presente al comienzo del ministerio, la alusión a que este acontecimiento tiene que ver con la muerte de Jesús prepara la sentencia de la resurrección).

La lectura es diferente de la de Mc: “no hecho por manos” ciertamente lo ubica (cf. Heb 9,11) en un marco espiritual. En el cristianismo primitivo tenemos tres referencias al templo espiritual:

a. la Iglesia: cf. Ef 2,19-21; 1 Pe 2,5; 4,17 (cf. 1QS 5,5-6: 8,7-10; 1QH 6,25-28);
b. cada cristiano: cf. 1 Cor 3,16; 6,19; IgnFilad 7,2; 2 Clem 9,3 (2 Cor 6,16 enlaza ambas ideas)


“Pero el Espíritu me hizo un anuncio, diciendo lo que sigue: no hagan nada sin el obispo; guarden sus cuerpos como los templos de Dios; la unidad de amor; eviten las divisiones; sean seguidores de Pablo, y así como del resto de los apóstoles, que ellos lo eran también de Cristo”. (Ignacio de Antioquia, carta a los Filadelfios 7,2);

c. está en los cielos: tradición apocalíptica: 2 Bar 4,5; cf. Ap 9,19; Heb 9,11-12.

El texto de Heb es importante para entender a Mc:


“Pero cuando Cristo apareció como sumo sacerdote de los bienes futuros, a través de un mayor y más perfecto tabernáculo, no hecho con manos, es decir, no de esta creación, y no por medio de la sangre de machos cabríos y de becerros, sino por medio de su propia sangre, entró al Lugar Santísimo una vez para siempre, habiendo obtenido redención eterna.” (Heb 9:11-12)


Pero el tabernáculo no es en este caso la humanidad de Cristo (Agustín, Calvino) ya que está en el cielo.

En Jn es clara la insistencia en Jesús resucitado como templo (cf. Ap 21,22; Jn 1,14). La interpretación de Jesús como templo no parece extraña (cf. Mt 12,6: “Pues les digo que algo mayor que el templo está aquí”); Jesús es la realidad profunda de todos los importantes signos religiosos de Israel. Es la adoración nueva y distinta; una señal que apela al futuro, la comunidad escatológica, una “casa de oración”

Finalmente, es interesante el paralelo con Mt 12,38-40: en ambos casos las autoridades piden un signo; en Mt la referencia es a Jonás, en Jn a la destrucción-reedificación del templo, pero en cada caso se alude a la resurrección al tercer día (Mt 12,40 [con 16,4] y Lc 11,29-30).




domingo, 2 de noviembre de 2014

Libro sobre Pancho Soares



A propósito de un libro sobre Pancho Soares


Eduardo de la Serna



Como de tantos y tantas que, sin embargo, recordamos al hacer memoria, de Pancho Soares sabía poco. Sabía que había sido asesinado poco antes de empezar el genocidio de la dictadura cívico-militar, sabía que era cura en la zona de Tigre, más precisamente Carupá, y poco más.

Hace tiempo conocí y compartimos muchas cosas con Miguel Calvo, que fuera párroco en la parroquia donde Pancho había estado, y actualmente es párroco mi amigo Jorge, con lo cual más o menos, algo sabía y no me era indiferente. Sabía también que Jorge habló con León Gieco sobre los 40 años de su asesinato que se cumplirán el 13 de febrero de 2016 a lo que León le dijo: “¡tenemos que hacer algo!” 

Cuando hace pocos días Jorge me dijo que se presentaría un libro sobre Pancho, con dudas, lo reconozco, fuimos. El libro fue presentado por los obispos Jorge Casaretto, emérito de San Isidro y Oscar Ojea, actual titular de la diócesis. Luego habló el autor, el pbro. Pedro Oeyen. No comentaré esta presentación. No lo merece. Hasta creo que Pancho no la merecía. Pero quisiera destacar algunas cosas que me llaman la atención del libro.

Este se titula «Sangre en la Iglesia. Vida y muerte de Pancho Soares, cura obrero», editorial PPC, Buenos Aires, octubre de 2014, 336 pags. Pertenece a la colección “Actualidad” de la que – se dijo – es el primer libro, se supone de futuros intentos. Intenta estar bien documentado, reconociendo – en ocasiones –que faltan materiales, textos, grabaciones, en algunos casos que hubieran sido indispensables para una mejor comprensión, pero, sencillamente, no se tienen (y en muchos casos, los motivos huelgan), como es el caso de la homilía en el responso de los obreros Héctor Echeverría. Luis Cabrera, delegados gremiales de astilleros de Tigre, y Rosa María Casariego, esposa de este último pronunciada ¡3 días antes del asesinato de Pancho!

El libro está articulado en 4 grandes partes: su infancia, juventud y vida en la congregación de los asuncionistas (págs. 9 – 129), su ingreso a la diócesis de San Isidro hasta el cierre de la fábrica de cerámicas (Comunidad Juan XXIII) donde trabajaba (págs. 133 – 221), el apartado titulado “Tiempos de violencia y muerte”, extrañamente comenzado por un capítulo sobre el Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo (págs. 225 – 294) y las repercusiones de su vida y muerte (págs. 297 – 334). Como es razonable, los diferentes momentos son ubicados en su contexto histórico (al que el obispo Casaretto en la presentación del libro calificó de “objetivo”, ya que “así fueron las cosas”). 

Sin hacer referencia a algunos detalles (hay errores de redacción en varias ocasiones que un corrector editorial hubiera podido subsanar), hay repeticiones de ideas o textos, y hasta algunos saltos cronológicos o temáticos que confunden, y hasta algún error; teniendo esto en cuenta, me permito algunos comentarios a la etapa de cura diocesano de Pancho Soares y el comentario del autor:

1.- Constantemente, y hasta en ocasiones y circunstancias innecesarias se insiste en que Pancho Soares “no fue guerrillero”, que no optó “por la violencia”, tanto que se puede dudar si el autor no quiere convencerse a sí mismo, o si piensa en destinatarios para los que “si lo mataron, en algo andaría”.

2.- Llama la atención que en las frecuentes crisis de Pancho en relación a sus superiores, tanto asuncionistas como el obispo, está totalmente ausente cualquier mirada crítica a las autoridades por parte del autor. Todas las crisis parecen tener en Pancho la responsabilidad, incluso en ocasiones de modo duro [“terminó echándole la culpa de todo a sus superiores (tentación frecuente en los religiosos cuando sus proyectos no se realizan)” (p.103); “esta carta y la anterior muestran un estado de ánimo muy alterado” (p.123); en su relación con el obispo “el P. Soares cometió varios errores” (p.157); “incoherente” (p.190)].

3.- Las relaciones del obispo de San Isidro con los curas obreros es presentada casi como una caricatura (del mismo modo que toda referencia al marxismo, que parece nutrida de pobres estereotipos). En el análisis de las tensiones se hacen comentarios cuando hay “faltas” de los curas obreros, pero nada se comenta al citar textos del obispo, siendo que en muchas ocasiones lo ameritarían. Incluso cuando hay conflictos con “buenos sacerdotes” se señala que eso fue frecuente también en otras diócesis (p.184). 

4.- Ciertas actitudes de algunos son calificadas de “contestatarias” y movidas por “ideologías”, como si hubiera alguien sin “ideología” (p.185). Las referencias a la actitud de la Iglesia sobre la “violencia” deben enmarcarse en lo dicho antes, sobre que no estaba en la guerrilla, y – además – comentada o señalada con pobreza y no exactitud (como se ve en la contradicción entre lo que afirma sobre Populorum Progressio y la violencia en p.207 que se contraría en p.237).

5.- El texto en general parece fácilmente enmarcado en la llamada “teoría de los dos demonios”, como se ve ya desde su comentario al post-concilio y el contraste entre Lefebvre y aquellos que ponen el marxismo por sobre el Evangelio (sic, p.205). Parece estar motivado por una preocupación por lo que ciertos sectores califican de “horizontalismo” ya que al hablar de Medellín y la liberación, con el clásico “pero” alude a los que la limitan a lo socioeconómico o los que “derivaron en la lucha armada” (p.209); algo semejante ocurre al hablar de “San Miguel” (documento de la Conferencia Episcopal Argentina que busco la aplicación de los documentos de Medellín, 1969) diciendo que la polémica sobre el sentido de “… ‘pueblo’ esterilizó su potencial” (p.211) especialmente porque los radicalizados llamaban “pueblo” a un sector (los pobres, los peronistas o los revolucionarios) mientras el resto era “antipueblo” (p.212). Otro ejemplo de su “dualismo” es la comparación sobre la obra de Gustavo Gutiérrez (mal citado el título) destacando los “errores iniciales” luego corregidos, y citando a continuación la obra de Carlos Sacheri, representante del ala más recalcitrante del catolicismo ultraconservador (p.232). En p.261 afirma que “La proclamada violencia revolucionaria no había generado la liberación sino sólo una violencia mayor” (el “Proceso”).

6.- Como se dijo, sorprendentemente después de hablar de Medellín (cap.25) y de San Miguel (cap. 26) con el paréntesis del cierre de la fábrica (cap. 27) pasa a hablar del Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo, pero esto ya en el tercer bloque, el referido a la violencia. La referencia al MSTM es realmente muy pobre, mal informada, con errores importantes, distorsionada y – por momentos – tendenciosa. “Es necesario aclarar (¿por qué? ¿Para quién?) que, al menos en un comienzo (sic), en la mayor parte de los casos no se trataba de una opción política sino de responder a lo que Dios y la Iglesia pedían” (p.227). Señala que no hay documentos que prueben fehacientemente el contacto de Pancho con el MSTM o con algunos de sus miembros aunque “es probable” que los haya mantenido “al menos por un tiempo” (¿?) (p.239).

7.- Al análisis del peronismo (1973-1976) es de una pobreza preocupante, con notables imprecisiones, como también lo es el asesinato de Carlos Mugica. Por ejemplo es muy infeliz la frase que “luego de la muerte de Perón, el 1º de julio de 1974, sobrevino un período de inestabilidad y el 24 de marzo de 1976, el comienzo del llamado Proceso de reorganización nacional dio piedra libre al exilio de los que quedaban con vida (sic)” (p.236); o su análisis de la Juventud Peronista (p.244), o de la “masacre de Ezeiza” (p.259). La pobreza del análisis en este punto, y al hablar de las guerrillas (pp.249-255. 257; sus referencias al ERP son realmente sorprendentes, p.e. cf. p.253 y 260), lo llevan al miedo que hemos destacado de insistir temerosamente en que rechazaba la violencia y que “quien afirme lo contrario no lo conoció, está mal informado o pretende intencionadamente torcer su pensamiento” (p.247). En este lugar comente un importante error histórico al referir al P. Alberto Carbone y luego a Carlos Mugica con una sorprendente pobreza, desconocimiento (que le había sido advertido al autor) (pp.254-255).

8.- El cap. 33 se titula “El cura montonero” (pp.263-268) y se dedica a Jorge Adur, asuncionista como Pancho lo había sido. No se entiende este punto si no es en el intento de contrastarlos. Señala que entre los que participaban de los grupos de Adur hubo “muertos y desaparecidos” (p.265) pero en p. 326 lo mismo se afirma de gente – no mencionada – de la capilla de Carupá. El análisis debería ser bastante más serio y profundo (y bastante más “desideologizado”, si se quiere): por ejemplo, afirma que Adur pertenecía a Montoneros desde 1968 (p.267) luego de haber señalado que estos nacieron en 1970 (p.253). Pero ese temor constante del autor se manifiesta claramente al señalar que Pancho celebró el responso y predicó a causa de la muerte de los dos delegados sindicales de los astilleros de Tigre y afirma que “su sola presencia allí ya era peligrosa, pues podían pensar que se identificaba ideológicamente (sic) con los muertos” (p.282). La referencia a que “Titi” y “Huesito”, sobrenombres de los dirigentes gremiales asesinados eran sus “nombres de guerra” (p.303) parece ignorante, o tendencioso. Nada parece indicarlo.

9.- Que su cuerpo haya sido sepultado y luego, por falta de pago, llevado a osario general (luego cremado en el CEAMSE) desmiente que “la Iglesia Católica” haya sido la “única” que rescató la memoria de Pancho (p.313). Ninguna organización “guerrillera” lo reivindicó (sic) (p.297); la referencia de Casaretto al “perdón” como justificativo de la falta de investigación de los autores y responsables del crimen (p. 301. 313) es realmente muy pobre. Y “justificativo” de que la jerarquía eclesial se desentendió de la muerte y de la justicia por el asesinato de Pancho Soares. Si se destaca que el p. Anibal Filippini reza todos los días “para que no se pierda la memoria de Pancho” y que ve este libro como una respuesta a sus oraciones (p.324), es indicio evidente que la Iglesia Católica (jerárquica) se desentendió precisamente de la memoria de Pancho.

10.- Es llamativa la insistencia en hablar de cuando “murió” o a lo sumo de “muerte trágica” siendo muy pocas las veces que se habla de “asesinato” y ¡¡¡nunca!!! de martirio (la palabra, que aparece solamente 4 veces en el libro, si no he contado mal, nunca aparece en labios del autor [pp. 320.322.330.331]). Es evidente que llamarlo “mártir” es un desafío; es reconocerlo como una “palabra de Dios” para nuestro tiempo. Tampoco fue pronunciada ni una sola vez en la mencionada presentación del libro. Es que si Dios nos habló y habla en la vida y martirio de Pancho, su testimonio es a su vez denuncia de nuestras mediocridades, cobardías, silencios, complicidades… “el justo muerto denuncia a los injustos vivos”, afirma Sabiduría (repetido en p.317). A lo mejor el temor que se sospecha sea verdad: lo mataron porque en algo andaba: andaba en Evangelio, en Reino, en pueblo. Demasiado para los violentos. Demasiado para los mediocres. 

Y a pesar de todo lo que podemos criticar de este libro, Pancho emerge, Pancho resucita y Pancho nos sigue diciendo, de parte de Dios, una palabra.