domingo, 24 de marzo de 2013

Prólogo del libro "Iglesia y Dictadura" de Emilio F., Mignone

Prólogo del libro "Iglesia y dictadura" de Emilio F. Mignone

Eduardo de la Serna
Tapa del libro "Iglesia y Dictadura" (edic. 2006)
Pasaron 20 años de la publicación inicial de Iglesia y Dictadura. Un auténtico clásico que expone con crudeza y realidad "el papel de la Iglesia a la luz de sus relaciones con el régimen militar". Muchas cosas, y muchas personas han cambiado, pero no cambió la actualidad del Libro. Algunas cosas no ocurrieron finalmente tal como Emilio Mignone las deseaba (por ejemplo, la reforma constitucional); otras, confirmaron sus análisis e intuiciones (como es el caso de las relaciones de la Iglesia y el menemismo, que fue lo más semejante ideológicamente a la dictadura militar que hemos vivido: en el discurso, en lo económico, en las relaciones internacionales, en la negación del análisis del pasado...); otras cosas hubieran merecido su incorporación de su análisis, como en el caso de las infames leyes de Obediencia Debida, Punto Final, o los Indultos; pero -precisamente- su posterior anulación y declaración de nulidad por la Suprema Corte de Justicia, y el rol jugado por el CELS en la misma, no permitieron olvidar a Emilio Mignone.

Conocí a Emilio por Mirta Guarino, que anteriormente había colaborado con él en el CELS, y luego participó de Abuelas de Plaza de Mayo. Ella trabajaba en la Comisión Nacional de Evaluación y Acreditación Universitaria (CONEAU), de la que Emilio era presidente. Él se mostró interesado en dos o tres comentarios y sugerencias no muy importantes que tenía sobre el libro y combinamos un encuentro que debimos suspender y ya no pudimos retomar por el agravamiento de su salud.

 


Actualidad de Iglesia y Dictadura



Creo -como dije- que a esta altura de nuestra historia, Iglesia y Dictadura es ya "un clásico". Un clásico que -por lo tanto- no se debe retocar, sino que abre caminos para que otros los transiten a su vez. Es cierto que Mignone no sólo analiza el pasado (1976-1983), sino que lo reflexiona a la luz de su presente (1986), presente que hoy ha cambiado; pero veamos brevemente algunas pocas "actualizaciones" que confirman, no sólo la claridad del análisis de esta obra, sino también su perdurabilidad y actualidad.

Al hablar del clero castrense (cap. 1) Mignone se plantea una serie de interrogantes y plantea la necesidad de su supresión. Durante la gran crisis de fines de 2001 y 2002, el papel del Obispo Castrense, mons. Baseotto y su comentario de que en el Gran Buenos Aires estaban actuando las FARC colombianas, confirmó las peores suposiciones de Mignone. Su pésima lectura bíblica del texto de la piedra de molino y el mar, y su peor aplicación al ministro de salud permitió revivir el horror y confirmar que el clero castrense "volvería a hacer lo mismo". Y las acusaciones de entrega de niños en su paso por el obispado de Añatuya serían -de confirmarse- un trágico dejà vù (ver nuestra opinión en www.curasopp.com.ar).

Mignone se preocupa ante la eventualidad de seminaristas formados en un Seminario en Campo de Mayo, pero no podía preveer que su formación la realizan en el Seminario de La Plata, diócesis de Héctor Aguer, que no era obispo en tiempos de la dictadura. Finalmente, un nuevo elemento en favor de la eliminación del obispado castrense es -también posterior a Iglesia y Dictadura- la supresión del servicio militar obligatorio, donde podría tener cierto sentido o razón de ser. Tendría cierta lógica que hubiera muchos pastores (de diferentes confesiones, por cierto) que puedan acompañar a los jóvenes y -de ese modo- proponer que prácticamente toda la población reciba el anuncio y la profundización de su fe. Pero sin este contingente de recambio anual, ¿cuál es el sentido de un gran grupo del clero dedicado a una profesión?

Al analizar actualmente el episcopado católico (cap. 2), no podemos menos que recordar un texto de T. W. Adorno: "La pregunta ‘¿qué significa elaborar el pasado?’ necesita una aclaración. Parte de una expresión que, como lema, se ha vuelto muy sospechosa en los últimos años. En este uso lingüístico, elaboración del pasado, no quiere decir que se reelabore seriamente lo pasado, que se rompa con clara conciencia su hechizo. Más bien se le quiere poner un punto final y, si es posible, hasta borrarlo del recuerdo. El gesto de olvidar y perdonarlo todo, que correspondería a quienes han sufrido una injusticia, es practicado en cambio por los partidarios de quienes la cometieron". No fueron pocas las voces episcopales que en nombre de la reconciliación nacional pretendieron, recientemente, no insistir en el pasado, particularmente frente a la propuesta de un importante "Museo de la memoria". Viendo tanta complicidad, o tanta cercanía con los victimarios como muestra Emilio Mignone, no resulta sensato que sean los obispos quienes reclamen "reconciliación" y pretendan no "mirar atrás", y parece que harían bien en callar; precisamente para que la reconciliación pueda ser -eventualmente, si las víctimas gratuitamente lo ofrecen- una posibilidad.

Como otro ejemplo de la cercanía de los obispos más con el régimen militar que con el Concilio Vaticano II, recuerdo que ante la ley de obediencia debida, y ante el pedido de muchos de que se proclame su ilegitimidad, el cardenal Aramburu afirmó públicamente que eso era "materia opinable" a pesar que expresamente el Concilio afirmaba hablando de los derechos humanos: "Los actos pues, que se oponen deliberadamente a tales principios y las órdenes que mandan tales actos, son criminales, y la obediencia ciega no puede excusar a quienes las acatan" (Gaudium et Spes 79).

El cap. 3 hace referencia a los nuncios. El caso Pio Laghi es evidentemente complejo, y a él alude la novela Eminencia, de Morris West; también otros hicieron referencia a su paso por la nunciatura en Buenos Aires. Puedo señalar que ni mons. Novak ni Enzo Giustozzi creían en su culpabilidad, aunque eso no lo exculpa de los partidos de tenis con Massera; siempre creí que la "diplomacia" es una traición al Evangelio, ya que si Jesús hubiera sido diplomático habría muerto de viejo. Personalmente coincido que las nunciaturas deberían desaparecer, especialmente porque no entiendo que el sucesor de Pedro sea un "jefe de Estado"; porque la participación del nuncio Calabresi durante la década infame del menemismo fue patética; y porque creo que las conferencias episcopales tendrían mucha más autoridad para el nombramiento de obispos (y sería una más auténtica expresión de descentralización). Un caso totalmente paradigmático fue la enemistad manifiesta del nuncio Prigione (curiosamente tal es su apellido) con el gran obispo de San Cristóbal de las Casas (Chiapas), Samuel Ruiz, al cual incluso escribió pidiéndole que renunciara, al cual le nombró un coadjutor (con derecho a sucesión; derecho luego conculcado) y al cual presentó ante el Vaticano como "marxista"; cuentan en México que en su entrevista con Juan Pablo II, este le dijo a don Samuel: "no hace falta ser marxista para optar por los pobres".

Es verdad que Pio Laghi ayudó a muchos a salir del país, pero también es cierto que otros también lo hicieron y sin embargo fueron clara expresión de lo que Emilio Mignone señala críticamente en este libro. Tengo ante mí una carta de A. Moure, obispo de Comodoro Rivadavia escrita a un obispo alemán el 9 de agosto de 1977 que es verdaderamente aberrante, con acusaciones a Amnesty Internacional, y lamentando que ayuden económicamente a la "concubina" de un detenido (afirmando además que ese dinero debe canalizarse a través del cardenal Primatesta) y no a las "viudas de incontables servidores del orden asesinados a traición", y -finalmente, como es clásico- aludiendo a la campaña anti-argentina de Amnesty en el exterior... Señalo esto, porque Moure es un obispo al que Mignone no alude en el libro y además, porque esto es coherente con lo ocurrido en aquel tiempo a mons. Jorge Novak que había conseguido de instituciones católicas alemanas ayuda económica para los familiares de desaparecidos de Quilmes, lo cual fue boicoteado por la Conferencia Episcopal, entonces presidida por Primatesta. Ayudar a gente a salir del país ciertamente fue positivo, pero también Graselli ayudó a gente a salir del país (cap. 1; ver también El Silencio, de Horacio Verbitsky). Personalmente creo que es mucho más que eso lo que debería pedirse de los pastores de la Iglesia de Jesús. Pio Laghi afirma que sintió miedo... en ese caso deberíamos recordar que en el Evangelio de Lucas, Jesús, después de decir que el que quiera ser discípulo debe estar dispuesto a dejar todo, añade que antes debe pensarlo bien, para no empezar algo y dejarlo por la mitad (Lucas 14,28-32). Ser pastor es tener la decisión de dar la vida. Como dije, no parece necesario que las nunciaturas existan; pero lo que no se comprende es -si debieran- por qué su titular debe ser un obispo y no un laico (o una laica).

Otro elemento señalado (cap. 3), es que a veces los obispos argentinos desmentían con sus "autorizadas" palabras lo que el Papa había dicho. Debemos reconocer que también esto lo hemos vivido en la etapa del menemismo, cuando Juan Pablo II hacía algunas alusiones a la situación argentina que después su vocero, algún cardenal o algún laico de estrechos contactos curiales se ocupaba de desdecir, o de matizar.

Sobre la presentación de algunos personajes eclesiásticos (caps. 4, 6 y 8), después de Iglesia y Dictadura han sido publicados numerosos trabajos, fílmicos o escritos, sobre la Institución eclesiástica en general, o sobre algunos miembros en particular, como por ejemplo sobre el Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo (entre los que no podemos dejar de reconocer el excelente video "Padres Nuestros" de la agrupación H.I.J.O.S.), o sobre Jorge Novak, Jaime de Nevares, los padres palotinos, etc. También en esto Mignone fue precursor. Queremos simplemente señalar algunos: en El Silencio, Horacio Verbitsky ha profundizado lo presentado brevemente por Mignone sobre Jorge Bergoglio, hoy cardenal Arzobispo de Buenos Aires y sobre Emilio Graselli; en La Santa Madre, Olga Wornat se ha detenido en los caso del sobrino de mons. Plaza y sobre Pio Laghi, Hernán Brienza ha escrito sobre Christian von Wernick, también encontramos importantes trabajos sobre Angelelli, Mugica y los padres palotinos, o sobre los trabajos pastorales en las villas miseria. Iglesia y Dictadura marcó el sendero que otros han seguido, por eso se ha transformado ya en un clásico y celebramos esta nueva edición para que las nuevas generaciones puedan profundizar el indispensable camino de la memoria.

En el cap. 4 Mignone analiza la poca capacidad de disenso en el episcopado, y señala una breve alusión a las "Iglesias del Nuevo Testamento". Sobre este tema no nos vamos a extender, pero quisiera simplemente señalar que la importancia bíblica de la diversidad es mucho más amplia de lo que Mignone dice. Si hubiera conocido libros como el ya clásico Las Iglesias que los apóstoles nos dejaron, de R. Brown hubiera tenido muchos más elementos para confirmar su opinión: no hay una eclesiología en el Nuevo Testamento, sino muchas, y -por lo tanto- sería contrario a las enseñanzas de la Biblia pretender reducir todo a una sola concepción. Menos aún cuando esta pretende ser impuesta por quienes, como el mismo Mignone afirma, "pareciera que la lectura no se cuenta entre sus hábitos" (cap. 6).

Sobre la importancia que el condicionamiento económico tiene en el "maridaje" Iglesia - Estado (cap. 5) simplemente quiero recordar una breve anécdota: es sabido que a Jorge Novak lo nombraron obispo de Quilmes precisamente por su posición conservadora. Sin embargo, su enorme capacidad de escucha, especialmente el dolor de tantas familias, lo hicieron cambiar de actitud; Novak era doctor en Historia de la Iglesia y conocía bien el ejemplo de San Ambrosio narrado por Mignone (cap. 2). Precisamente, con frecuencia contaba que antes de asumir -por tanto, antes de su "conversión"- fue llamado por el gobernador militar de la provincia de Buenos Aires con la intención de "ayudarlo" en la compra de una casa para el funcionamiento de la diócesis. Él fue al encuentro, pero se había formulado la siguiente convicción: "que la plata en el bolsillo no signifique un candado en la boca". El tiempo demostró que lo había logrado.

 


¿Cambió la Iglesia en Argentina?

La Iglesia en Argentina, entendida ésta como jerarquía, no se ha caracterizado por su apertura de criterios, o su compromiso con el mundo de los pobres. Se dice irónicamente, que junto con los episcopados mexicano y colombiano, "pelean" por el podio de "Episcopado más conservador de América Latina". Algunos medios de comunicación pretenden que en los últimos tiempos el Episcopado Argentino fue "conservador en lo teológico, pero abierto en lo social"; y se afirma que eso es semejante a la impronta marcada en la Iglesia por Juan Pablo II. Y señalan esto como positivo. En este sentido, se recuerda, la jerarquía ya no es la de tiempos de la dictadura, por lo que no entiende -se dice- la crítica que surge desde la política de Derechos Humanos del presidente Kirchner, o se ve simplemente como destemplada alguna voz episcopal -aislada, siempre según se dice- que recuerda (¿inconscientemente?) los vuelos de la muerte. Incluso se enfatiza que el Episcopado realizó un pedido de perdón público, cosa que pocos sectores de la sociedad realizaron a su vez.

No es este el lugar de analizar la actual conformación del Episcopado argentino, pero teniendo presente que -aunque con matices- nunca se ha abandonado del todo la teoría de los dos demonios; que nunca se ha enfatizado debidamente la responsabilidad del poder económico en el golpe de 1976 y su política genocida; que el "pedido de perdón" nunca parece haber pasado de lo meramente formal; que aunque es cierto que se habla más de los pobres, y parece haber mayor sensibilidad, nunca se hace visible una "Iglesia de los pobres"; por todo esto, una nueva edición del ya clásico Iglesia y dictadura se vuelve importante. No creemos que haya habido un cambio "sustancial" en la Iglesia jerárquica argentina más allá de ciertos nombres.

En el entierro de Emilio Mignone, Antonio Cafiero recordaba el pasado de ambos en la Acción Católica y se preguntaba retóricamente qué había causado que de pronto se transformara en un incansable luchador por los Derechos Humanos. Todos sabíamos que se refería a Mónica. En el velorio, el obispo auxiliar de Quilmes, Gerardo Farrell, en nombre propio y en nombre de Jorge Novak dijo que "a este hombre, la Iglesia argentina le debe pedir perdón. Porque tenía razón". Y eso personalmente lo repetimos nosotros en la celebración eucarística previa al entierro. La Iglesia jerárquica debería haberle pedido perdón, ¡pero no lo hizo! Como no lo hizo con Jaime De Nevares, Miguel E. Hesayne, o el propio Novak, por no recordar el vergonzoso silencio ante el asesinato de Enrique Angelelli.

En la discusión, probablemente bizantina, sobre un episcopado actualmente más sensible a lo social aunque conservador en lo doctrinal, parece seguir siempre ausente un tema que es fundamental en la Biblia, y que la teología de la liberación ha llamado "ortopraxis": no parece que sea verdaderamente ortodoxa una Iglesia que no haga suya la misma opción de Jesús: la opción firme y clara en favor de los pobres. La dictadura, enarbolando la bandera de la guerra contra "delincuentes subversivos", impuso a sangre y muerte -como ya lo decía la célebre carta de Rodolfo Walsh- un modelo económico, del cual no parecemos haber salido. Es esa ortodoxia, que se llama "modelo neoliberal", la que se enfrenta claramente con la ortopraxis del Evangelio; y esta ortodoxia no fue "condenada" por la "ortodoxia" episcopal.

Con una cierta génesis en los curas del Tercer Mundo, muchos muchachos y chicas en la década del '70 empezaron a soñar que "otra Argentina era posible", y empezaron a viajar al interior del país, a trabajar en villas miserias... Muchos otros lo hicieron movidos por otras muchas inquietudes, no religiosas, pero todos coincidían en una utopía, la de un Mundo Mejor. Allí fue, como miembro de la Iglesia, Mónica María Candelaria Mignone a la villa 1-11-14, en el Bajo Flores. Y allí fueron a buscarla, junto con sus compañeras y compañeros, los "adoradores de la muerte". Y allí empezó el camino nuevo para Emilio Mignone. Allí encontró que muchos viejos militantes cristianos le daban vuelta la cara, que muchos conocidos del clero se desentendieron de su dolor, pero también que encontraba su camino con el de otros muchos. Muchos nuevos caminantes.

Karl Marx afirmaba que "La miseria religiosa es, por una parte, la expresión de la miseria real y, por la otra, la protesta contra la miseria real. La religión es el suspiro de la criatura oprimida, el corazón de un mundo sin corazón, así como es el espíritu de una situación carente de espíritu. Es el opio del pueblo". Y sin entrar en la interesante discusión actual sobre la posibilidad de "un cristianismo no religioso", podemos reconocer que si bien muchas veces el Evangelio fue instrumento de liberación (cap. 8), muchas otras actuó como verdadero "opio" para el pueblo. El tema es discernir si la religión está al servicio de una transformación de la historia, en favor de la vida, de la liberación integral, o si es cómplice de los instrumentos de muerte. Así, la vida -ortopraxis- y no una supuesta "ortodoxia", aparece como criterio para discernir la fidelidad (Gustavo Gutiérrez sostiene que la teología es un "acto segundo"). Pero así, muchos "ortodoxos" aparecen en la "otra vereda", la de la muerte "occidental y cristiana".

Iglesia y Dictadura puso en negro sobre blanco esas "dos veredas", y reveló la horrorosa complicidad con la muerte de muchos miembros de la jerarquía eclesiástica. Pero también reveló que muchos cristianos y no cristianos, creyentes y no creyentes, fueron y siguen siendo artesanos de la vida. Mignone supo mostrarlo con clarividencia, cuando se hacía presente en programas de televisión (aunque sabía que no sería ni reconocido ni respetado); y especialmente cuando veía que se cerraban una a una las puertas que inicialmente la democracia había abierto, con las leyes de Obediencia Debida, y Punto Final, o con los Indultos; pero seguía tenazmente apostando por los recovecos jurídicos que encontraba: los niños nacidos en cautiverio y entregados clandestinamente, o los juicios por la verdad histórica. Todo su trabajo paciente de armado del CELS, o el acompañamiento de otras organizaciones de Derechos Humanos permitió que hoy, al reconocerse la nulidad de las leyes de la impunidad no haya que "empezar de nuevo" sino que "seguir andando" por las huellas que él ha transitado.

Como miembro de la Iglesia católica romana, Mignone escribe desde el dolor. El dolor de descubrir y padecer las miserias y ser víctima de las cobardías o complicidades de quienes hubieran debido "dar la vida por las ovejas". Y como miembro de la Iglesia que es, no escribe para "destruir" sino para cuestionar, criticar, y confrontar. Y proponer, como por ejemplo propone la eliminación de la diócesis castrense, o las nunciaturas; algo en lo que reitero mi total acuerdo. Desconozco si algunos obispos manifestaron su acuerdo, o su desacuerdo con esta obra. Desconozco, pero supongo. Lo dicho por mons. Gerardo Farrell, y que consignamos más arriba, invita a confirmar mi suposición. La publicación de textos de la Conferencia Episcopal para tratar de mostrar sus palabras pronunciadas durante la dictadura (insuficientes, por cierto), y el tímido "pedido de perdón", confirman que difícilmente la jerarquía eclesiástica -incluso la actual- pida perdón a Emilio Mignone. Y, lo que es peor, nos hace temer que si una circunstancia semejante se repitiera en nuestra historia, probablemente gran parte de la jerarquía eclesiástica volvería a actuar de la misma manera.

El gran cardenal Paulo E. Arns, de San Paulo (Brasil), había recopilado -a través de CLAMOR- mucha información de las violaciones de derechos humanos en Argentina. Él me contó personalmente el 12 de febrero de 1992 que recibió una carta del cardenal Primatesta, entonces presidente de la Conferencia Episcopal Argentina diciéndole que no debía entrometerse en asuntos de otra Iglesia particular. Sonrió cuando le dije irónicamente: "claro, usted había entrometido el Evangelio en la Iglesia Argentina. ¿A quién se le ocurre?" Otro gran obispo, éste brasileño por opción, Pedro Casaldáliga, al referirse al asesinato de monseñor Angelelli, el "mártir prohibido" dice: "Mientras la Iglesia echaba sus cerrojos prudentes, / negándose a la Muerte y la Resurrección. (...) Queremos desnudar, a pleno Testimonio, al aire del Domingo, / la Tumba que sellaron el Templo y el Pretorio, / diplomáticamente -también hoy- compensados". Los obispos de toda América Latina se reunieron en Puebla (México) para la IIIª reunión del Consejo Episcopal Latinoamericano; los obispos argentinos fueron en un avión de la Fuerza Aérea. Ante tanta cercanía con el poder, y tanta distancia de la libertad evangélica, ¿cómo podría el Episcopado argentino pedir perdón a Emilio Mignone? La nueva edición de Iglesia y Dictadura puede ayudar a que corazones abiertos revisen su pasado y pongan los medios para corregirlo. Otros seguirán hablando de una "campaña contra la Iglesia" (campaña que ellos organizan, nos gustaría glosar). Es de esperar que esta obra siga abriendo caminos, además de los ya abiertos, y que alguna vez, alguien pida sincero perdón, ¡sin que hayan pasado 500 años!

Pbro. Eduardo de la Serna

viernes, 22 de marzo de 2013

Enrique, de tierra adentro


Enrique, de tierra adentro


Eduardo de la Serna

Crucificado en la ruta,
como siguiendo al Camino,
se abrió una brecha hace años:
un cadáver peregrino.
Allí dejaste tu sangre,
como otros tantos amigos:
como Lucho lo fue en Bolivia,
y en el Salvador, Rutilio.
Tantas y tantos hermanos,
con la fuerza de testigos,
en las rutas de Abya Yala
nos regaron de martirio.
Tantos muertos en las calles,
tantos muertos en camino,
tanta vida regalada
con la fecundidad del trigo,
no son sangre derramada,
son una vida y un signo:
una vida para su pueblo,
un signo contra el olvido.
Y si por un "accidente",
algunos te callan, ¡amigo!,
levantaremos tu nombre,
recogeremos tu grito.
Así alzaremos tu copa,
y beberemos tu vino,
compartiremos el pan
y pondremos el oído,
un oído al Evangelio,
el otro en el más sufrido,
porque hay que seguir andando,
para no estar más detenidos
"Pelado, como tu pueblo"
Enrique, hermano y amigo,
exclamó un día el poeta,
nosotros lo repetimos.

Buscando libertad

Buscando libertad

Cuaresma

marruecoscasablanca.fullblog.com.ar

Eduardo de la Serna


Una cruz en esperanza,
encuentro de libertad,
un desierto peregrino
buscando para encontrar;
cuarenta días de vida,
para dejar bien atrás
aquello que nos separa
de la raíz de la paz:
las cosas que nos impiden
tener alas y volar;
la necesidad de todo,
simplemente por desear;
el ruido que está en nosotros
y no nos deja escuchar;
el Reino que no se acerca
si no empezamos a andar.

Es un tiempo de desierto,
tiempo de fecundar
la vida con vida nueva
y no hay vida sin amar.
La pobreza nos enseña
donde debemos mirar;
el ayuno nos da fuerzas
para buscar la verdad;
y la Palabra señala
un camino a caminar.

Una cruz dejó la huella,
y dejó para encontrar
un amor resucitado
que se entrega a los demás.
En estos cuarenta días
vos nos querés invitar
a ser más libres, más hijos,
ser más hermanos, ser más...
Acá tenés mi Cuaresma
que se haga tu voluntad.

La música callada...

La música callada...

la Pascua


Eduardo de la Serna

foto tomada de http://cristianos.com
Una luz que es serena y silenciosa,
una tibia mañana, acogedora,
una tumba vacía: signo vivo,
en par de los levantes de la aurora.

Unas manos se levantan a lo alto,
unos ojos contemplan las alturas,
una fiesta se prepara para un padre
que llega siempre primero en la ternura.

Y en el medio del silencio de la noche,
un jilguero anticipa el nuevo día,
las tinieblas se desgarran a su paso,
y se empieza a tejer la melodía.

Algo nuevo se prepara en el silencio,
en la paz engendrada en una herida,
aguijón que se quiebra sin victoria,
derrotado por el triunfo de la vida;
y esa vida enterrada va brotando,
regalándonos el fruto de la espiga,
molida por los dientes poderosos,
compartida en el pan de la familia.

Brota un hombre, semilla de un reinado,
crece el fruto del pueblo verdadero,
un retoño de aquel que es árbol verde,
vida nueva que nace del madero.

Y un hijo que es hermano y compañero,
que es camino y camina a nuestro lado,
nos regala su presencia misteriosa,
en las huellas del amor resucitado.

Una nota sobre “lo popular”


Una nota sobre “lo popular”

Eduardo de la Serna

foto tomada de www.argentina.ar

Creo que al decir que “debemos estar junto al pueblo” (palabras póstumas de Carlos Mugica, según tradición oral) podemos caer en una confusión que no pretendo aclarar, pero –al menos- espero aportar puntas de reflexión.
Y empiezo con dos aspectos ajenos que me sirven para pensar.
·         En épocas de mi militancia juvenil, era habitual –y lo hacíamos con gusto y pasión- llevar banderas, cantar el himno, manifestarnos orgullosos de todo lo identitario como argentinos (¡y con los dedos en “V”!). Sin embargo, a partir de la Dictadura, empecé a sentir como vergüenza, no de mi país, pero sí de todo lo que simbólicamente se decía que lo expresaba. Nunca más canté el himno con orgullo o alegría, nunca más puse banderas o usé escarapela. Eso hasta el bicentenario, acoto, en el que el canto del himno y las banderas parecieran volver a ser resignificados (y hablo de país, no de gobierno, para que no se me mal interprete).
·         Algo semejante me ocurrió -y sigue ocurriendo- con la Selección de fútbol. Lo vergonzoso del mundial 78 hizo que mi pasión futbolera no se expresara en la Selección nacional. Hubo un paréntesis en tiempos ‘del Diego’, quizás porque –más allá del jugador y los técnicos- se veía pasión. Pero después, al ver técnicos que ponían jugadores que fueran de su mismo representante, técnicos que no me identificaban en nada en el juego o los jugadores elegidos, me desinteresé totalmente, y –todavía hoy- no me interesa qué pase con la Selección. Me dicen “vamos a ver el partido”, y prefiero quedarme leyendo en mi cuarto.
Pero podemos poner otros dos ejemplos que ya hacen más al tema:
·         Es sabido que a la reina de Inglaterra no se la puede ni tocar. Todo debe ser a distancia, formal, acartonado (de paso, acoto que no tengo ningunas ganas de tocarla, así que el tema es solo como ejemplo), pero de golpe en esa monarquía extraterrestre apareció una princesita con cara de buena, y que tocaba chicos, visitaba gente y hacía suyas causas nobles (como el tema de las minas y granadas) y pasó inmediatamente a ser “de todos”. La misma Inglaterra que no permite tocar a su reina, lloró a su princesa muerta porque mostró otro rostro. Y nadie puede decir que no fuera tan extra-terrestre en sus concepciones como lo es la monarquía británica. Los gestos fueron otros, y pasó a ser popular.
·         Todavía hoy, dicen, Italia está llena de postales, afiches de Juan Pablo 2 y casi no los hay de Benito 16. Especialmente al inicio de su pontificado –demasiado extenso debemos decirlo- el papa congregaba multitudes. Y no se trataba de lo atractivo de su discurso, por cierto, sino su persona, su carisma. La gente reconocía que –como la princesita- había dejado su “palacio” para venir a compartir “mi casa”, nuestro barro. Y fue popular. “¡Qué papa que tenemos!” decía la gente.
¿Y nosotros? Debo decir que Diana no me importaba en lo más mínimo, el caso de Juan Pablo me tocaba de cerca, y no era –ni remotamente- el papa que yo deseaba. Pero ¿y la gente? Porque su popularidad era innegable.
Y acá –debo reconocer- me ayudó mucho una frase que dijo en una reunión de nuestro grupo el recordado Jorge Vernazza: “estoy con la gente que celebra su fiesta con cumbia y chamamé. Pero después, si yo quiero tener fiesta, en mi cuarto escucho a Vivaldi”. Y acá viene el tema, compartir la vida de la gente, estar en su casa, vivir su vida, llorar sus muertes, no significa necesariamente estar de acuerdo. No se trata de señalar que “la gente está equivocada” porque antes habría que preguntarse “equivocada, ¿en qué?; que Juan Pablo era más cercano, que “vino”, que lo podíamos ver y casi tocar no estaba equivocada. En las “internas eclesiásticas” el pueblo no entraba, ni le interesaban. Y no digo nada si a una señora Juan Pablo 2 le besó el bebe…  para esa señora, lo bendijo Dios mismo.
Eso no significa que debíamos estar contentos con el papa, me parece. Porque tenemos un “adentro” distinto al de la señora. Su adentro es su casa, y el papa la visitó, su pueblo. Nuestro adentro es intra-eclesial y el papa hizo otras cosas. ¿Y qué debíamos hacer? Creo que respetar la fiesta de la gente, escucharla, comprenderla, pero saber que nuestra fiesta está en otro lado. No es mejor, no es peor, es distinta. A la gente no le importa si nombra tal obispo o saca tal encíclica, eso nos preocupa a nosotros. La gente no leyó el Vaticano II y Medellín. Le importa que el papa habló su idioma, tuvo sus gestos, lo pudo ver y casi tocar. Y es un error –me parece- pretender que la gente sienta lo que sentimos, pero también lo es querer sentir lo que siente la gente.
Muchos votaron a Menem en la reelección. ¿Y puedo decir que se equivocaron? Yo no lo voté, ¿me equivoqué? En todo caso, creo que me equivoqué cuando lo voté la primera vez, para ser justo. Pero para decir que se equivocó el pueblo, habría que preguntar primero qué dijo la gente al votar, para recién después saber si se equivocó o no. Creo que nos formulamos diferentes preguntas, y por eso las respuestas son distintas. Y lo que tengo claro es que quiera respetar, acompañar y estar junto al pueblo en sus respuestas, aunque yo dé otras porque tengo diferentes preguntas. Mi fidelidad –por un lado- es tratar de dar respuestas honestas (o lo más honestas posibles) a las preguntas que yo creo que se me formulan; y fidelidad al pueblo (por aquello de los dos oídos de Angelelli) que da sus respuestas a sus propias preguntas. Acompañar al pueblo será celebrar su fiesta, aunque no sea la mía… no por amor a la música elegida, sino por la alegría de verlo feliz.

miércoles, 20 de marzo de 2013

¿Qué Iglesia para qué papa?


¿Qué Iglesia para qué papa?


Eduardo de la Serna

    Así como en su momento declaré que no estaba sorprendido por la elección de Jorge Bergoglio al ministerio de Pedro, sí debo reconocer mi sorpresa -y desagrado, en muchos casos- por las reacciones suscitadas, muchas que van desde una especie de odio visceral hasta las que manifiestan una infantil necesidad de papá inmaculado. Algunos buscan la más pequeña mancha en el pasado, revisado con lupa; otros niegan toda sombra, aun tenebrosa del pasado, escudándose en que “recién empieza” como si Francisco Iº hubiera salido de la nada; casi parecieran que entrarían en pánico ante la menor duda, o que se les derrumbaría hasta el fondo la esperanza. Por otro lado, los medios -muchos de los cuales no entienden mucho de temas eclesiásticos, y menos aun de la fe cristiana- preguntan cosas menores en uno u otro sentido. Ser crítico no debería implicar ser demoledor; ser confiado no debería implicar ser ingenuo.
    Cuando uno escucha a muchos pensadores -muchos con los que en lo personal me siento plenamente identificado- y después ve las reacciones destempladas de lectores y comentadores, es allí donde aparece mi sorpresa (y desagrado).
    Como he dicho, por ejemplo, escuché y creo en el relato de Orlando Yorio que es público y conocido, y repiten en estos días sus hermanos. Pero también he escuchado y visto el relato de los “curas villeros”, por ejemplo, que también es público y conocido. Sé que no es el de todos, y recuerdo bien, el del queridísimo Rodolfo Ricciardelli (“Richard”), pero lo conozco (más allá de mi molestia con la película “Elefante Blanco” y su trasfondo).
    Los medios parecen querer marcar agenda al papa con ciertos temas “urgentes” y “fundamentales” (pederastia, aborto, divorcio, anticoncepción...). Y de ninguna manera voy a negar su gravedad e importancia, especialmente del primero. Pero seamos claros, que de Iglesia hablamos.

* Lo fundamental de la Iglesia es “Cristo”, es su fundamento, y allí debe estar fundamentada. Por ser pecadora, la Iglesia siempre se separa de ese fundamento, más o menos en determinadas ocasiones y circunstancia, pero ¡siempre! Y por tanto siempre debe estar en actitud de conversión hacia ese fundamento (“Ecclesia semper reformanda”). La genial formulación de Ignacio Ellacuría “conversión de la Iglesia al Reino de Dios” no nos debería dejar descansar nunca a los cristianos (repito, “cristianos”, porque ¡pobres de los que creen que la Iglesia es exclusiva responsabilidad del papa!). Por tanto, creo que lo fundamental que debe hacer el papa es poner todos los medios posibles y abrir todos los caminos para esa conversión de la Iglesia al reino (siguiendo aquella máxima de Ignacio de Loyola de hacer todo como si dependiera sólo de vos, sabiendo que todo depende solamente de Dios). No es el papa el fundamento de la Iglesia, sin ninguna duda, y cualquier fundamento que no sea Cristo nos pone en el terreno de la idolatría, aunque sea “eclesiolatría”, “papolatría” o latrías varias...

* Lo urgente, según la vieja versión latina de la Biblia es “el amor de Cristo” (“Caritas enim Christi urget nos”; aunque en castellano la traducción preferible del verbo griego “synéjô” sea “apremiar”). Pablo se refiere, en ese texto, al amor de Cristo y su relación con el “amor a todos”. Lo urgente en la Iglesia es el amor. Y también aquí hemos de decir que muchas veces no parece el amor lo que nos urge, y debemos ¡siempre! revisar nuestras urgencias, corregirlas, ¡convertirnos!
    Pero sin duda me parece que aquí hay algo que se debe precisar. El amor, para que sea cristiano tiene características insoslayables: debe estar dispuesto a dar la vida, como Jesús (por eso los grandes “abanderados” son los mártires, a los que los “amigos del amor light” -o cómplice- intentan tapar o negar); debe caracterizarse por la misericordia, como indiscutiblemente la parábola del “Buen Samaritano” lo repite (de allí que Jon Sobrino, y muchos después, como también el documento de Aparecida, señalen que la Iglesia debe ser “samaritana”). Nos debe guiar un “principio misericordia” que es aproximarse al caído, al que está al borde del camino (que son tantos en nuestro tiempo). No podríamos negar que muchísimas veces la Iglesia ha mirado más sus rígideces, sus normas, que los caídos al borde del camino (y hay cientos de ejemplos de esto), como característico y emblemático olvido de que “el sábado se hizo para el hombre, y no el hombre para el sábado”. Si la misericordia es el principio, y no “la ley” (matrimoniales, ministeriales, eclesiásticas) muchas cosas cambiarían. “Fundamentalmente”, “urgentemente”.

    Sin duda que hay decenas de cosas importantes o muy importantes. Y en esto también quisiera evitar la “agenda” de las agencias europeas, preocupadas por temáticas europeas para audiencias europeas (o para las mentes colonizadas de alguna clase media latinoamericana). Me parece bien que ellos se preocupen de temas como anticonceptivos, divorcio y esas cosas... pero no me parece que sean problemas de los pobres de América Latina (y lo digo con conocimiento de causa). El hambre, la desocupación, la salud, la neo-esclavitud, el trabajo o para decirlo con palabras de Bartolomé de las Casas, “la muerte antes de tiempo” es tema realmente importante. Y lo cierto es que esas cosas no ocurren porque sí, ni porque Dios así lo quiere (tipo la lectura fundamentalista y aberrante que Menem -con “letra” dada por un amigo obispo, debemos decirlo, porque sino deberíamos sospechar que leyó la Biblia- hacía de la frase “pobres habrá siempre”). El hambre y la muerte anticipada ocurren porque hay causas (y causantes). Con palabras del olvidado documento de Puebla podemos decir que los causantes son “los ídolos”, algo que ha sido fuertemente reflexionado en la teología de América Latina. En Europa y el Primer Mundo en general, el problema que enfrenta la Iglesia es el ateísmo, pero en el Tercer Mundo, el gran problema es la Idolatría, recordaba ya en 1970 el gran teólogo uruguayo Juan Luis Segundo. Lamentablemente un papa tan eurocéntrico como Benito 16 (y a pesar de sus viajes, Juan Pablo no lo era mucho menos) no pudo vislumbrar ese problema. Los dioses del dinero, el “Mercado”, el poder, la “mano invisible”, intocables e indiscutibles en sus dogmas (o la doctrina de la seguridad nacional, en tiempos de Puebla, silenciada por tantos en la Iglesia argentina después), son “emergencias”. Son lo importante sin dudas. Especialmente porque terminan negando “el fundamento”. Enfrentar la idolatría es, pues, fundamental para la Iglesia del presente (y del pasado... y del futuro), y no hubiera sido menor que un llamado “año de la fe” lo hubiera tenido en cuenta.

    Sin duda que hay temas que requieren la atención ¡ya!, y no pueden siquiera ocultarse, o disimularse; problemas y caminos.
- La gravedad de la pederastia no se puede tapar, y se debe hacer todo lo que está al alcance para sancionar a los culpables y para poner todos los medios posibles para evitarlo en el futuro o que -en caso de que ocurriera- sancionar al responsable con todo el peso de la justicia.
- Los casos de corrupción al interno de la Iglesia deben transparentarse, ¡y sancionarse! La Curia romana no parece ajena a esto; ya provocó una inflexión importante en el final del pontificado de Pablo 6º, gobernó mientras Juan Pablo viajaba y Benito manifestaba su incapacidad de gobierno. Sin dudas se debe arrancar de raíz la causa de la corrupción, los desmanejos y -sobre todo- lo antievangélico del proceder.
- El lugar de la mujer es otra “injusticia que clama al cielo”, me parece patético que se repitan escenas como las que vimos en la visita del papa Benito a Barcelona, en la que un grupito de monjas “subió al altar” ¡para limpiarlo!, porque después el gran grupo de varones célibes debía celebrar la misa. Que la mujer debe participar en todas las instancias eclesiales, debería querer decir “todas”, desde la elección del papa hasta la celebración eucarística. Es verdad que el tema no sería bien recibido por muchas iglesias orientales con las que debemos urgentemente buscar la unidad, pero si de “comunión” y no de “uniformidad” hablamos, bien podrían ser temas en los que unos y otros tengamos miradas diferentes, como ocurre -por ejemplo- en el seno mismo de la comunión anglicana.
- Podríamos señalar mucho otros temas más, importantes y hasta imprescindibles (suprimir las nunciaturas, que no se ordenen obispos a los que no tendrán diócesis, lo que vale particularmente para la curia romana), pero quisiera detenerme en un tema más que me parece impostergable: la comunión episcopal. La insistencia de que el papa es en realidad el obispo de Roma creo que debería profundizarte, teórica y prácticamente. Uno escucha hablar del papa como “jefe de la Iglesia” y se cansa de aclarar a los que lo dicen, que eso “¡no existe!”. La Iglesia de Roma preside en la caridad, el obispo de Roma es primus inter pares, pero no jefe. Y todos los obispos en comunión dan “forma” a la catolicidad de la Iglesia. Lo que me pareció preocupante de los viajes de Juan Pablo fue que terminaba apareciendo como “el obispo” del cual el obispo del lugar sería una suerte de “auxiliar”. En realidad quisiera que el papa no viaje sino a acontecimientos internacionales (como la jornada mundial de la juventud si estuviera bien organizada, cosa que dudo). Esto ayudaría a devolver a las conferencias episcopales lo que el Vaticano II les propuso y la curia y los papas les quitaron (fortaleciendo a los nuncios, que no se entiende teológicamente cuál es su rol). Si las conferencias episcopales volvieran a su rol deseado, aumentaría -algo- la democratización de la Iglesia, la catolicidad, serían -podrían ser- las responsables de las elecciones de nuevos obispos y hasta del papa, etc.

    Con esto -concluyo- no le estoy “marcando la cancha” al papa Francisco (¿cómo podría?), sino expresando la Iglesia que sueño y espero. ¿Tengo esperanzas? ¡Todas! Porque la esperanza no se pone en Francisco (ni en Juan Pérez) sino en el Espíritu Santo. Obvio que el Espíritu Santo puede no ser escuchado (y la historia de la Iglesia lo confirma... y esto vale para ser o no escuchado desde en Cónclaves -Ratzinger dixit- hasta en modos y criterios de conducción. La historia que es “maestra” al decir de Cicerón, lo señala abundantemente). ¿Tengo confianza en que es posible? Bastantes. ¿Pienso que ocurrirá? Iremos viendo, “este partido recién empieza”.

dibujo tomado de http://comunidadcatolicahk.blogspot.com/2011/02/no-se-puede-servir-dios-y-al-dinero.html

martes, 19 de marzo de 2013

Comentario Ramos C

Domingo de Ramos, ciclo C [24 de marzo de 2013]


Eduardo de la Serna


Todos los años, para el domingo de Ramos se lee completo un relato de la Pasión. Este año corresponde el de Lucas, mientras el Viernes Santo se lee todos los años el de Juan. Siendo tan largo el texto es habitual no predicar o hacerlo brevemente. Por tal motivo sólo haré un comentario genérico del relato deteniéndome en lo que es propio de Lucas.

Relato de los Ramos, Lucas 19,28-40


Resumen: Como un rey contracultural, montado en un burro Jesús se aproxima a Jerusalén donde la multiutud de los discípulos lo reconoce como rey que trae la paz al ver las manifestaciones de Dios en su vida; mientras los fariseos se separan del grupo y quieren hacer callar el canto de alabanza.

Es sabido que Lucas construye el centro del relato de su Evangelio como un “viaje de Jesús a Jerusalén”. Esto comienza en 9,51 con la frase solemne: “como se iban cumpliendo los días de su asunción, se afirmó en su voluntad de ir a Jerusalén”. Jesús va a la ciudad para cumplir con la “asunción”, a la que la Transfiguración llamó “éxodo” (9,31). A lo largo de este viaje se repite con frecuencia que está “en camino” (ver 9,17; 10,38; 14,25), o que va “a Jerusalén” (13,22; 17,11) porque “no corresponde que un profeta muera fuera de Jerusalén” (13,33). Muchos autores han ubicado el relato que nos toca comentar como la llegada de Jesús, y -por tanto- el comienzo de una nueva unidad del Evangelio: “Jesús en Jerusalén”; mientras que otros creen que esta escena es la última del viaje: “caminaba subiendo a Jerusalén” (19,28) ya que en v.41 “se acerca y ve la ciudad”. Los cambios que Lucas realiza al relato de Marcos invitan a pensar en la segunda opción: usa la misma “fórmula del camino” (“subiendo a Jerusalén”, v.28), y Jesús no se acerca “a Jerusalén” (Mc 11,1) sino “ a Betfagé y Betania” (Lc 19,29).

El relato comienza con una ubicación geográfica (vv.28-29), un envío de Jesús a dos discípulos enmarcado por el anuncio de una pregunta y la respuesta que deberían dar y la concreción de la escena en idénticos términos, y finalmente el camino de Jesús en el burro y los cantos de la multitud. A modo de conclusión “alternativa” unos fariseos tienen la actitud contraria a la de la muchedumbre. Finalizado esto, llega Jesús a Jerusalén.

La unidad central, la búsqueda del burro, tiene unos pequeños cambios en Lucas con respecto a Marcos, quizás importantes: los enviados lo encontraron “como les había dicho” (v.32) destacando el aspecto profético de Jesús, tan propio de Lucas. La repetición “porque el Señor lo necesita” dicha en este caso a “los dueños” del burro, resalta claramente la autoridad de Jesús (en Marcos se trata de “algunos de los presentes”) y enmarca esta parte con la introducción.
No se puede omitir el acento puesto en que Jesús expresamente elige aproximarse a la ciudad en un burro. Mateo y Juan lo explican remitiendo a Zacarías 9,9. Sin duda es evidente que el Jesús histórico eligió claramente este signo profético manifestándose de esa manera como “rey pacífico”. La característica de este rey es que no “derrotará” sino que por su intermedio Dios “desarmará” ¡a Israel! (Zac 9,10) y con eso proclamará a las naciones (es decir a todos los pueblos) la paz. Y dominará todo el viejo territorio de Israel y aún más allá. Ciertamente un rey en un burro es signo visible de paz; no es en un caballo (típica “arma de guerra”, ver Ex 14,9.23; 15,1.19.21; Dt 11,4; 20,1; Jos 11,4...). Es evidente que expresamente Jesús elige este signo para manifestarse al término de su camino en el que una multitud lo sigue. Es un característico gesto profético.

Lo más propio de Lucas se encuentra en los cantos de la gente y merece un breve comentario. No es “el reino de David” el que viene (Marcos 11,9), no son cantos de “salvación” (= hosanna, vv.8 y 9; ver Sal 118,25); tampoco hay “ramos”, sino solamente mantos. En este caso, los que están y cantan son “la multitud de los discípulos” y-como es habitual en Lucas- lo hacen “llenos de alegría” (ver 1,14.28; 2,10; 6,23; 8,13; 10,17.20; 13,17; 15,5.7.10.32; 19,6.37; 22,5; 23,8; 24,41.52), alaban a Dios (Lc 2,13.20; 19,37; Hch 2,47; 3,8.9 y Rm 15,11; Ap 19,5) y con “gran voz” (Lc 4,33; 8,28; 19,37; 23,46; Hch 7,57.60; 8,7; 14,10; 16,28; 19,34; 26,24). Pero todo esto es a causa “de los milagros (dynameôn) que vieron”. Hay que recordar que Jesús obra con la fuerza (dynamis) del Espíritu Santo (4,14), sus palabras tienen “autoridad y poder” (exousía kai dynamei), Jesús tiene “el poder (dynamis) del Señor para sanar” (5,17), de él sale una “fuerza sanadora” (6,19) y siente cuando una “fuerza” sale de él (8,46), los Doce recibirán también “poder” sobre los demonios y para sanar (9,1; 10,19), los milagros (dynameis) son signos que invitan a creer (10,13), el Hijo del hombre vendrá con poder (21,27; 22,69) y el espíritu prometido es “poder de lo alto” (24,49). Lo que los discípulos han visto es la obra de Dios en acto y por eso alaban a gritos y se llenan de alegría.
Pero estos cantos también tienen diferencia con Marcos. La cita del Sal 118,26 no se trata del Reino que viene, sino “del rey”. Interpretando correctamente el gesto profético de la procesión en burro, Jesús es reconocido como rey. Es importante notar esto, ya que en Lucas Satanás es encargado de otros reinos con los que Jesús se enfrenta (4,5-7). El término “rey” en el tercer Evangelio suele ser conflictivo, como se ve en la oposición a obrar como “los reyes de las naciones” (22,25), sin embargo, Jesús se reconoce a sí mismo como rey ante Pilato (23,3 si es que hay que entenderlo en sentido afirmativo; aunque puede -quizás preferiblemente- ser leído de modo que Jesús diga: “eres tú el que lo dice”), finalmente, en la escena de la cruz es burla de los soldados (2337) y la inscripción en la cruz (23,38). Siendo el término habitualmente negativo, o dirigido a Jesús en boca de sus enemigos romanos (para los romanos, evidentemente que alguien dijera que es “rey de los judíos” resulta ciertamente subversivo) no es fácil saber cómo se debe entender la proclamación de Jesús rey entre alabanzas y en boca de los discípulos. Probablemente sea una alusión al texto de Zacarías al que hemos aludido y se muestre -entonces- un rey diferente a los de las naciones, a los influenciados por Satanás, o según el modelo romano, sino un rey que invierte los valores tradicionales,(caballo por burro) y alcanzará así la paz universal, porque no es como los reyes de las naciones. Y los efectos de este rey son “en el cielo paz, y gloria en lo más alto”. Es probable que las dos partes de la unidad sean sinónimas. “Gloria en lo más alto a Dios” es también lo que cantan los ángeles a los pastores (2,14), pero en este caso la paz es “a los hombres en los que se complace”, aunque sigue reinando la “alegría” que -en este caso, “lo será para todo el pueblo” (2,10). Lo que era un “merismo”, Dios-hombres (modo característico de la poética hebrea para indicar la totalidad señalando dos puntas), para indicar que el nacimiento es motivo de gozo universal, de “cielo y tierra”, aquí alude exclusivamente a Dios porque este rey viene a dejar “reinar a Dios” mostrando una alternativa absolutamente diferente a la de los “reyes de la tierra” (ver Hch 4,26).

Es interesante, a modo de contraste, que el canto de los discípulos pretende ser silenciado por los fariseos (última aparición en el Evangelio). No queda claro por qué debiera reprenderlos. Lo interesante es la abrupta intervención de estos “entre” los discípulos -de los que se separan- y el reconocimiento de Jesús como “maestro”, algo importante en Lucas (7,40; 9,38; 10,25; 11,45; 12,30; 18,18; 19,39; 20,39; 21,7). La referencia a las “piedras que hablan” parece aludir a Habacuc 2,11: nadie impedirá que Jerusalén reconozca a Jesús y que finalmente, Dios reine en la manifestación de su fuerza en el ministerio de su Hijo Jesús y la donación del Espíritu en la comunidad.


Misa de Ramos, lecturas


1ª lectura del profeta Isaías 50,4-7


El texto constituye el llamado “tercer canto del Siervo de Yahve”. Aunque los cantos están en debate en cuanto a época, autores y destinatarios (se ha propuesto, por ejemplo que es el canto de dolor de los que regresan de Babilonia al no ser acogidos por los que residen en la tierra) el texto está incorporado en la liturgia a la luz de los relatos de la Pasión y las torturas padecidas por Jesús en las instancias previas a la cruz.

2ª lectura: carta de san Pablo a los Filipenses 2,6-11


El texto de la carta a los filipenses es visto con mucha frecuencia como un texto conocido por la comunidad y que Pablo cita en este contexto. Mirando atentamente descubrimos dos movimientos, uno de descenso (hacerse nada) y otro de exaltación. El primero, movimiento desde la forma de Dios a la forma de esclavo finaliza en la muerte, “¡y muerte de cruz!”. El segundo, marcado por la donación del nombre excelso (el nombre de Dios) culmina en la proclamación de Jesús como “¡señor!” Sin embargo, el acento está puesto en la primera parte (dice que tengan los sentimientos de Cristo y estos están marcados por el movimiento de descenso); el otro movimiento es obrado por Dios que exalta a Cristo “por eso” (por su abajamiento). Este abajamiento está marcado por dos acciones: la humildad y la obediencia (a Dios). Lo cual es claramente contracultural en una colonia romana como era Filipos. Esas dos acciones (que enmarcan el relato, en los vv.3 y 12) son lo que se debe buscar para tener los mismos sentimientos de Cristo hasta la cruz. El resto es obra de Dios elevando a Jesús -en la resurrección, por cierto- hasta la altura divina.


Evangelio de san Lucas 22,14-23,56


Resumen: Una serie de escenas nos presenta a Jesús despidiéndose de sus discíupulos confirmando la “Nueva Alianza” que se sella con su sangre que será derramada, mientras que invita a los suyos a un modo de vida alternativo al de “las naciones”. Ante el Sanedrín se empiezan a pronunciar los principales títulos cristianos de la comunidad en forma de interrogatorio o de burla. Ante Pilato (y Herodes) Jesús se muestra como siervo sufriente, despreciado por la multitud. Ya en la cruz Jesús empieza a derramar más claramente el perdón que viene a traer, a la multitud, a las mujeres de Jerusalén, a los asistentes, y a un ladrón. Jesús muere como el “justo sufriente” que reconcilia. La presencia de las mujeres en la sepultura prepara su decisiva intervención a partir de la resurrección.

El largo relato de la Pasión tiene una serie de sub-unidades que es bueno analizar.
Comienza con una referencia a “la hora”, pero debemos evitar leerlo en clave joánica. No es improbable que más que “la hora de Jesús” se trate de la “hora de las tinieblas” (22,53) o sencillamente la hora de la cena.
Encontramos una serie de momentos que ocurren en el interior del lugar de la cena (22,14-38). Con un movimiento de “salida” comienza el segundo momento, la captura y prendimiento por parte de los hombres del sumo sacerdote y el “juicio religioso” (22,39-71). Con un nuevo movimiento, Jesús es llevado ante Pilato donde tendrá lugar el “juicio político” (con el paréntesis de la intervención ante Herodes, 23,8-12) y la “sentencia” (23,1-25). Luego un nuevo movimiento hacia el lugar de la condena hasta la muerte y retirada de los espectadores (23,26-49) y la sepultura como una suerte de epílogo (23.50-56). En cada uno de estos bloques encontramos elementos propios de Lucas que merecen ser analizados.

Escena 1: la Cena (22,14-38). Con mucha más insistencia que Marcos, Lucas acentúa que la cena es Pascual y anunciando su muerte Jesús aclara que esa comida (22,14-16) y esa bebida (22,17-18) ya no las tomará nunca hasta la llegada del Reino. A continuación narra el sentido de ese pan y esa copa interpretados a la luz de la muerte inminente. El relato es diferente al de Marcos (y Mateo) y muy semejante a 1 Cor 11,23-25, y se piensa que la transmisión de la tradición se remonta a la comunidad de Antioquía. La característica, nuevamente ante la comida y luego ante la bebida es que se interpretan como “cuerpo entregado... sangre derramada”, la idea de lo deben hacer “en mi recuerdo” se dice sólo del pan mientras Pablo lo dice de cada uno de los dos momentos. En Mc-Mt sólo dice “cuerpo”. La sangre, por su parte es “derramada por muchos” dando una interpretación universal a la muerte de Jesús (“muchos” debe entenderse como un semitismo en sentido de “todos”). Lucas, en cambio, afirma que es “derramada por ustedes” (como también el cuerpo; cosa omitida en la sangre en el texto de Pablo). Finalmente, es interesante que Lucas (y Pablo) insistan -releyendo a Jer 31,31- que se trata de una “nueva alianza” sellada “en mi sangre”. Es evidente -especialmente en la versión de Lc-Pablo que se da una interpretación de la muerte de Jesús que está por ocurrir.
En este contexto de muerte inminente se suceden una serie de escenas en la cena, enmarcadas estas por el doble anuncio de la traición de Judas y la negación de Pedro (22,21-23; 22,31-34). El acento en Judas está puesto en que “entrega” (el término “traición” sólo lo encontramos en Lc 6,16, única vez en los Evangelios).
Una escena que en Marcos está en el ministerio Galileo de Jesús, o en camino, Lucas la retrasa a este momento (22,24-27). Se alude al comportamiento de los “reyes de las naciones” y sus actitudes de dominación y vanagloria. “No ha de ser así entre ustedes”. La actitud que debe caracterizar a los que son más importantes “entre ustedes” es el servicio (en los tres casos usa el término “diakonía”).
El anuncio de despedida, de todos modos, no es definitivo ya que los que han “perseverado en las pruebas” (v.28) recibirán el Reino. Las pruebas (peirasmós) son las que sufrió Jesús en el desierto (4,13), algunos ante la prueba no resisten la Palabra que les fue “sembrada” (8,13), y se pide en el “padrenuestro” que Dios “no nos ponga” en la prueba (11,4), se debe pedir “no caer” (22,40.46). Este Reino es la nueva comida que Jesús comerá (22,16.18) y los perseverantes comerán en su mesa, y juzgarán.
En un contexto de fuerte enfrentamiento con Satanás [notar la alusión reciente a las Tentaciones; 1er domingo de Cuaresma], que entra en Judas (23,3), en que el reino que Jesús anuncia entra en conflicto con los “reyes de las naciones”, y otros “reinos”, Jesús vuelve a aludir a Satanás en referencia a Pedro. Los dos que ponen a Jesús en la prueba (Judas y Simón Pedro) lo hacen motivados por Satanás que es el gran adversario de Jesús en su ministerio, desde las tentaciones -como dijimos- hasta curaciones (13,16), desde exorcismos (11,18) y la predicación misionera (10,18). Satanás quiere sacudir a Pedro, pero Jesús ha intercedido por él y por su fe. Y debe “confirmar”, esto es una decisión firme a los hermanos.
En este contexto, y del anuncio entusiasta de Pedro que quedará con Jesús, encontramos el anuncio de las negaciones que tiene toda la forma de un proverbio. Es interesante, en este anuncio el término “hoy”, tan importante en la teología de Lucas (2,11; 4,21; 5,26; 12,28; 13,32.33; 19,5.9; 22,34.61; 23,43), es el “hoy” de la salvación.
La escena conclusiva hace alusión a (22,35-38) los envíos de los Doce (9,1-6) y los Setenta y dos (10,1-17) y el contraste con los tiempos de la Iglesia, tiempos marcados por el conflicto y el rechazo. La idea del manto y la espada parece que debe entenderse de modo simbólico (ver 22,47-53), y no literal: son los tiempos de conflicto que se avecinan, como la cita del canto del Siervo de Yahve (Is 53,12) lo confirma. El “¡basta!” de Jesús debe entenderse como de enfado o desencanto: ¡ustedes no entienden nada!

La segunda escena nos muestra a Jesús trasladándose al monte “según su costumbre”. La costumbre (ethos) es casi exclusivamente de Lucas y casi siempre alude a las costumbres rituales judías (1,19; 2,42; 22,39; Hch 6,14; 15,1; 16,21 [costumbres romanas]; 21,21; 25,16; 26,3; 28,17 y fuera de esto Jn 19,40 y Heb 10,25). Jesús va al Monte a orar, algo característico del Jesús de Lucas [ver Transfiguración, 2º domingo de cuaresma]. La escena es más simplificada que en Marcos (allí Jesús va y viene tres veces, como es característico en él). La escena del ángel y las gotas de sangre (vv.43-44) no se encuentra en los muchos buenos manuscritos del texto y parece sensato que debe omitirse del texto en el que ha de haber sido añadido más tarde para suavizar un poco la agonía de Jesús con la figura angélica.

El texto esta armónicamente armado:
a. pidan no caer en tentación (v.40)
      b. Jesús se va.... ora (v.41)
            c. La oración de Jesús (v.42)
      b’. Jesús vuelve de la oración (v.45)
a. oren para no caer en la tentación (v.46).

Como se ve, en el momento central de la agonía Jesús hace suya una oración que repica la que él enseñó a sus discípulos según Mateo (Mt 6,10). El contraste de voluntades y la aceptación de la voluntad de Dios es el corazón de la escena.

En ese momento llegan los captores encabezados por Judas. Lucas, habituado a evitar algunas escenas chocantes parece que evita el beso de Judas. No dice “lo besó” sino que se aproxima para besarlo /v.47) y que los discípulos reaccionan “viendo lo que iba a suceder” (v.49). La referencia a la espada y la negativa de Jesús revela que la unidad anterior debía entenderse simbólicamente, como dijimos. Jesús establece el contraste señalando el armamento para la captura, propio de un salteador, ladrón o delincuente (lêstês; el término se encuentra en la parábola del “buen samaritano” y en la expulsión de los vendedores del templo, 10,30.36; 19,46 fuera de esta escena). La dupla “espadas y palos” se repite sólo en este contexto de los sinópticos en todo el NT. Pero Jesús dice algo más, que lo podrían haber capturado en el Templo, donde como es habitual en Lucas, Jesús enseñaba. Esta es la “hora” de los captores, y del “poder de las tinieblas”. Las tinieblas son frecuentes en Lucas (1,79; 11,35; 22,53; 23,44) y aluden a Satanás (Hch 26,18).

Capturado Jesús es llevado a casa del sumo sacerdote y Pedro lo seguía. Las tres negaciones de Pedro siguen el esquema característico de Marcos de señalar tres momentos, aunque Lucas omite la blasfemia de Pedro que encuentra en Marcos, y añade una mirada “del Señor a Pedro” destacando otro “clima”. La mirada es mirada fija, atenta (emblepô). La referencia al gallo alienta algunas dudas históricas: en el NT sólo es mencionado en el dicho a Pedro, en los cuatro Evangelios, y sólo una vez en el AT griego (Pr 30,31 en un proverbio numérico; es interesante que también se encuentra en el hebreo de Job 38,36 pero las interpretaciones son varias y el griego dice exactamente otra cosa). De hecho, también la gallina sólo se encuentra en un dicho común a Mt y Lc (Mt 23,37 / Lc 13,34), lo mismo que el huevo no aparece como alimento más que en Lc 11,12 (y quizás en Job 6,6). Todo parece indicar que -como puede verse en la legislación de la Misná, no hay gallos o gallinas domésticos en Israel, probablemente por ser tenidos por impuros (aunque puede también referir al gallo silvestre, ya que afirma que la gallina “no empolla”). Esto confirma que el dicho de Jesús debe entenderse como un proverbio, como una manera de decir “antes de que amanezca”.

El llanto es adjetivado como “amargo” (sólo acá y en su paralelo de Mt 26,75). Jesús ya había felicitado a los que lloran (6,21) y lamentado a los que ríen porque van a llorar (6,25). La compasión de Jesús la hace decir a la viuda que ha perdido el hijo que “no llore” (7,13; ver 8,52), que los que no aceptaron ni a Juan ni a Jesús (presentados como dos “extremos” de actitud), se parecen a los que no ríen con cantos alegres y no lloran con cantos tristes (7,32). La pecadora arrepentida lava con lágrimas los pies de Jesús (7,38). Jesús mismo llora por Jerusalén, e invita a las mujeres de Jerusalén a llorar por sus hijos, por lo que hacen a Jesús (23,28).
Las burlas son más atenuadas que en Marcos (omite las escupidas, por ejemplo), aunque se destaca que Jesús está “apresado” (el verbo synéjô también puede ser oprimido, apremiado). Cubrir la cara (el texto no afirma que se trata de “con un velo” como afirma la Biblia de Jerusalén), y el acento está puesto en la pregunta: “profetiza”. Siendo que todo el Evangelio de Lucas lo ha presentado como profeta, en este contexto debe entenderse la burla. Literalmente no se trata sólo de insultos, el griego es blasfêméô (ver Mc 2,7; 3,28.29; Lc 12,10; 23,39), Jesús no es acusado por el Sumo Sacerdote de blasfemia, pero blasfeman contra él..
Lucas añade a Marcos que el Sanedrín se reúne siendo “de día” (v.66), seguramente para dar apariencia de “legalidad” ya que un “juicio en horas de la noche” es claramente ilegítimo, no hay testigos falsos, no hay unos pocos selectos del Sanedrín, sino un plenario... La idea de Lucas parece ser señalar que las autoridades de Israel han procesado a Jesús, como ocurrirá en Hechos con Pedro, Esteban y Pablo (es interesante notar el explicito paralelo entre la “pasión de Cristo, pasión de los cristianos” que es propio de Lc-Hch).
El interrogatorio es si Jesús es el Cristo (algo que no parece haber destacado Jesús en vida, pero sí haber sido el primer título dado a él por la Iglesia primitiva). Así el contexto nos invita a recordar que los cristianos pasarán por la misma pasión de Jesús cuando lo reconozcan como Cristo. La respuesta de Jesús es semejante a la dada por Jeremías 38,15 (45,15 LXX). Dios se ocupa de su Hijo, cosa que repite la primitiva Iglesia (Hch 2,32-34.36; 7,56). El que habla no es el Sumo Sacerdote, sino “todos”, reforzando la participación de “todas las autoridades”, y remite al “hijo del hombre”. Llegamos así a la tercera confesión de fe del cristianismo primitivo, “el hijo de Dios” (Hch 9,20; 13,33), algo dicho hasta ahora sólo por demonios (4,3.41; 8,28), ángeles (1,32-35) o la misma voz de lo alto (3,22; 9,35). La pregunta abre la puerta a la respuesta de Jesús en ese sentido, y a la condena.

Tercera escena. En c.23 comienza la segunda parte del juicio, ante Pilato (23,1 es un gozne entre ambos juicios): 23,2-25.
Un tema que se repite a lo largo de la unidad es que Jesús es inocente (23,4.14.15.22). Las acusaciones son “interpretaciones”: Jesús había hablado del impuesto diciendo que el “Cesar debe devolverle a Dios lo que es de Dios” y le ha quitado haciéndose una imagen y afirmando que es “hijo de Dios”, pero no habló expresamente de “no pagar”. Del mismo modo, no se proclamó a sí mismo “rey” aunque hablara claramente del Reino (y como vimos más arriba, el pueblo lo reconoce como “rey” al ingresar a Jerusalén; quizás allí está -y en el malestar que esto causaría a los romanos- el eje de la acusación) y dijera que es muy distinto a como lo ejercen “los reyes de las naciones”.
En este contexto, Lucas introduce a modo de paréntesis (23,8-12) la escena de Jesús remitido ante Herodes. Simplemente es bueno recordar que Pilato gobierna en Judea y Antipas (hijo de Herodes) en Galilea. En Hechos también Pablo será llevado ante “otro Herodes”, Agripa (Hch 25,13-26,32 también en medio del juico ante el procurador. Obviamente paralelismo presentado adrede). Herodes lo “ve” a Jesús (verbo importante en Lc, y característico de la Pasión: 23,35.47-49; 24,12.16.24.31.32.39.45; Hch 26,17-18), pero -como lo hará ante Pilato en la siguiente escena- Jesús no abre la boca, como el cordero llevado al matadero (Is 53,7).
Las burlas continúan con un “vestido brillante” (un varón así vestido se aparece a Pedro en Hch 10,30; en Sgo 2,2.3 se refiere a un vestido de persona rica). Herodes y Pilato se hicieron amigos: Jesús desprovisto de todo poder alcanza la reconciliación de los enemigos.
Nuevamente Pilato insiste en la inocencia de Jesús, pero ya las autoridades y el pueblo reclaman su muerte. Es extraña la inclusión del “pueblo” (laos) ya que en el contexto de la pasión a Jesús se lo ve cerca del pueblo, se lo acusa de levantar al pueblo y el pueblo “mira” la pasión, pero no toma parte (22,2.66; 23,5.13.14.27.35; 24,19; algo que sí se dice de la “muchedumbre” -ojlos-, ver 18.21.23). La apariencia del juicio ante Pilato también es correcta, “legal”, en la versión de Lucas. Es curioso el contraste entre el pedido de la “muchedumbre” que espontáneamente y sin introducción previa (como la hay en Mc 15,6-10 [y aparece en Lc 23,17, texto que debe omitirse ya que no se encuentra en los manuscritos más antiguos]) empieza a reclamar la liberación de “Barrabás” (bar = hijo; “abba” = padre). De Barrabás se destaca su maldad (vv.19.25), Jesús vino para dar “libertad a los cautivos” (Lc 4,18-19). Nuevamente evitando lo que pueda ser chocante, Lucas omite la flagelación (supuesta en v.22). No es claro si Lucas identifica aquí laos y ojlos (pueblo y multitud), pero lo cierto es que el pueblo “mira” (vv.35.48). Como es habitual en Lucas los romanos aparecen como “amigables”, mientras que “los judíos” (debe entenderse no desde una perspectiva anti semita sino como el razonable intento de separación y búsqueda de la identidad de cada grupo. De todos modos, la distinción clara entre “judaísmo” y “cristianismo” recién aparecerá en el s.II con Ignacio de Antioquía). Si Lucas escribe para una comunidad romana, como es posible, es razonable este intento de mostrarse amigable con los romanos y hasta de “hacer” ciudadano romano al evangelizador que llegó a Roma: Pablo.

Cuarta escena. Entregado a la voluntad de la multitud (no “condenado”, entonces; “ellos”, la multitud y las autoridades, -no los romanos- “echaron mano” [que puede ser solidarizarse o, en este caso, obligar]) Jesús es conducido a la cruz (23,26-31) y Simón de Cirene cargado con la cruz. Aunque es “obligado”, la frase “detrás de Jesús” es terminología de discipulado (9,23; 14,27; aun más claramente en Marcos al mencionar a los hijos de Simón).
Detrás de la cruz, lo “sigue” el pueblo y mujeres. El verbo “seguir” en Lc salvo dos veces muy evidentes, siempre designa el discipulado (5,11.27.28; 9,11.23.49.57.59.61; 18,22.28.43; 22,29; 23,27; las excepciones son 22,10.54), ¿está distinguiendo Lucas el pueblo “laos” de la multitud “ojlos”? El momento de desgracia al que se alude se expresa con una suerte de “anti-bienaventuranza” (es lo contrario de 11,27). La referencia al dicho terrible es una cita de Os 10,8.son, en este caso, las consecuencias de la idolatría de Israel, el pecado por excelencia para el profeta.
A continuación Jesús expresa un proverbio que no es claro: ¿quiénes son “ellos”? ¿los romanos, la multitud? Si han ejecutado a un inocente, ¿qué se puede esperar que ocurra a los culpables?
Jesús es crucificado (23,32-46). Muchos manuscritos omiten la oración de Jesús “Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen”, pero por motivos internos parece que debe dejarse (por ejemplo, el expreso paralelismo con la muerte de Esteban, en Hch 7,60). El perdón, la ignorancia, los dichos de Jesús en cada unidad de la pasión, además de buenos manuscritos que lo incluyen, invitan a mantener el texto. Jesús concretiza el perdón a los enemigos (6,27-28; 17,4).
Muchos otros elementos son semejantes al relato de Marcos: sorteo de las vestiduras, ver Sal 22,18; vinagre, Sal 69,21. Ante el crucificado hay una serie de reacciones: el pueblo mira, los jefes hacen muecas (Sal 22,7.8), los soldados se burlan, un malhechor blasfema. La referencia a la “salvación” en la burla es tema propio de Lucas-Hch (el verbo x30; el sustantivo, x4). “Mesías”, “Elegido”, “rey de los judíos” son ciertamente irónicas en el contexto. Ciertamente eso lo saben los lectores del Evangelio que saben que todo eso que se dice en son de burla es cierto para su fe. Y en este contexto “aparece” un malhechor arrepentido. El salvador, “perdonador” pondrá “en acto” su capacidad reconciliadora aun en el dolor, una vez más. La referencia al “paraíso” (única vez en los Evangelios) alude a la reconciliación plena y universal (¿y a Jesús como “nuevo Adán”?).
El día del juicio es oscuridad (Am 8,9; Jl 2,31) y todos pueden acceder plenamente a Dios al rasgarse el velo del templo. Una nueva cita de un salmo (lo que muestra que los primeros cristianos interpretaron la muerte de Jesús en clave “justo que sufre”) es pronunciada (Sal 31,5) donde se señala la profunda fe del salmista -y de Jesús- en el Dios en el que confía. Un nuevo romano, el centurión tiene una actitud favorable y “glorificaba” a Dios (testigo él del perdón derramado), la “glorificación” es característica de Lc cf. 2,20; 5,26.27; 7,l6; 13,13; 17,15; 18,43; Hch 4,21; 21,20. Y reconoce a Jesús como “justo” (ver Hch 3,14), Lucas nos había preparado para esto. La multitud fue a ver un “espectáculo” (theôría), al ver (theôréô) se volvieron “golpeándose el pecho” (algo que en señal de arrepentimiento hace también el publicano de la parábola, 18,13).
En su intento de suavizar lo más posible, en Lucas (notar la diferencia con Mc 15,40) no sólo hay mujeres “mirando”, sino también “todos sus conocidos”. La forma de la frase parece indicar que sus conocidos “estaban”, mientras que las mujeres “miraban estas cosas”. De ellas se dice que lo habían seguido desde Galilea, nuevamente en sentido discipular. Como esto nos remite a 8,2-3 podemos suponer que en todo este tiempo las mujeres estaban presentes y se las debe incluir en las escenas que el Evangelio ha ido narrando.
A modo de epílogo (23,50-56) Lucas nos presenta la sepultura. De José de Arimatea se nos dice que era miembro del Consejo (este Consejo sólo aparece aquí y en el paralelo de Mateo). De él se dice que es “bueno y justo” (no es necesario recordar aquí que “nadie es bueno sino sólo Dios”, 18,19 ya que el adjetivo se aplica en varias circunstancias). Lo mismo ha de decirse de “justo” que,. Como hemos visto, se acaba de aplicar a Jesús. Al aclararse que no había consentido el proceder de los demás nos hace saber que el “Consejo” es el Sanedrín (cf. Lc 22,66, y que la sentencia no fue unánime). No parece, entonces, que nos encontremos ante un discípulo, al menos no expresamente. Se dice, finalmente que “esperaba el reino de Dios” (tema central en el Evangelio, por cierto. Parece que a un no discípulo el reino se le sigue aproximando en Jesús aun muerto éste). El lienzo o sábana es habitual en las sepulturas, y puede aludir también a la esperanza en la resurrección (el término griego sindôn, que simplemente es sábana, túnica, traduce habitualmente el hebreo sedin que refiere a túnica de lino). Por eso cuando Lucas vea en la tumba sólo las vendas (de lino; usa el término otónion, que es el que prefiere Juan para la sepultura: 19,40; 20,5.6.7) es probable que en este evangelio sean sinónimos. La idea de que fue sepultado en una tumba “en la que nadie ha sido sepultado” probablemente apunte a destacar que no fue puesto en una fosa común como era habitual con los ejecutados.
Una nueva y conclusiva escena menciona a las mujeres de las que vuelve a insistir “han venido desde Galilea”, vieron el lugar de la sepultura y compraron los perfumes para el embalsamamiento. El terreno está preparado para que al terminar el Sábado estas mismas mujeres empiecen a ser ellas las primeras en anunciar a todos la noticia de la Pascua.