viernes, 8 de febrero de 2013

El “kêrygma” de Pablo. Una mirada al ministerio paulino [1]

El “kêrygma” de Pablo.

Una mirada al ministerio paulino [1]


Eduardo de la Serna [2]




Resumen.
Teniendo en cuenta que la teología paulina debe mirarse carta por carta, el artículo presenta en cada una la predicación paulina. El objetivo principal es la fe de los destinatarios. Pablo desaparece en la predicación preocupado solamente por el Evangelio y por las comunidades. Finalmente, una serie de temas (trabajo manual, debilidad, parrêsía, cruz, bautismo) muestran las características de la predicación paulina.

Temas: Pablo, predicación, kerigma, cartas.


Viejas lecturas, inspiradas por R. Bultmann, sostenían que la predicación paulina sólo se interesa por el Cristo glorioso y nada le importa del Jesús histórico [3]. O para precisar un poco más, el único contacto que Pablo tiene con Jesús es la cruz, pero esta leída a la luz de la resurrección. El kerigma de Pablo sería –entonces- una breve y concentrada síntesis del acontecimiento escatológico desencadenante, la Pascua. No nos detendremos a comentar este aspecto del gran exégeta alemán, ni sus repercusiones en los antiguos comentaristas, pero es cierto que su principio constituye en más de una ocasión un punto de partida incuestionable de la teología paulina.

Es habitual, por ejemplo, notar en documentos de la Iglesia católica romana que el término “kerigma” se utiliza, entonces, en el sentido de “primera predicación”, o –más precisamente- el anuncio del acontecimiento salvador de la Pascua. Así se puede ver, por ejemplo en Cateq Trad 18. 21 y 25 (primera predicación); en Red Mis 16 (el reino es el kerigma de Jesús); en Orient Lum y Eccl in Afr (también es el primer anuncio); y en los documentos del CELAM, en Sto. Domingo, 29: se entiende kerigma como el anuncio salvador de Jesús; pero siempre se trata (en 33 cita RMi 44) del anuncio de la muerte y resurrección de Jesús.

En realidad, este uso parece influido por una lectura de 1 Cor 15,3b-5 pero curiosamente allí no se utiliza ni el sustantivo kêrygma ni el verbo kêryssô.

En este trabajo, intentaremos mirar qué dice Pablo sobre su predicación, entendiendo esto qué predica, o también cómo predica ya que en el caso del Apóstol no es fácil distinguir entre la persona y la teología. [4] Pero precisamente para mirar esto, debemos observar cada una de las cartas seguramente paulinas. Uno de los temas adquiridos en los estudios paulinos contemporáneos es que todas las cartas de Pablo son “escritos de situación”, o “conversaciones en contexto”. Sólo la carta a los romanos parecía quedar fuera de este criterio hasta la publicación de “The Romans Debate” en 1991, [5] en la que también esta se incluyó en el amplio consenso. A partir de esta concepción cada vez más abarcadora, resultó razonable pensar que es difícil encontrar en Pablo un “eje dominante” a lo largo de sus cartas, o –para ser más precisos- un tema que sea transversal de un modo uniforme. [6] Esto lleva a autores como G. Barbaglio a afirmar que puesto que Pablo no es “un teólogo sistemático” o “teólogo de escritorio”- y es preferible entenderlo como “un teólogo en epístola”. [7] Esto vale, en nuestro caso para el kêrygma paulino. ¿Cuál es ese kêrygma? O para ser más precisos: ¿qué predica Pablo? Sin dudas es necesario distinguir entre la predicación misionera y la predicación catequística, pero precisamente –si vamos a mirar la primera predicación, la predicación misionera- no parece que sea una “primera predicación” a paganos referir que algo ocurre “según las escrituras” (1 Cor 15,3-5), y es mucho más razonable suponer una predicación que invite a “abandonar los ídolos para servir al Dios vivo y verdadero” (1 Tes 1,9). Como es evidente, las cartas sí se dirigen a “comunidades”, por tanto a “cristianos”, y deben entenderse como “catequísticas”, pero nos interesa en esta nota preguntar qué podemos encontrar en las cartas “que predica el Pablo histórico” en su anuncio misionero. Después de mirar lo que dice cada carta acerca de la predicación, su modo y/o contenido, a modo de síntesis –no propiamente conclusión- notaremos algunos términos o temáticas que parecen atravesar transversalmente la predicación paulina, también en su modo (libertad, debilidad, trabajo manual) como en su objetivo, -la fe, como hemos dicho- expresada en el bautismo.

Es razonable, entonces, ver en cada carta qué nos dice el Apóstol sobre este tema principal. Mirando una a una, notaremos que no es preciso afirmar que el kêrygma paulino consiste en la predicación de Jesucristo muerto y resucitado, aunque lo incluya.
Pero antes de entrar en tema, mirando seriamente el campo semántico de la predicación y notaremos que Pablo utiliza particularmente tres términos (y derivados) para hablar de su predicación. Términos que a veces son utilizados como sinónimos, como veremos. Estos son kêryssô (lit. predicar), euaggelízô (lit. anunciar buenas noticias), y akouô (lit. escuchar).

Empecemos señalando que Pablo predica a fin de que sus oyentes crean. La fe es el objetivo de la predicación. Esto se ve claramente en la sucesión de verbos encadenados en Rom 10,14-15a, que luego comentaremos: «¿cómo invocarán a aquel en quien no han creído? ¿Cómo creerán en aquel a quien no han oído? ¿Cómo oirán sin que se les predique? Y ¿cómo predicarán si no son enviados?» Es decir, la predicación es el instrumento para que la comunidad pueda encontrarse con aquella palabra que está invitada a creer. [8]

1 Tesalonicenses

Encontramos los términos que nos interesan dos veces en toda la carta, en 2,9 y 13. En 2,8 Pablo habla de “dar” el Evangelio de Dios. [9] “Dar”, “compartir”, puede ser incluso “socorrer” una necesidad (Ef 4,28), o simplemente “dar” en una comunidad (Rom 12,8; quizás se refiera a dones espirituales, pero no es evidente; también en 1,11 se encuentra el término y en ambos en relación a jarismata). Pero luego de afirmar que ha dado el Evangelio y –como una madre- estaba dispuesto a dar la propia vida, les recuerda que ha “predicado” el “evangelio de Dios” (evidentemente en este caso “dar” y “predicar” se encuentran en paralelo). Esta proclamación del Evangelio fue en medio de arduo trabajo manual para no ser una carga a ninguno, como también lo hace un padre para con sus hijos. Pero en ambos casos, los verbos se encuentran en aoristo, por lo cual se refiere a un momento puntual y preciso del pasado. Esto es algo que los tesalonicenses “recuerdan”, en presente.
Unos versículos más adelante (v.13), siempre en el contexto del recuerdo, Pablo vuelve al tema, pero dando ahora un paso más. Esa “palabra escuchada” (logon akoês) fue “acogida” (paralambanô) por los destinatarios, y por ello Pablo no deja de dar gracias a Dios, ya que «la acogieron, no como palabra humana, sino como en verdad es, palabra de Dios, que permanece activa en ustedes, los creyentes».

Pablo está preocupado por la situación de los tesalonicenses ya que ha debido irse expulsado de la ciudad y no ha podido volver. Así envía a Timoteo a la comunidad para ver cómo está su fe. Las buenas noticias que trae Timoteo lo alientan a escribir lleno de alegría, y por eso encontramos una doble acción de gracias en la carta (1,2; 2,13). Hay un doble movimiento que ha marcado esta dinámica paulina: una predicación entre dificultades y tribulaciones (1,6; 2,2) pero Dios luego de un exigente análisis (dokimazô) le ha confiado a Pablo el Evangelio (2,4) que Pablo predica para agradar a Dios que lo sigue “examinando” (dokimazô). Es por eso que lo que Pablo ha predicado no es “palabras de adulación” ni con “amor al dinero” (pleonexía). De allí que el trabajo manual de Pablo sea un signo del amor hacia los tesalonicenses que lo mueve en su dedicación misionera. El segundo movimiento es precisamente la recepción (akoês) que ha tenido la Palabra, palabra que “permanece activa” (energeô) en los creyentes. [10]
Como se ve, Pablo prácticamente desaparece en medio del mensaje, sólo cuenta Dios y su palabra por una parte, y los destinatarios y su fe por la otra.
Se puede notar, que en todo este párrafo, el centro es Dios, no propiamente Cristo. Por eso el efecto logrado y el testimonio estimulante de los tesalonicenses es que «se convirtieron a Dios, tras haber abandonado los ídolos, para servir a Dios vivo y verdadero, y esperar así a su Hijo Jesús que ha de venir de los cielos, a quien resucitó de entre los muertos y que nos salva de la ira venidera» (1,9b-10). Si nos preguntamos por lo cristológico en este apartado, veremos que está concentrado en la Parusía, algo que será importante en la parte exhortativa de la carta.

La carta a los Gálatas

Es la carta más vehemente de Pablo. En la comunidad se han introducido algunos que pretenden someter a los gálatas a la circuncisión a fin de alcanzar la salvación. Pablo encuentra esto un “atentado contra el Evangelio”. Y entonces los términos que nos interesan se suceden intensamente en el comienzo:

«Me maravillo de que tan pronto hayan abandonado al que los llamó por la gracia de Cristo, para pasarse a otro evangelio -no que sea otro, sino que hay algunos que los están turbando y quieren deformar el Evangelio de Cristo-. Pero aun cuando nosotros mismos o un ángel del cielo les anunciara un evangelio distinto del que les hemos anunciado (lit.: les evangelizara contrario a lo evangelizado), ¡sea anatema! Como les tengo dicho, también ahora lo repito: Si alguno les anuncia un evangelio distinto (lit.: los evangeliza contrario) del que han recibido, ¡sea anatema! Porque ¿busco yo ahora el favor de los hombres o el de Dios? ¿O es que intento agradar a los hombres? Si todavía tratara de agradar a los hombres, ya no sería siervo de Cristo». (1,6-10)

Nuevamente el intento de Pablo es “agradar a Dios” y no a “los hombres”. [11] El acento, en este caso es conflictivo. Debe entenderse, “como buscan agradarles a ustedes los que predican otro evangelio”. Pablo no busca el beneplácito de sus destinatarios sino su fe, pero para ello debe predicar el verdadero evangelio, y no “otro” (eteron euaggelion), uno “fuera” del predicado.
Pero esto se debe, precisamente a que “el evangelio que les prediqué” (evangelio que evangelicé) (v.11) no es de orden humano. Nuevamente Pablo remite a Dios el contenido (didajê) de lo que anuncia, pero en este caso es una “revelación de Jesús Cristo” (el genitivo puede entenderse de dos maneras: revelación que le hizo Jesús, o revelación sobre Jesús). El v.16 invita a entenderlo en este segundo modo: “el que me llamó… por la gracia de él me reveló a su Hijo” para que lo “evangelizara” entre los gentiles (ethnê). Revelación que ocurre en un “momento fijado” a partir del cual, Pablo comienza a “evangelizar la misma fe que quería destruir” (1,23).

La “predicación a los paganos”, sin exigirles la circuncisión fue el desencadenante de la crisis gálata, y por eso Pablo recuerda la asamblea de Jerusalén. Allí él les expone “en privado a los que se llamaban notables” el Evangelio que predicó (keryssô). La frase saber si “había corrido en vano” se ha interpretado diversamente y no es el caso comentarla aquí, [12] pero para Pablo el Evangelio supone afirmar que los gentiles (ethnê) son también destinatarios de la misma fe que los circuncisos. Por eso Pablo deja claro que no “predica (keryssô) la circuncisión” (5,11), y precisamente por eso es perseguido, probablemente por aquellos que eran antiguamente sus compañeros perseguidores. Seguramente con el objetivo de conmoverlos, Pablo les recuerda la primera “evangelización” (4,13) a causa de una enfermedad ante la cual los gálatas reaccionaron como verdaderos hijos (4,19).

Pero hasta ahora Pablo nos remite al origen de su predicación, a la fuente (Dios) y al objetivo (la fe de los paganos), pero –seguramente ante la crisis provocada por la “otra predicación”- quiere refrescar, acentuar “lo que predicó”, es por eso que la “fe en Cristo” pasa a ser el eje transversal de toda la carta (pistis, fe x22; pisteuô, creer x4 en Gal). Lo que Pablo predica, entonces, a los paganos es que crean en Cristo, sólo así se alcanza la justificación.

Ahora bien, la fe no se trata de un “creer” intelectual, sino de un “sumergirse en Cristo”, acontecimiento que se origina en el bautismo (3,28), signo visible de que se han dejado los “dioses” pasados para “ser conocidos por Dios” (4,8). Este signo bautismal nos introduce en la “plenitud de los tiempos” (4,4) y por tanto en la donación y recepción del espíritu de Dios, el don escatológico por excelencia. Es esta iniciativa de Dios la que conlleva la respuesta –movida por el mismo espíritu- que es la fe. Fe que es en la predicación, en lo que se ha escuchado (3,2.5, akoê).

Carta a los Filipenses

La carta a los filipenses es una carta muy particular, entre los escritos de Pablo. En contraste con los Gálatas, esta rezuma alegría y confianza en los destinatarios. Incluso cuando se introducen los que predican la circuncisión, Pablo no duda en decirles que se mantengan firmes (4,1; a diferencia de los Gálatas que han escuchado “otro evangelio”). Las dudas sobre la unidad de la carta hacen difícil ver un hilo conductor, y no más bien una serie encadenada de referencias afectivas cargadas de ternura. Sin embargo resalta un dato: Pablo está en prisión. No interesa en este caso saber dónde podría ser esto: Roma, Cesarea, Éfeso, [13] pero lo cierto es que está “en cadenas por Cristo”, y eso es público. Esto alienta a otros muchos a “predicar” (keryssô, 1,15) aunque algunos lo hacen por “envidia y rivalidad” (notar que ambos términos se encuentran juntos en los “catálogos de vicios” de Rom 1,29 y Gal 5,20-1, y la rivalidad también en otros catálogos, Cfr. 2 Cor 12,20), es decir, predican movidos por actitudes propias de quienes no “están en Cristo”. Sin embargo, así como Pablo no se mira a sí mismo, tampoco mira a estos predicadores, lo que mira es el resultado: “Cristo es anunciado” (kataggélletai). Y eso “lo alegra y seguirá alegrándole” (1,18). Nuevamente el contexto es crítico, y Pablo tiene en cuenta la posibilidad de su muerte, pero lo que le importa es que Cristo sea exaltado (megalynô).
No podemos dejar de notar que Pablo manifiesta tener muy en cuenta que en “la predicación”, cuentan el emisor y el destinatario, no el “predicador” que es mero mediador, o instrumento, y por tanto importa que Cristo sea exaltado y que los destinatarios alcancen la fe, aunque en la persona del predicador las características sean la “envidia y la rivalidad”, o las persecuciones, la prisión y la probable muerte inminente.

Carta a Filemón

El “billete” a Filemón, no parecería –por su característica y situación- aportar elementos para nuestra búsqueda, pero sin embargo tenemos un aspecto que parece que debería ser destacado: Pablo escribe a Filemón, y sabe que (v.8) aunque tiene “libertad” (parresía) para “mandar” (epitássô, única vez en Pablo) prefiere (v.9) “exhortar”, (parakalô) en nombre del “amor” (agape) que Filemón tiene, y es público. A continuación sigue el resto de la carta, en la que Pablo pretende que Filemón reciba a Onésimo como un verdadero “hermano”, como uno “en el Señor” (v.16). Y finaliza manifestándose persuadido de su “obediencia” (v.21).
Pablo ha puesto en práctica en un caso concreto la buena noticia que predica, buena noticia que es inseparable de “vivir en Cristo”, de dar “frutos del espíritu” (Gal 5,22-24). Vivir de esa manera no es lo que “justifica”, puesto que eso lo logra el estar enraizados “en Cristo”, sumergidos en él, la fe. Pero esta fe actúa por el amor (agápe; Gal 5,6), el mismo que Filemón tiene “en favor de los santos” (vv.5.7). Es precisamente por esto que la “obediencia” es hypakoê, es respuesta a la palabra, a la predicación.
Si la predicación es inseparable de la fe como objetivo de la misma, esta es a su vez inseparable del amor como su manifestación patente.


Carta 1ª a los Corintios

La carta a los corintios aparece como una carta bastante “desordenada”, y los temas se concatenan sin relación aparente entre sí. Los temas referidos a la predicación se pueden ubicar en tres pequeños bloques. Veámoslos en orden inverso, ya que pedagógicamente, parece razonable.

En el cap. 15 Pablo enfrenta a algunos que niegan la resurrección. No parece que negaran la resurrección de Cristo, sino la de sus discípulos, quizás porque la ven ya realizada en el bautismo. De todos modos, para enfrentar esta negativa, Pablo remite a su propia predicación original que –a su vez- remite a lo que él recibió. Es sabido que la fórmula recibí-transmití (parédoka-parélabon, v.3) se remite a la comunicación de tradiciones, y precisamente de eso se trata. [14] Pablo remite a la primera predicación, ese fue el “evangelio que evangelicé” (v.1). Este Evangelio alude a los acontecimientos de la pascua, presentado en sus dos momentos principales (muerte y resurrección) con dos signos visibles que lo manifiestan (sepultura y apariciones). Puesto que el acento en esta unidad es la resurrección, que es negada por algunos, Pablo alarga este aspecto destacando la lista de los beneficiarios de las apariciones. No es el lugar de analizar las listas, y preguntarnos por qué, por ejemplo, no se menciona a las mujeres que sí ocupan un lugar importante en algunos evangelios, sino de detenernos en un breve contraste. [15] Pablo comienza con el primero, Cefas, y termina con el último, él mismo. [16] Nuevamente se deja a sí mismo en el último lugar y no hace valer su ministerio, aunque no dudará en decir que

“yo soy el más insignificante de los apóstoles: no capaz de ser llamado apóstol, por haber perseguido a la iglesia de Dios. Por la gracia de Dios, soy lo que soy; y la gracia de Dios en mí no fue hecha vana. Antes bien, he trabajado más que todos ellos. Pero no yo, sino la gracia de Dios con (syn)-migo” (9-10).

No es Pablo el que cuenta, una vez más, sino la gracia (palabra repetida 3 veces en la unidad). Hecho este breve paréntesis sobre su ministerio, vuelve a los testigos del resucitado y vuelve al comienzo de la unidad: “esto predicamos (keryssô) y en esto creyeron”. Si no lo guardan (katéjete) como fue predicado, han creído en vano (v.2).
Bastante se ha trabajado últimamente sobre las relaciones de Pablo con Jesús que no podemos explicitar aquí, [17] pero señalemos que muchos tienden hoy a afirmar que este breve compendio pascual no debe entenderse como un “todo” sino más bien como un “resumen” del ministerio del Jesús histórico. En una suerte de “condensación narrativa”. [18] No se trataría, entonces, de limitarse al reducido momento pascual, sino de predicar al mismo Jesús, concentrándose en el momento de la resurrección, precisamente porque es el tema circunstancial de discusión. Los contactos entre Pablo y Jesús se revelan hoy mucho más estrechos de lo que Bultmann afirmaba. Nuevamente Pablo predica a Cristo, y la fe de los creyentes es el objetivo de dicha predicación.

El capítulo 9 de la carta es un fragmento problemático ya que no hay consenso en si debe tenérselo como un añadido, o en continuidad con lo que viene desarrollando. Obviamente que hay una cierta relación entre el cap. 9 y el cap. 8, pero si fue añadido lo fue “allí” precisamente por esa razón. El tema parece desplazarse de la pregunta acerca de si se puede o no comer carne ofrecida a los ídolos, a un debate sobre el apostolado. [19] Y particularmente el de Pablo. Dentro de este punto, Pablo –hablando de sí mismo- insiste en que su actitud fue “evangelizar” (vv.16.18). Pero es interesante notar que parece haber un tema subyacente. “Evangelizar no es para mí motivo de jactancia, (kaújêsis)”. Acaba se señalar que se “jacta” de no haber hecho uso de ninguno de los derechos que tiene como apóstol a ser mantenido por la comunidad. Se jacta de esa debilidad, y no quiere que sea “aniquilada” (kenoô), y por ello trabaja con sus manos. Por eso lo sintetiza repitiendo “¿cuál es mi recompensa? Que (hina) evangelice entregando sin-cobro el evangelio, no haciendo uso de mi poder (exousía) en el evangelio”, de ese modo Pablo se hace “débil con los débiles” (v.22). Como se ve, nuevamente Pablo se pone en el último lugar, para que resalte el Evangelio. El trabajo manual, razón por la cual es criticado y cuestionada su apostolicidad, que ya habíamos visto en 1 Tes, es una expresión visible de esta debilidad, pero a su vez de su dedicación apostólica. [20]

En el capítulo 1, Pablo enfrenta las divisiones que se han producido en la comunidad, o algunos sectores, conformándose “partidos” de Pablo, de Apolo, de Cefas, de Cristo… y es posible que la causa primera de estas divisiones haya sido el contraste entre predicaciones: [21] la predicación de Pablo (débil, tímido y tembloroso, 2,1; de “palabra despreciable” 2 Cor 10,10) debería contrastar notablemente con la “elocuencia” de Apolo. Y esto quizás haya dado origen al tema de la “sabiduría” y la “predicación” en esta unidad. Notemos, de paso, que Pablo no parece enfrentar –no al menos en esta parte- a este o aquel grupo sino el hecho de que los haya. Es posible que el tema del bautismo se introduzca al comienzo del debate precisamente por ser este el que provoca la “unidad en Cristo”, pero Pablo afirma claramente que Cristo no lo envió a bautizar sino a evangelizar (1,17), pero no cualquier predicación, sino una que no haga “nada” (kenoô) la cruz. Palabra que es locura para los que no acceden a la fe. Acá radica, entonces, la predicación de Pablo en esta unidad: “predicamos a Cristo (o a “un cristo/mesías”) crucificado” (v.23). El contraste está dado, entonces entre la predicación sabia, que provoca adhesiones superficiales y engendra “partidos” y la predicación de la cruz. Es aquí que comienza a contrastar entre la cruz y lo que esta provoca en el medio ambiente, y lo que el mismo medio ambiente pretende: signos los judíos, sabiduría los griegos. [22] Es interesante el doble contraste: por una parte, la cruz es lo opuesto de esto en ambos grupos: locura para los que buscan sabiduría, piedra de tropiezo para los que buscan signos en los que encontrar seguridad. El segundo contraste, que es central en el pensamiento paulino, como lo venimos viendo, radica en que “la locura de Dios es más sabia que los hombres y la debilidad de Dios es más fuerte que los hombres” (v.25). Nuevamente el Evangelio aparece en la debilidad de la predicación, en este caso, del contenido de la predicación: la cruz. Pero es el obrar de Dios y no las cualidades o intenciones de los evangelizadores lo que alcanza sus frutos de fe. Precisamente esta misma debilidad se ve en el seno de la comunidad (1,27: “pues lo loco del mundo eligió Dios para avergonzar a los sabios, y lo débil del mundo eligió Dios para avergonzar a los fuertes”). El objetivo precisamente tiene que ver con la kaújêsis: jactarse en las capacidades, en la sabiduría, en la propia fuerza sólo lleva a exaltarse, engrandecerse, en suma, a poner la confianza en las propias capacidades; mientras que jactarse en la debilidad, en el trabajo manual como manifestación de la propia necesidad, jactarse en la necesidad de Dios, eso sí edifica ya que Dios es el que aparece en primer lugar, y no “otro que no es Dios”, (con lo que entramos en el territorio de la idolatría). [23] “El que se jacte, que se jacte en el Señor” (1,31). Por eso el mismo Pablo se presenta como uno “débil” (2,3) y no fue con el “prestigio de la sabiduría”, su “palabra y predicación” (logos kai kêrigma) no confiaron en la propia capacidad sino en el poder del Espíritu, así, la fe (objetivo de la predicación) no se funda en sabiduría humana sino en el poder de Dios (2,5).


Carta 2ª a los Corintios

La unidad de 2 Cor es todavía más debatida que Filipenses, y no es fácil saber cómo se fue gestando nuestra carta actual, si nos encontramos ante un conjunto de escritos. Por cierto, el clima de 10-13 es bastante más conflictivo que 1-7 (8 y 9 parecen dos billetes sobre la colecta), hasta el punto que algunos han querido ver aquí la perdida carta de lágrimas. [24]

Detengámonos, entonces, en esta última parte antes de entrar en la primera; si 10-13 fuera la carta de lágrimas, sería cronológicamente anterior.

La unidad 10,15-16 está construida como un paralelismo que merece mirarse detenidamente; veamos el contexto:

«Nosotros, en cambio, no nos jactaremos (kaújeomai) desmesuradamente (a-metron); sino según la medida (metron) de la norma (kanon) que Dios mismo nos ha asignado como medida (metron) al hacernos llegar (efikneomai) lejos (ajri) también hasta ustedes. Porque no llegamos (efikneomai) hasta ustedes traspasándolos, tan lejos (ajri), pues hasta ustedes fuimos con el Evangelio de Cristo. No nos jactamos (kaújeomai) desmesuradamente (a-metra) de los trabajos de otros; sino que esperamos, mediante el crecimiento (auxanô) de la fe de ustedes, engrandecernos (megalynô) en ustedes conforme a nuestra norma (kanon) cada vez más, extendiendo la evangelización (euaggelizô) a ustedes en lugar de jactarnos (kaújeomai) en otra norma (kanon). El que se gloríe (kaújeomai), gloríese (kaújeomai) en el Señor. Que no es confirmado el que a sí mismo se examina (dokimazô), sino aquel a quien el Señor confirma» (10,13-18).

Pablo sigue una medida, una norma que Dios mismo le ha asignado, y no acepta seguir otra. Y esta norma incluye a los corintios. Ciertamente esto es una defensa y un ataque. Muchos han cuestionado a Pablo, y él una vez más remite su apostolado directamente a Dios mismo, pero a su vez afirma que los que lo cuestionan no están siguiendo la norma que Dios ha impuesto. Una vez más, jactarse tiene una doble posibilidad según en qué se jacte uno. [25] Al Jactarse “en el Señor” se permite que sea él mismo el que obre, una vez más, la fe. Los corintios son el “hacia donde” Dios ha querido que Pablo llegara, (y que no llegaran sus adversarios, se puede agregar). Una vez más la fidelidad al llamado de Dios y su encargo, y una vez más con el objetivo de la fe de los destinatarios, Pablo llega a “predicar”.

Recordemos lo dicho en Gal: Pablo les cuestiona que ante otros predicadores, los corintios aceptan tranquilamente a quienes predican otro Jesús, otro espíritu y otro evangelio (11,4). Precisamente, como en Gal, acaba de señalar que él predica lo que Dios le ha encargado y según su “kanon”, mientras que los adversarios cambian totalmente la predicación del Apóstol. Pero más que los adversarios en sí mismos, a semejanza de lo dicho en Filipenses, lo que preocupa a Pablo es la reacción de los oyentes, aunque mientras allí Cristo era “conocido”, aquí “toleran” otro Cristo, otro espíritu y otro Evangelio.
Pero nuevamente retoma la idea de la predicación gratuita: “¿tengo la culpa porque me humillé para ensalzarlos a ustedes evangelizándoles el evangelio sin costo?”. La gratuidad y la debilidad del predicador, su “abajamiento” que “eleva” son para Pablo el “test” de la fidelidad al Evangelio, y –precisamente- de la no-fidelidad de los otros predicadores, que cobran y explotan a los corintios sin que ellos se quejen por eso. El enojo de Pablo con la comunidad pretende que ellos reciban lo que han escuchado (desobediencia/obediencia, 10,6, parakoê/hypakoê). Pero parece que la característica superficialidad de los corintios les impide reconocer en la debilidad un signo del evangelio, mientras que parecen reconocerlo en estos “super-apóstoles” (11,5; 12,11). Pablo les recordará que “yo no busco sus cosas sino a ustedes mismos” (12,14), porque no los explotó (12,17) y “gastará y se desgastará” (12,15) a favor de los corintios.

En la primera parte de la carta, destaca que “Pablo, Silvano y Timoteo” predicaron (keryssô) al Hijo de Dios, que es un “sí” a Dios (1,19). Pero esto está dicho a raíz de que alguno/s en Corinto parece/n haber cuestionado a Pablo por faltar a su palabra (¿por no haber ido a Corinto como había anunciado?); en 4,5 repite que “no nos predicamos (keryssô) a nosotros mismos sino a Cristo Jesús como Señor y a nosotros como esclavos de ustedes por Jesús”. Es notable que el contraste señor-esclavo no tiene la misma dirección. Si Cristo es Señor, sería razonable que dijera “esclavos de él” pero dice “esclavos de ustedes”. Pablo reconoce a Cristo como Señor y esto lo hace esclavo de los destinatarios del anuncio del Evangelio. Finalmente, en 7,15 Pablo se ha “jactado” (kaújeomai) de los corintios ante Tito, y su actitud ha dado frutos. Lo que Tito ha reconocido, al llegar donde Pablo, es la “obediencia” (hypakoê) que le han manifestado.

Como se ha venido notando en las dos cartas a los Corintios, Pablo marca una estrecha relación entre el evangelizador y el evangelio. Ciertamente no se identifican, pero la “transparencia” que debe manifestar el evangelizador permite que resplandezca el evangelio. Tal es la razón de la debilidad, y ese es el motivo por el que la misma actitud de “predicar” lo lleva a Pablo a una vida y ministerio cada vez más identificado con lo que predica, en este caso, la debilidad y la cruz. [26] Pablo se identifica de tal modo con el evangelio que su vida es un “sí” porque el Hijo de Dios es un “sí” a Dios; Pablo desaparece hasta volverse “humilde” y “esclavo” de los corintios. Su ministerio “crucificado” resalta particularmente en esta carta en la que “evangelizador” y “evangelio” se interrelacionan profundamente.

Carta a los Romanos

La carta a los romanos tiene una serie de peculiaridades que no podemos destacar aquí. Pablo se presenta como “separado” para el Evangelio de Dios (1,1), da culto “en mi espíritu” y “en el Evangelio de su Hijo” (1,9). Pero Pablo, que se debe a todos, quiere llevar el Evangelio a Roma (1,15), Evangelio en el que Pablo no se avergüenza (1,16).
Sin embargo, después de esta introducción, Pablo no retoma las ideas de predicación, escucha o evangelización hasta la parte exhortativa (12-15.16), y la unidad donde reflexiona sobre Israel (9-11).

En el cap. 15 Pablo comienza a despedirse, y señala una serie de elementos que ya conocemos:

«Tengo, pues, de qué jactarme (kaujêomai) en Cristo Jesús ante Dios. Pues no me atreveré a hablar de cosa alguna que Cristo no haya realizado por medio de mí para conseguir la obediencia (hypakoé) de los gentiles, de palabra y de obra, en virtud de signos y prodigios, en virtud del Espíritu de Dios, tanto que desde Jerusalén y su comarca hasta Iliria he dado cumplimiento al Evangelio de Cristo; teniendo así, como punto de honor (filotymêomai), no evangelizar sino allí donde el nombre de Cristo no era aún conocido, para no construir sobre cimientos ya puestos por otros, antes bien, como dice la Escritura: Los que ningún anuncio recibieron de él, le verán, y los que nada oyeron, comprenderán». (15,17-21)

El Evangelio es predicado para alcanzar la “obediencia” (respuesta a la escucha), pero Pablo no quiere correr el riesgo de que “otro evangelio” haya sido puesto en los cimientos de una comunidad, por eso quiere ser él quien lo haga. Descubrimos así, al final de su ministerio un criterio que guía a Pablo, probablemente después de los numerosos conflictos con otros anunciadores del Evangelio.
Ya en el saludo final (cap. 16) Pablo se alegra por la “fama”, la obediencia “ha llegado a un punto” (única vez en el NT) que alegra a Pablo.
Esta “obediencia” tiene su origen en la obediencia de Cristo, que contrasta con la “desobediencia” de Adán (5,19). El contraste entre “el uno Adán” y “el uno Cristo” y su efecto sobre “todos” es central en la unidad, y esa actitud contrastante está marcada por la obediencia o no a Dios, justicia o pecado. Es esa obediencia de Cristo la que a todos los constituye “justos”. De otro modo señala que hay una “obediencia para el pecado” y una “obediencia para la justicia” (6,16).

Pero detengámonos en la unidad que es fundamental para comprender el sentido de la predicación paulina en la carta a los romanos. Se trata de la unidad 10,14-17.
Pablo está preocupado por la suerte de Israel que no ha reconocido al Señor. A esto dedica todos los capítulos 9 a 11 de la carta. Pero Pablo es predicador a los paganos; sin embargo, a estos y a los judíos quiere invitarlos a reconocer al Señor, « Porque, si confiesas con tu boca a Jesús Señor y crees en tu corazón que Dios le resucitó de entre los muertos, serás salvado. » (10,9), por eso no hay distinción –ante Dios- entre judío y griego, uno es el Señor de todos, “todo el que invoque el nombre del Señor se salvará”.

«Pero ¿cómo invocarán a aquel en quien no han creído? ¿Cómo creerán en aquel a quien no han oído (êkousan)? ¿Cómo oirán (êkousan) sin que se les predique (kêrissô)? Y ¿cómo predicarán (kêrissô) si no son enviados (apostellô)? Como dice la Escritura: ¡Cuán hermosos los pies de los que evangelizan (euaggelizomai) el bien! Pero no todos obedecieron (hypakouô) al Evangelio. Porque Isaías dice: ¡Señor!, ¿quién ha creído a lo que han escuchado (akoê) de nosotros? Por tanto, la fe viene de la audición (akoê), y la audición (akoê), por la palabra de Cristo» (10,14-17).

A todos sin distinción, comenzando por los últimos (los paganos, los bárbaros, los insensatos, 1,14.16) se dirige Pablo. [27] Para eso es enviado (apostellô) a fin de conseguir la fe de los destinatarios. Fe que es recepción de la palabra y respuesta. Si la fe es, para Pablo, el ámbito de la salvación, si “todos” se salvan “por la fe”, Pablo se sabe llamado –incluso desde el seno de su madre- como profeta escatológico (Gal 1,15; Is 49,1.5-6; Cfr. Jer 1,5), a anunciar a todos el Evangelio, la buena noticia, aunque hay que repetir que el evangelizador no es lo que cuenta para él, y éste debe desaparecer en el mensaje. Por eso Pablo se manifiesta “celoso” de aquellos que anuncian “otro” evangelio, y dolido por la fe “adulterada” a la que llevan a sus comunidades con esta predicación interesada, sea en conservar los esquemas tradicionales de la circuncisión, negados a la novedad, sea en conseguir ser mantenidos por las comunidades. Esa no es fe verdadera, sino “otra” y por eso Pablo reitera una y otra vez su “predicación original”.

No es casualidad sino objetivo preciso de Pablo en esta carta que los gentiles alcancen la “obediencia de la fe”, palabras con las que abre y cierra la carta (1,5; 16,26).

A modo de síntesis

A modo meramente de resumen, notemos algunos elementos que parecen centrales en el “anuncio” paulino, no tanto en cuanto al contenido, sino al modo de anunciar”.

Como hemos visto en 1 Tes, 1 Cor, y 2 Cor Pablo pretende expresamente que el Evangelio sea predicado gratuitamente. Nada debe obstaculizar que se “vea” la gratuidad del contenido de la predicación. Y es evidente que siempre es posible que la persona del predicador sea un obstáculo, sea por la elocuente o la pobre capacidad del evangelizador. Pero el signo de la predicación gratuita es para Pablo un punto demasiado importante como para no notarlo. [28] Es evidente que para un fabricante de carpas, detenerse en cruces de caminos o puertos es tener trabajo seguro. Además, como es habitual en Oriente, detenerse “todo el tiempo del mundo” a conversar con clientes y vecinos mientras se reparan carpas, o se cosen remiendos, es una ocasión apropiada para la evangelización. Así, el oficio de Pablo no sólo le permite mantenerse para poder predicar sin pretender nada a cambio (gratuidad), sino que también es ocasión evangelizadora para que desde los lugares donde las caravanas se detienen, pueda predicar y lograr que la palabra se extienda más y más por los caminos del Imperio. No debemos descuidar lo interesante que es la insistencia en este tema en la carta a los Corintios, ya que –curiosamente- Pablo acepta con frecuencia aportes de los filipenses, a pesar de ser éstos pobres (Cfr. 2 Cor 8,2 y Fil 4,15-16) y no de los corintios, que parecen tener gente de dinero en la comunidad. [29] Es muy posible que esto haya sido cuestionado por muchos corintios, y a raíz de esto le hayan cuestionado –incluso- su ser apóstol por no hacer lo que Jesús había señalado (Cfr. Mt 10,10). Señalemos, al menos, que la predicación paulina parece inseparable de su trabajo manual, no solo como otro medio de evangelización sino, sobre todo, como signo evidente de la gratuidad de la predicación. [30]

Es notable que –aunque el término no sea muy frecuente en sus cartas- [31] es característico en Pablo, la libertad para hablar que se expresa con el término “parrêsía”. La libertad, a su vez, es expresada con otros términos como eleuthería y también exousía. [32] Ciertamente una es la libertad, entendida como “libres de la ley” (eleuthería), muy frecuente en Gálatas, y en contraste con la ley o la “esclavitud” o entendido como “capacidad”, “poder/posibilidad” o “derecho” (exousía). En este sentido, aunque parrêsía no sea frecuente, sí merece una breve atención. En relación a las personas o a Dios, denota libertad, confianza, osadía. Las citas de 2 Cor muestran la relación de Pablo y la comunidad (3,12; 7,4), Pero miremos brevemente los textos de Filipenses y Filemón. En Fil 1,20 Pablo ha hablado de que sea como fuere, por hipocresía o por sinceridad, Cristo es anunciado (v.18). Pero por las oraciones de la comunidad y la asistencia del espíritu de Jesús Cristo, según lo que piensa y espera no será avergonzado porque con toda parrêsía, siempre y ahora Cristo será exaltado en su cuerpo (encarcelado) sea que viva o sea que muera (v.20). Una vez más, Pablo está “en el medio” entre Cristo, de quién busca que sea exaltado, y la comunidad. Pablo sabe confiadamente, osadamente, libremente, que su “vida es Cristo” (v.21). Por eso no se preocupa por su futuro, vida o muerte. Cristo y la comunidad son lo que cuentan, y eso le da a Pablo, libertad, ya que vivo evangelizaría para “progreso de la fe” de los filipenses (v.25), y muerto daría testimonio además de encontrarse con Cristo (v.23). En Flm 8, Pablo pretende “convencer” a Filemón con respecto a Onésimo, como lo hemos dicho. La posición de Pablo con respecto a Filemón lo ubica con autoridad para mandar (parrêsía), pero prefiere “exhortar”. Nótese que el apostolado paulino, e incluso la relación de Pablo con Filemón, seguramente uno a quién Pablo ha predicado y “engendrado” (v.19, Cfr.10), le daría “poder” para “mandar”, pero Pablo sabe que el amor es gratuito, y no puede ser “mandado”, pero que en caso de existir, va mucho más allá de lo “pedido” (v.21). Pablo, en este caso, renuncia a la libertad pero a fin de conseguir más, nuevamente en nombre de la gratuidad; pero esto no ha impedido a Pablo desplegar con plena “libertad” su discurso a fin de convencer a Filemón. [33] No debemos dejar de lado que la libertad para predicar con la que Pablo habla, provoca todo tipo de persecuciones y tribulaciones de parte de diferentes grupos. La prisión en Filipos y al escribir a Filemón es un buen testimonio de esto, pero no impide a Pablo desplegar esa libertad plenamente y con audacia.

Pero, como hemos visto, Pablo sólo pretende que aparezca Cristo, que sea conocido y aceptado (= fe). Cristo y la comunidad son los dos puntos principales de la predicación. Pablo se ve como un simple intermediario: Cristo es predicado, los destinatarios son a quienes se les predica. Poner al predicador en el centro sería un desatino, una “necedad” como ha ocurrido con los “partidos” corintios. Dos términos –con frecuencia interrelacionados- ayudan a ver esto en su dimensión. El término “jactancia”, kaújêsis ya lo hemos destacado, sólo anotemos que para Pablo es absurdo jactarse en las propias capacidades o cualidades, porque “¿qué tienes que no lo hayas recibido?” (1 Cor 4,7), como es absurdo jactarse en la propia fuerza, en la pertenencia a Israel, sólo tiene sentido jactarse cuando la razón de la jactancia es la fuerza de Dios, la obra de Cristo, el dejar obrar la gracia, “el que se jacte, que se jacte en el Señor” (1 Cor 1,31; 2 Cor 10,17). Pablo, por ejemplo, lo afirma claramente: “si hay que jactarse, me jactaré en mi debilidad” (2 Cor 11,30; 12,5). Es que precisamente es en la “debilidad” (asthéneia) donde Pablo manifiesta claramente dónde radica su fortaleza. No en su capacidad, no en su predicación y elocuencia, no en su celo y entusiasmo apostólico, sino en su debilidad. Es en esta debilidad en la que se vuelve patente la gracia ya que así Pablo se asemeja a la debilidad del crucificado. El tema del apóstol “crucificado” y débil presentado en 1 Cor 2,1-5 (“débil… poder de Dios”) pasa a ser tema principal en 2 Cor 4,7-12; 6,4-10; 11,23-30 porque Pablo tiene claro que lo que cuenta es la gracia y Cristo le dijo que “mi fuerza es plena en la debilidad” por lo que se jactará en la debilidad para que habite en él la fuerza de Cristo (2 Cor 12,9). Con firmeza Pablo les recrimina a los corintios que “quieren pruebas de que en mí habla Cristo, quien para ustedes no es débil sino fuerte entre ustedes, pues fue crucificado por la debilidad, pero vive por la fuerza de Dios. Así también nosotros somos débiles en él, pero viviremos con él por la fuerza de Dios sobre ustedes” (2 Cor 13,4-5). La relación debilidad – fuerza también se corresponde estrechamente con la cruz y la resurrección, y la debilidad que Pablo muestra en su predicación manifiesta la fuerza de Dos en la medida en que Pablo no se ponga en primer lugar sino, precisamente, su debilidad. Sólo mostrándose débil Pablo permitirá que se manifieste la fuerza de Dios, es decir, su gracia y así Cristo sea conocido y aceptado (= fe). [34]

Todo esto nos remite, como es evidente, a la cruz de Jesús, tema central en el pensamiento de Pablo. Ciertamente no hay cruz sin resurrección para el Apóstol, pero la cruz no puede perder su dimensión de “escándalo”, cosa que parece oscurecerse cuando muchos pretenden que “aparezca” la fuerza de Apolo, de Pablo, de Cefas… Es la debilidad de la cruz, escándalo y necedad la que permitirá que Jesús sea conocido. Pero también es cierto que hay quienes se comportan como “enemigos” de la cruz (Fil 3,18) porque al predicar “otro evangelio”, como es el de la circuncisión, hacen “vana” la muerte de Jesús (Ga 2,21). La cruz, para Pablo, es más que su predicación (1 Cor 1,23), es también su dinámica evangelizadora: “débil, tímido y tembloroso” para no saber sino a “Jesucristo, y este crucificado”, para que en la predicación que no se afirma en “persuasivos discursos” sea demostración del “espíritu y el poder” y así, “la fe” se funde no en “sabiduría humana” sino en “fuerza de Dios” (1 Cor 2,1-5). Los signos de la cruz, en especial la debilidad, marcan la vida, y la predicación del apóstol y son su “sello”: “Llevamos siempre en nuestros cuerpos la muerte de Jesús, para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestro cuerpo. Pues, aunque vivimos, somos continuamente entregados a la muerte por Jesús, para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestra carne mortal. Así la muerte actúa (energeitai) en nosotros, y en ustedes la vida”. (2 Cor 4,10-12; son las “características del apóstol”, 12,12). Pablo se presenta, así como un predicador crucificado, marcado con los signos de la cruz. [35]

Señalemos, finalmente, que el tema del Bautismo parece ser un tema que también recorre transversalmente toda la predicación paulina como lo hemos señalado en otra parte. [36] No solamente por la estrecha relación bautismo – fe (el objetivo de la primera predicación de Pablo), sino por el efecto que el bautismo provoca. Es probable que el frecuentísimo “en Cristo”, que tanto atraviesa la teología de Pablo remita a un “estar en” precisamente por “estar sumergidos” en Cristo, por tanto una estrecha unión con Él. Obviamente también nos remite al bautismo el uso de “syn”, ya que el obrar y vivir “con Cristo” alude a este “estar”. Ciertamente relacionado con todo lo que venimos diciendo, estando “en Cristo” y obrando “con Cristo”, es siempre Cristo el que aparece en primer lugar, lo que elimina toda capacidad o posibilidad de jactancia. Podríamos decir que en cierta manera el (los) bautizado (s) desaparece y aparece Cristo, sumergiéndonos en los tiempos nuevos, escatológicos con la donación del espíritu. En ese sentido debe entenderse “Cristo que vive en mi” (Ga 2,20), lo cual da un profundo sentido antropológico (y ayuda a entender por qué “en Cristo”, por el bautismo, “ya no hay” ni judíos, ni griegos…” (Ga 3,27-28) siendo todos “uno en Cristo Jesús”. Hay una nueva humanidad escatológica “en Cristo”, lo que hace insostenible toda división. [37] Ya hemos señalado que probablemente en este tema del bautismo se encuentra la síntesis de los temas principales de la teología paulina, lo cristológico, lo eclesiológico, escatológico y antropológico. [38] Es verdad que el bautismo oficia como una suerte de gozne, ya que toda la predicación primera de Pablo apunta, tiene como objetivo –como lo hemos dicho- la fe, y quienes acceden a la fe reciben el bautismo. Por tanto, la alusión al bautismo en las cartas ya está dirigida a creyentes, pero el bautismo es el punto de partida. Aunque no sea Pablo el que bautiza (“no me envió Cristo a bautizar sino a predicar el Evangelio”, 1 Cor 1,17), es cierto que en la predicación “engendra” (Flm 10; 1 Cor 4,15), y en el bautismo, unidos a la muerte, resurgimos a una vida nueva (Rom 6,1-11), a una vida “en Cristo”. [39] La vida de los bautizados (indicativo – imperativo) manifiesta visiblemente los frutos de la predicación de Pablo, los frutos de la gracia y se transforma, asimismo, también ella en evangelizadora (1 Tes 1,8; Rom 1,8).

Bibliografía:

Balz, Horst – Schneider, Gerhard (eds.), Diccionario Exegético del Nuevo Testamento (2 vols.). Salamanca: Sígueme, 1998 [DENT]
Balz, Horst. « parrêsía », DENT II, 802-811
Barbaglio, Giuseppe. La teología de San Pablo, Salamanca: Secretariado Trinitario, 2005
Barbaglio, Giuseppe. Pablo y Jesús, Salamanca, Secretariado Trinitario 2009
Basley-Murray, George R. “Bautismo”, DTNT I (19903), 160-168
Baumert, Norbert. “San Paolo: La libertà nello Spirito Santo”, Civiltà Cattolica I/2009, 430-443
Bieder, Werner. “baptizô”, DENT I, 573-585
Bultmann, Rudolf. « La signification de Jésus historique pour la théologie de Paul », en Foi et compréhension (tome 1) Paris : Seuil, 1970
Brandenburger, Egon. “cruz”, DTNT I (19903), 357-368
Cambier, Jules. “Pablo y la tradición”, Conc 20 (1966) 461-477
Coenen, Lothar – Beyreuther, Erich – Bietenhard, Hans, Diccionario Teológico del Nuevo Testamento (4 vols.), Salamanca: Sígueme, 19903-19903-19933-19943 [DTNT]
Comblin, Joseph. “Paolo e a cruz de Jesus”, RIBLA 20 (1995) 54-61
Cook, John G. "Crucifixion and Burial”, NTS 57 (2011) 193 – 213
Corsani, Bruno. “Forza e Debolezza nella Vita e Pensiero di Paolo”, ib. 147-159
Cullmann, Oscar. Baptism in the New Testament, SCM Press, 1961
Donfried, Karl P. (ed.). The Romans Debate, Edinburgh: T&T Clark, 1991
Ellington, Dustin W. “Imitating Paul’s Relationship to the Gospel: 1 Corinthians 8,1-11,1”, JSNT 33 (2011) 303-315
Ellis, E. Earle. “Traditions in 1 Corinthians”, NTS 32 (1986) 481-502
Finney, Mark T. “Honor, Rhetoric and Factionalism in the Ancient World: 1 Corinthians 1-4 in Its Social Context”, BTB 40 (2010) 27-36
Finney, Mark T. “Christ Crucified and the Inversion of Roman Imperial Ideology in 1 Corinthians”, BTB 35 (2005) 20-33
Gil A., Carlos. “El imperio romano frente a Pablo: el poder y la cruz”, Letras de Deusto 39 (2009) 39-57
Goodrich, John K. “Erastus, Quaestor of Corinth: The Administrative Rank of ὁ οἰκονόμος τ ς πόλεως (Rom 16.23) in an Achaean Colony”, NTS 56 (2010) 90-115
Hahn, Hans Christoph. “Confianza, Valentía”, DTNT I (19903), 293-297
Hartman, Lars. “Baptism”, en Freedman, David N (ed.), Anchor Bible Dictionary I, New York, Bantam Doubleday Dell Publishing Group, Inc., 1992, 583-594
Heath, Jane M. F. “Absent Presences of Paul and Christ: Enargeia in 1 Thessalonians 1-3”, JSNT 32 (2009) 3-38
Hunn, Debbie. “Pleasing God or Pleasing People? Defending the Gospel in Galatians 1–2”, Bib 91 (2010) 24-49
Kittel, Gerhard, Friedrich, Gerhard, Bromiley, Geoffrey William (eds.). Theological Dictionary of the New Testament (10 vols.), Michigan: Wm. B. Eerdmans Publishing Company, 1966-1976 [TDNT]
Kuhn, Heinz W. “staurós”, DENT II, 1476-1490
Kwon, Oh-Young. “A Critical Review of Recent Scholarship on the Pauline Opposition and the Nature of its Wisdom (σοφία) in 1 Corinthians 1–4", Currents in Biblical Research 8 (2010) 386-427
Lawrence, Jonathan D. Washing in Water. Trajectories of Ritual Bathing in the Hebrew Bible and Second Temple Literature, Brill, Leiden - Boston, 2006
Legasse, Simon. “Etre baptisé dans la mort de Christ”, RB 98 (1991) 544-559
Link, Hans Georg. “debilidad”, DTNT II (19903), 9-11
Lona, Horacio. “La comprensión paulina de la libertad en el marco de la cultura antigua”, en Carisma y Libertad: tres estudios sobre San Pablo, Buenos Aires: Colección Estudios Proyecto, 1993, 53-81
Oepke, Albrecht. “baptô”, TDNT I (1964), 527-544
Pahl, Michael W. “The ‘Gospel’ and the ‘Word’: Exploring Some Early Christian Patterns”, JSNT 29 (2006) 211-227
Pascuzzi, Maria. “Baptism-based Allegiance and the Divisions in Corinth: A re-examination of 1 Corinthians 1,13-17”, CBQ 71 (2009) 813-829
F. Pastor Ramos, Para mí, vivir es Cristo. Teología de San Pablo. Persona, experiencia, pensamiento, anuncio, ed. Verbo Divino, Navarra 2010
Pesce, Mauro. “Christ did not send me to baptize but to evangelize (1 Cor 1,17a)”, L. De Lorenzi (ed.), Paul de Tarse, Apotre du notre temps, (FS Paolo VI) Rome (1979) 339-362
Rodríguez Carmona, Antonio. “Libertad cristiana en Pablo”, Proyección 234 (2009) 265-283
Schlier, Heinrich. “parrêsía”, TDNT V (1968), 871-886
Schmisek, Brian. “Paul’s Vision of the Risen Lord”, BTB 41 (2011) 76-83
Schnackenburg, Rudolf. Baptism in the Thought of Paul, Herder 1964
Schneider, Johannes. “staurós”, TDNT VII (1971),572-584
Schnelle, Udo. Apostle Paul. His Life and Theology, Baker Academic, Michigan 2005
Schnelle, Udo. “Chronicles, The Letter to the romans, Colloquium Biblicum Lovaniense VI (2007)”, ETL 83 (2007) 551-561
de la Serna, Eduardo. “El pueblo crucificado. Aspectos bíblicos”, Proyecto 33 (1999) [en Homenaje a Ignacio Ellacuría] 115-141
de la Serna, Eduardo. “El lugar de la mujer en los escritos de Pablo”, en ‘Donde está el Espíritu, está la libertad’. Homenaje a Luis H. Rivas con motivo de sus 70 años” (E. de la Serna - J. L. D’Amico, coords.) (Buenos Aires 2003) 379-407
de la Serna, Eduardo. “La Segunda Carta de Pablo a los Corintios”, en Comentario Bíblico Latinoamericano, A. Levoratti (dir.) (Verbo Divino, 2003) 859-894
de la Serna, Eduardo. “La Justificación por la fe. Una mirada teológica del trabajo paulino”, RevistB 68 (2006) 101-115
de la Serna, Eduardo. “La idolatría en 1 Corintios, ¿una clave de interpretación?”, en V. M. Fernández – C. M. Galli (eds.) “Testigos… y servidores de la palabra” Lc 1,2. Homenaje a Luis Heriberto Rivas, San Benito, Buenos Aires 2008, 111-134
de la Serna, Eduardo. “Aproximación a la teología paulina”, Theologica Xaveriana, vol. 58, Nº. 165 (2008).51-86
de la Serna, Eduardo. “La figura de Pedro en los escritos de Pablo”, RevistB 70 (2008) 133-171
de la Serna, Eduardo. ¿Dios es imparcial? Una lectura clave de la Carta a los romanos. Buenos Aires, Guadalupe, 2010.
Stählin, Gustav. “astenês”, TDNT I (1964),488-492
Thiselton, Anthony. The Living Paul. An Introduction to the Apostle’s Life and Thought, IVP Academic, Illinois, 2010
Trakatellis, Demetrios. “Power in Weakness: Exegesis of 2 Cor 12,1-13”, en Verteidigung und Begründung des apostolischen Amtes (2 Kor 10-13), herausgegeben von Eduard Lohse (1992), "Serie monographica di Benedictina, sezione biblica-ecumenica", 65-86
De Virgilio, Giuseppe. “La debolezza come categoria teologica in 1-2 Corinzi”, RivBib 58 (2010) 67 – 100
Wilk, Florian. “Ruhm coram Deo bei Paulus?”, ZNW 101 (2010) 55-77
Weiss, Alexander. “Keine Quastor in Korinth: Zu Goodrichs (und Theissens) These über das Amt des Erastos (Rom 16,23)”, NTS 56 (2010) 576-581
Zmijewski, Josef. “astenês”, DENT I, 510-516


Notas

(1) Articulo de reflexión, desarrollado a partir de una conferencia sobre el tema, presentada en la Universidad Javeriana de Bogotá, el 2 de marzo de 2011, bajo el título “La Proclamación del Kerigma en la Teología Paulina”. Publicado originalmente en Theologica Xaveriana, vol. 61, Nº 172 (2011) pp. 509-536 (http://theologicaxaveriana.javeriana.edu.co/edicion.php?Ed=76&Cn=5).

(2) Licenciado en teología con especialización en Sagrada Escritura, Facultad de Teología de la Pontificia Universidad Católica Argentina (1986) y Doctor en Teología Espiritual, Pontificio Instituto del Teresianum (Roma, 1998). Docente de Nuevo Testamento en el Instituto Teológico “Fray Luis Bolaños”, en los profesorados de Ciencias Sagradas de los Padres Salesianos y del “Espíritu Santo”, en Buenos Aires.

(3) Bultmann, R. « La signification de Jésus historique pour la théologie de Paul, 211-239.

(4) F. Pastor Ramos, Para mí, vivir es Cristo. Teología de San Pablo. Persona, experiencia, pensamiento, anuncio, ed. Verbo Divino, Navarra 2010, 21-24: “hay un acuerdo muy extendido entre los especialistas de Pablo en que su vida y su pensamiento, su biografía y teología son inseparables”, 21.

(5) Donfried K. P. (ed.), The Romans Debate”, (hay edición aumentada y revisada 2005); aunque el tema sigue discutiéndose como se ve en Schnelle, U. “Chronicles, The Letter to the romans, Colloquium Biblicum Lovaniense 551-561.

(6) Sobre esto hemos trabajado en de la Serna, E. “Aproximación a la teología paulina”, Theologica Xaveriana, vol. 58, Nº. 165 (2008).51-86.

(7) Barbaglio, G. La teología de San Pablo: “… lo que tenemos es un teólogo in fasciendo … Es un teólogo in progress… Pretendo exponer la teología de Pablo presentando las teologías de cada carta, teologías en epístola…” (pp.9-10) El libro es una “síntesis concisa” del original italiano: “Teologia di Paolo. Abbozzi in forma epistolare” (1999, 20012).

(8) Pahl, M. W. “The ‘Gospel’ and the ‘Word’: Exploring Some Early Christian Patterns”, JSNT 29 (2006) 211-227

(9) El tema del “Evangelio” en los escritos de Pablo, es un tema muy amplio. Si bien en mucho aportaría a este trabajo, sería más extenso de lo que podemos en este espacio. Especialmente si intentamos un modo semejante al que aquí desarrollamos, de mirar en cada carta paulina el tema. Sobre esto, se ha escrito mucho. Cfr. entre lo reciente, R. Aguirre, “¿Cómo evangelizaba Pablo? Estrategias del anuncio evangélico”, Sal Terrae 85/5 (1997) 407-420; G. F. Downing “Paul's Drive for Deviants”, NTS 49 (2003) 360-371 (teniendo en cuenta el modelo cínico; como ya lo había señalado, sobre Gal 3, en “A Cynic Preparation for Paul's Gospel for Jew and Greek, Slave and Free, Male and Female”, NTS 42 (1996) 454-462); J. P. Dickson, “Gospel as News: euangel— from Aristofanes to the Apostle Paul”, NTS 51 (2005) 212-230; D. A. Couto, “Paulo, modelo de evangelizador”, Theologica 43 (2008) 317-373; y sobre perícopàs particulares, cf. A. Moreno García, “La pasión del Apóstol por el Evangelio como madre y padre (1 Tes 2,1-12)”, EstTrin 41 (2007) 543-558; D. Hunn, “Pleasing God or Pleasing People? Defending the Gospel in Galatians 1-2.”, Bib 91 (2010) 24-49. Como se puede ver -y lo señalaremos brevemente-, uno de los temas que amplía y quizás complica el tema del uso de evang– en Pablo es la relación (¿amable?, ¿conflictiva?, ¿anti-imperial?) con el ambiente grecorromano.

(10) Heath, J. M. F. “Absent Presences of Paul and Christ: Enargeia in 1 Thessalonians 1-3”, JSNT 32 (2009) 3-38.

(11) Hunn, D. “Pleasing God or Pleasing People? Defending the Gospel in Galatians 1–2”, Bib 91 (2010) 24-49.

(12) Cfr. de la Serna, Eduardo “La figura de Pedro en los escritos de Pablo”, RevistB 70 (2008) 133-171.

(13) El tema está en debate, y así Reumann J. (2008) propone Éfeso, Schnelle U. (2005), Roma y Thiselton A. (2010), Cesarea.

(14) Cfr. Cambier, J. “Pablo y la tradición”, Conc 20 (1966) 461-477; y más recientemente Ellis, E. E. “Traditions in 1 Corinthians”, NTS 32 (1986) 481-502.

(15) Sobre Pablo y la mujer hemos escrito en “El lugar de la mujer en los escritos de Pablo”, 379-407.

(16) Schmisek, B. “Paul’s Vision of the Risen Lord”, BTB 41 (2011) 76-83.

(17) A modo de ejemplo: Barbaglio, G. Pablo y Jesús, Salamanca, Secretariado Trinitario 2009; Thiselton, A. The Living Paul. An Introduction to the Apostle’s Life and Thought, 1-10.

(18) Cfr. Schnelle, U. Apostle Paul. His Life and Theology, 106.

(19) Sobre la perícopa, ver recientemente Ellington, “D. W. Imitating Paul’s Relationship to the Gospel: 1 Corinthians 8,1-11,1”, JSNT 33 (2011) 303-315.

(20) Cfr. de la Serna, E. “La Justificación por la fe. Una mirada teológica del trabajo paulino”, RevistB 68 (2006) 101-115.

(21) Kwon, Oh-Young. “A Critical Review of Recent Scholarship on the Pauline Opposition and the Nature of its Wisdom sofía in 1 Corinthians 1–4", Currents in Biblical Research 8 (2010) 386-427; Finney, M. T. “Honor, Rhetoric and Factionalism in the Ancient World: 1 Corinthians 1-4 in Its Social Context”, BTB 40 (2010) 27-36.

(22) Finney, M. T. “Christ Crucified and the Inversion of Roman Imperial Ideology in 1 Corinthians”, BTB 35 (2005) 20-33.

(23) Cfr. de la Serna, E. “La idolatría en 1 Corintios, ¿una clave de interpretación?”, 111-134.

(24) Sobre la carta y su integridad hemos trabajado en “La Segunda Carta de Pablo a los Corintios”, 859-894.

(25) Cfr. Wilk, F. “Ruhm coram Deo bei Paulus?”, ZNW 101 (2010) 55-77.

(26) Cfr. lo que hemos dicho en 2 Corintios, y también en “El pueblo crucificado. Aspectos bíblicos”, 115-141.

(27) Cfr. de la Serna, Eduardo. ¿Dios es imparcial? Una lectura clave de la Carta a los romanos. Buenos Aires, Guadalupe, 2010.

(28) De hecho también se refiere a él el discípulo que escribe 2 Tes (3,7-9) y Hechos (18,3; aunque en v.5 parece matizarlo).

(29) Como es el caso de Erasto, oikonomos, “cuestor” de la ciudad, Cfr. Rom 16,23; sobre él se ha escrito últimamente: Cfr. Goodrich, J. K. “Erastus, Quaestor of Corinth: The Administrative Rank of ho oikonómos tês póleôs (Rom 16.23) in an Achaean Colony”, NTS 56 (2010) 90-115; Weiss, A. “Keine Quastor in Korinth: Zu Goodrichs (und Theissens) These über das Amt des Erastos (Rom 16,23)”, NTS 56 (2010) 576-581.

(30) Cfr. de la Serna, E. “La Justificación por la fe. Una mirada teológica del trabajo paulino”, RevistB 68 (2006) 101-115.

(31) Lo encontramos sólo 4 veces: Flm 8; 2 Cor 3,12; 7,4; Fil 1,20.

(32) eleuthería (x7), eleutherós (x14), exousía (x17); el verbo exousiazô (x3) se usa en un sentido ajeno al tema.

(33) Schlier, H. “parrêsía”, TDNT V, 871-886; Hahn, H. C. DTNT I, 293-297; Balz, H. « parrêsía », DENT II, 802-811; Lona, “H. La comprensión paulina de la libertad en el marco de la cultura antigua”, en Carisma y Libertad: tres estudios sobre San Pablo, Colección Estudios Proyecto, Buenos Aires, 1993, 53-81; Rodríguez Carmona, A. “Libertad cristiana en Pablo”, Proyección 234 (2009) 265-283; Baumert, N. “San Paolo: La libertà nello Spirito Santo”, Civiltà Cattolica I/2009, 430-443.

(34) Stählin, G. “astenês”, TDNT I,488-492; Link, H. G. “debilidad”, DTNT II,9-11; Zmijewski, J. “astenês”, DENT I, 510-516; Cfr. Trakatellis, “D. Power in Weakness: Exegesis of 2 Cor 12,1-13”, en Verteidigung und Begründung des apostolischen Amtes (2 Kor 10-13), herausgegeben von Eduard Lohse (1992), "Serie monographica di Benedictina, sezione biblica-ecumenica", 65-86; Corsani, B. “Forza e Debolezza nella Vita e Pensiero di Paolo”, ib. 147-159; De Virgilio, G. “La debolezza come categoria teologica in 1-2 Corinzi”, RivBib 58 (2010) 67 – 100.

(35) .- Schneider, J. “staurós”, TDNT VII,572-584; Brandenburger, E. “cruz”, DTNT I,357-368; Kuhn, H. W. “staurós”, DENT II, 1476-1490; Cfr. Comblin, J. “Paolo e a cruz de Jesus”, RIBLA 20 (1995) 54-61; Gil A., C. “El imperio romano frente a Pablo: el poder y la cruz”, Letras de Deusto 39 (2009) 39-57; sobre el hecho histórico de la cruz y la sepultura Cfr. Cook, J. G. "Crucifixion and Burial”, NTS 57 (2011) 193 – 213.

(36) “Aproximación a la teología paulina”, 75-76.

(37) Es por eso que nos parece que Pablo incorpora el tema bautismal en el tema de los partidos (1 Cor 1,10), y no por que haya una relación bautizador – bautizado en la gestación de los partidos; es para destacar el escándalo que siendo bautizados se encuentren divididos.

(38) “Aproximación a la teología paulina”, 75.

(39) Cfr. los clásicos, O. Cullmann, Baptism in the New Testament, SCM Press, 1961; R. Schnackenburg, Baptism in the Thought of Paul, Herder 1964; Oepke, “baptô”, TDNT I, 527-544; G. R. Basley-Murray, “Bautismo”, DTNT I, 160-168; W. Bieder, “baptizô”, DENT I, 573-585; L. Hartman, “Baptism”, ABD I,583-594; S. Legasse, “Etre baptisé dans la mort de Christ”, RB 98 (1991) 544-559 ; M. Pesce, « Christ did not send me to baptize but to evangelize (1 Cor 1,17a) », L. De Lorenzi (ed.), Paul de Tarse, Apotre du notre temps, (FS Paolo VI) Rome (1979) 339-362 ; M. Pascuzzi, “Baptism-based Allegiance and the Divisions in Corinth: A re-examination of 1 Corinthians 1,13-17”, CBQ 71 (2009) 813-829; sobre el “bautismo” en el judaísmo, ver J. D. Lawrence, Washing in Water. Trajectories of Ritual Bathing in the Hebrew Bible and Second Temple Literature, Brill, Leiden - Boston, 2006.

jueves, 7 de febrero de 2013

La belleza de la fe, releída

La belleza de la fe, releída


Eduardo de la Serna


Algo de lo que ha hablado bastante el Papa en los últimos tiempos, que se repitió en el Sínodo de la Nueva Evangelización y –seguramente- estará reflejado en la inminente encíclica sobre la fe (que completaría la trilogía sobre la esperanza y el amor) es señalar la importancia de la “belleza de la fe”.
Ciertamente, el tema puede ser ambiguo, o generalizante. El Arzobispo de La Plata, por ejemplo, lo relacionó con la liturgia (y –por lo tanto- con una liturgia que debe ser bella; seguramente en contraste con “esos cantos apocalípticos” que se cantan hoy, como ya lo decía en homilías en 1973) [1]; otros lo han relacionado con el arte, y presentan a los artistas [2] como lo repitió el cardenal Ravasi, como a quienes “dan forma” esa “vía de la belleza” [3]. Pero también el texto –en el mensaje final del Sínodo: “Como la samaritana en el pozo”- remite a la belleza y la novedad del “encuentro con la persona de Jesús (n.3).
Me quiero permitir una reflexión sobre el tema, teniendo en cuenta lo que el mismo Sínodo afirma en su Mensaje Final [4]. Allí afirman los obispos:
Estamos, además, convencidos de que la fuerza del Espíritu del Señor puede renovar su Iglesia y hacerla de nuevo esplendorosa si nos dejamos transformar por Él. Lo muestra la vida de los santos, cuya memoria y el relato de sus vidas son instrumentos privilegiados de la nueva evangelización (n.5).
Del texto resulta evidente que para los obispos, la Iglesia hoy no es “esplendorosa”, como de hecho lo fue antes. No hay un análisis de cuándo dejó la Iglesia de ser esplendorosa, por qué dejó de serlo y (¿demasiado pedir?) quiénes son responsables o causantes de que haya dejado de ser esplendorosa. Pero lo cierto es que hoy la Iglesia no es esplendorosa. Dos elementos resaltan en el esplendor: (1) dejarse conducir por el Espíritu, y (2) la vida de los santos. Esto parece insinuar que la Iglesia –para sí misma- no se deja conducir por el Espíritu y que no es santa.
Es posible que para muchos –quizás para “Roma” misma- la Iglesia haya dejado de ser “esplendorosa” a partir del Vaticano II, que es responsable de la pérdida de Espíritu y Santidad, y que los “seleccionados” por la Curia romana para la nueva evangelización pueden poner los medios para desandar los caminos errados. Pero es evidente que esto no está dicho (y no puede decirse, aunque muchos lo crean y piensen).
Pero, ¿qué dice el mismo documento sobre esto?

A) El texto arriba citado donde alude a la “belleza” de la liturgia se encuentra en un párrafo donde “dice algo más”:

Hemos de constituir comunidades acogedoras, en las cuales todos los marginados se encuentren como en su casa, con experiencias concretas de comunión que, con la fuerza ardiente del amor, -“Mirad como se aman” (Tertulliano, Apologetico, 39,7) – atraigan la mirada desencantada de la humanidad contemporánea. La belleza de la fe debe resplandecer, en particular, en la sagrada liturgia, sobre todo en la Eucaristía dominical. Justo en las celebraciones litúrgicas la Iglesia muestra su rostro de obra de Dios y hace visible, en las palabras y en los gestos, el significado del Evangelio.(n.3)

Esa belleza, parece, entonces, la belleza de la “acogida”, no la de la “solemnidad”; un “hogar” para los marginados, un centro del amor, no del “resplandor”.

B) También se afirma:

El otro símbolo de autenticidad de la nueva evangelización tiene el rostro del pobre. Estar cercano a quien está al borde del camino de la vida no es sólo ejercicio de solidaridad, sino ante todo un hecho espiritual. Porque en el rostro del pobre resplandece el mismo rostro de Cristo: “Todo aquello que habéis hecho por uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí me lo hicisteis” (Mt 25, 40). A los pobres les reconocemos un lugar privilegiado en nuestras comunidades, un puesto que no excluye a nadie, pero que quiere ser un reflejo de como Jesús se ha unido a ellos. La presencia de los pobres en nuestras comunidades es misteriosamente potente: cambia a las personas más que un discurso, enseña fidelidad, hace entender la fragilidad de la vida, exige oración; en definitiva, conduce a Cristo. (n.12)
Esto nos parece invitar a una conclusión diferente: la Iglesia [5] ha perdido su resplandor cuando descuidó al pobre y cuando no fue “hogar” de los marginados. La frase de Tertuliano arriba citada sigue más adelante: “todo lo tenemos en común”, lo que no es evidente de la Iglesia contemporánea; como tampoco es evidente la presencia de los pobres en las comunidades,. Para ser preciso, me refiero a que no suele haber pobres en las reuniones episcopales (¿hubo pobres de todos los continentes invitados “a dedo” por el Papa al Sínodo, o a Aparecida?, por ejemplo. Ciertamente no [6]).
La idea del “resplandor”, en el mundo bíblico se asocia a la idea de “la gloria”, esto es “la manifestación de Dios”. Dios no se manifiesta –en la Biblia- en el arte y “lo bello” [7] sino en la historia. Dios nunca resplandece más que cuando su pueblo es capaz de vivir “el derecho y la justicia” que es aquello por y para lo que fue elegido por Dios. Y cuando su Hijo se hace presente entre los seres humanos: “manifestó su gloria”. La “encarnación”, la “Palabra (que) se hizo carne” es la manifestación y máximo “resplandor” de Dios en la historia humana. Ahora bien: cualquier mirada seriamente histórica debe evitar cualquier comprensión del nacimiento, la vida y muerte de Jesús en clave “belleza”. Poco sabemos del nacimiento histórico de Jesús, pero la cruz –para poner el ejemplo más sublime- no se parece en nada a momentos bellos de la historia, sino a los momentos dramáticos (y no en sentido del teatro griego). La resurrección es el máximo resplandor, pero en cuanto “apariciones”: “hemos visto al Señor”. Esto es, la confirmación desde Dios del proyecto y camino que Jesús vivió en la predicación del Reino como “buenas noticias a los pobres”.
La famosa frase de San Ireneo de Lyon: “la gloria de Dios es el hombre que vive” no puede ser menos cierta en esta comprensión del “resplandor” divino. Y no hace falta repetir –por conocida- la relectura de mons. Romero (en quién Dios brilló pasando por El Salvador) de que “la gloria de Dios es el pobre que vive”.
Si damos una mirada a “la Iglesia” de América Latina, ¿no podemos afirmar que “resplandeció” en Medellín y bastante también en Puebla mientras que se “opacó” en Santo Domingo y un poco menos en Aparecida? La Iglesia que se entendía y vivía como Pueblo de Dios, ¿no resplandeció más entonces que cuando se ve a sí misma como “jerarquía”? ¿No resplandecía cuando se veía los rostros de Pironio, Hélder Cámara, Landázuri, Alvear, Proaño, Méndez Arceo, y luego también Samuel Ruiz, Romero, Silva Henríquez, Arns, por mencionar unos pocos de los muchos; mientras que era opacada por rostros cardenalicios como los de los mismos obispos elegidos (a dedo) para integrar la curia romana: López Trujillo, Castrillón, Medina Estévez, por mencionar unos pocos? O incluso las mismas imágenes papales de Juan 23 y Pablo 6, ¿no son bien diferentes de las de Juan Pablo 2 y Benito 16?
¿En qué momento la Iglesia dejó de resplandecer? ¿Se trata de una autocrítica? Ciertamente no, porque eso debería reflejarse en cambios “rápidos y urgentes”, que no los hay (y los nombramientos “a dedo” parecen confirmar). Se trata de saber que cuando la Iglesia fue fiel y dejó caminar con libertad al Concilio Vaticano II, la fe supo brillar con la belleza (sic) de los pobres, porque el Espíritu permitió que ellos, que son verdaderos “vicarios de Cristo” se sintieran en su “hogar”. Se trata del resplandor de la osadía profética, del resplandor de la presencia (siempre limitada, pero siempre posible) del Reino de Dios, se trata de anunciar “buenas noticias a los pobres” (¿qué otra cosa sino es la “evangelización”?).
La última referencia al “resplandor” en el texto post-sinodal remite a María, la Virgen (n.14). Pero curiosamente, al aludir a su “canto de alabanza” se omite –todo lo contrario a como lo repetía Pablo 6 en “Marialis Cultus”- que “Dios derribó del trono a los poderosos y elevó a los humildes”. Es precisamente “otro resplandor”, el de los palacios, y el del “oro”. Seguramente, cuando sepamos mirar desde los pobres, caminar con los pobres y entregar la vida por los pobres, la Iglesia resplandecerá: será “Iglesia de los pobres”, y la “nueva evangelización” será realmente siempre nueva, y no simplemente repetir y mirar nostálgicamente el pasado, encerrado en miedos episcopales que añoran viejas cristiandades. Siendo que desde hace “tanto tiempo” hay un modelo hegemónico de “ser Iglesia”, ¿no es razonable pensar que desde que “ese modelo” impera es que la Iglesia ha perdido el resplandor del Espíritu y ser casa de los pobres?
Cuando volvamos a ser Iglesia de los pobres, la Iglesia resplandecerá, no con el resplandor de liturgias “papales” sino con la luz de la mesa compartida, la pobreza del pesebre, el escándalo de la cruz imperial y la vida fraterna y compartida del resucitado con pescadores y mujeres.

Notas

[1] “La belleza de la fe debe resplandecer, en particular, en la sagrada liturgia, sobre todo en la Eucaristía dominical” (Mensaje final del sínodo, n.3).
[2] “Queremos, además, agradecer su esfuerzo a los hombres y mujeres que se dedican a otra expresión del genio humano: el arte en sus varias formas, desde las más antiguas a las más recientes (…) Estamos especialmente agradecidos cuando sus bellas creaciones nos ayudan a hacer evidente la belleza del rostro de Dios y de sus criaturas. La vía de la belleza es un camino particularmente eficaz de la nueva evangelización” (id. 10).
[3] Se alude a “La Via Pulchritudinis, camino de evangelización y de diálogo”, Documento final de la Asamblea Plenaria del pontificio consejo para la cultura que preside el card. Ravasi, 2006.
[4] Soy consciente que el “Mensaje Final” suele ser expresión de lo que la Asamblea refleja; más tarde, el Papa suele presentar una “Exhortación Apostólica” donde –se dice- toma las propuestas, y los documentos previos, pero –obviamente- lo hace desde su peculiar mirada. Con mucha frecuencia los documentos previos (y algunos de este Sínodo ¡vaya si lo fueron!) son miradas parciales y empobrecedoras que con frecuencia son corregidas, anuladas y hasta opuestas en la Asamblea. También es cierto que las Conferencias Episcopales eligieron sus representantes, pero luego el Papa invitó “a dedo” algunos que –como se vio tanto en Aparecida, como en el Sínodo de la Nueva Evangelización- representan propuestas bastante diferentes a las de las Conferencias. En concreto, de Argentina, fue invitado “a dedo”, el obispo Aguer, de Colombia el obispo Tobón (Medellín), y otros más representantes de la más rancia teología. Siendo que estos fueron invitados, y que a la preparación fueron convocados miembros del Opus Dei, Comunión y Liberación, Neocatecumenales, Sodalicios, etc… es evidente qué entiende por “Nueva” (sic) Evangelización el Papa o la Curia Romana.
[5] Los obispos hablan de “la Iglesia” y parece entenderse la misma jerarquía episcopal; en ese sentido lo utilizo aquí, aunque de ninguna manera creo que “la Iglesia” sean los obispos.
[6] Para ser justos, tampoco hubo pobres en el Congreso de Teología (Unisinos, octubre 2012, y a la hora de hablar de “lectura popular de la Biblia”, después de más de ’30 años! De hacerlo, el exponente siguió siendo Carlos Mesters, y no pobres de las Comunidades.
[7] Lo “bello” suele ser entendido como lo que se llaman “los trascendentales del ser” en clara metafísica aristotélico-tomista (lo bueno, lo uno, lo bello). Sin duda la Biblia no es aristotélico-tomista (mal que le pese a algunos), y es un preocupante yerro hermenéutico leerlo en esa “clave”. La Biblia es un escrito semita, y así debe ser leído (mal que le pese a otros, o los mismos).

Un aporte a la reconciliación. Una lectura de Isaías 11

Un aporte a la reconciliación. Una lectura de Isaías 11


Eduardo de la Serna


Molesto con la declaración episcopal de Navidad, llegó a la web del grupo de curas [www.curasopp.com.ar] un texto de Víctor Hugo, de Santa Fe. Allí decía:
«Como parte de la Iglesia me siento cada vez más lejos de mis pastores. Siento que se preocupan porque los lobos tengan qué comer, y no saben ni quieren saber qué alegrías y penas viven sus ovejas. Ojalá tengan uds. alguna luz para ayudar a la reflexión (ya leí el doc. de los obispos, por eso escribo esto) más que a los intereses abominables que estos días sienten amenazados sus privilegios... Gracias por existir, curas opp. Abrazo grande».

Este texto, me invitó a esta reflexión.

Recuerdo que cuando fueron los indultos de Menem a los genocidas, el centro de estudiantes del Centro de Estudios Filosóficos y Teológicos de Quilmes [CeFiTeQ] organizó un panel en el que participó Jorge Novak y me pidieron un aporte bíblico. El tema era la supuesta reconciliación nacional a la que los indultos contribuirían. Hecho incluso inconstitucional, que no mereció –salvo de los grandes obispos de otrora- ningún comunicado episcopal, ni nada semejante (como tampoco los hubo por el pacto de Olivos, dejando solo a Jaime de Nevares, por ejemplo en este tema; o no lo hubo con los planes genocidas del neoliberalismo menemista y delaruista. Curiosa oportunidad para hablar, en el presente)... Pero quiero mirar algo más sobre el tema de la reconciliación a partir de la carta de Víctor Hugo.

Y quiero empezar con una mirada a los lobos (en hebreo, zeeb). En la Biblia hebrea, el término aparece 7 veces: en una alusión enigmática a Benjamín en la bendición de Jacob (Gn 49,27), en una imagen paradisíaca en Is 11,6 que se repite en 65,25; se presenta como castigo enviado por Dios, como también el león y el leopardo (Jer 5,6) y alude a los enemigos de Israel: Hab 1,8 [los caldeos]; se los presenta como sanguinarios, y se los asemeja a los jefes del pueblo que oprimen a su gente (Ez 22,27; Sof 3,3). Siempre refiere a una imagen sanguinaria, peligrosa, de allí que con ella se refiera a los enemigos (de fuera o de dentro de Israel).
En el Nuevo testamento, el término lobo (en griego, lykos) también es escaso, y se lo encuentra 6 veces: en Mt 7,15 se cuestiona a los falsos profetas disfrazados de ovejas, pero por dentro son lobos; tema semejante repite Mateo en 10,16: “los envío como ovejas en medio de lobos” (repetido en Lc 10,3). En la metáfora del Buen Pastor, en el evangelio de Juan (10,12), se alude dos veces al referir al contratado que al ver venir al lobo deja las ovejas a merced de este y huye. Finalmente, en el discurso de despedida de Pablo en Hch 20,29 alude a los lobos que se introducirán en medio del rebaño e invita a los presbíteros a tener cuidado pastoral de los suyos. En este caso, es llamativo que el Nuevo Testamento siempre ponga los lobos en contraste con las ovejas. La imagen que se tiene de estos sigue siendo terrible y sanguinaria, y el contraste es claramente significativo. Son comparados a los falsos profetas, o malos pastores, aparte de la metáfora de la fuente común a Mateo y Lucas que habla del ambiente hostil en el que se desarrolla la primera evangelización.
Es interesante –también- que mientras la Biblia hebrea decía “oso” en Pr 28,15 para compararlo con el malvado que oprime a los pobres, la Biblia griega (LXX) pone “lobo”. La metáfora del contraste lobo-cordero también se repite en Sir 13,17.
Como se ve, la imagen del lobo alude, en la Biblia al que se abusa del débil, al capaz de violencia, de muerte. El contraste con la oveja / cordero se impone. La convivencia entre ambos es imposible, y eso sólo significa el fin de las ovejas. La comparación con el dirigente como pastor, ya frecuente en el mundo antiguo, y también en Israel, permite fácilmente el paso “pastoral” que darán Juan y Hechos. En el caso de este, el desafío es el cuidado pastoral de la “Iglesia de Dios” que ganó (Lc 17,33) con su propia sangre [acá hay un problema de crítica textual que no viene al caso aclarar en este lugar]. El cuidado, como se ve, es a imagen de Jesús que ha dado la vida. En Juan, el contraste es entre el pastor, que arriesga la vida (v.11) y el asalariado que no se compromete por el bien del rebaño (v.12) dejándola a merced de los lobos.
La imagen del lobo, entonces, podemos decir que es una imagen pastoral, pero por contraste. El pastor busca el bien del rebaño que el lobo busca eliminar; en este sentido, el contraste no es lobo-oveja, sino lobo-pastor. Ser pastores, entonces, nos impide desconocer los lobos, el perjuicio del rebaño y la imposibilidad de la convivencia entre uno y otros; no podemos desconocerlo precisamente por el bien pastoral del rebaño.
Sin embargo, como dijimos, existe un texto (y su paralelo) en el cual pareciera que la convivencia es posible, y –es más- que es deseable. El texto se encuentra en la unidad literaria de Isaías 11,1-9.
La unidad empieza con una serie de imágenes vegetales, para pasar luego a lo animal. Después de bosques derribados, un pequeño vástago de un tronco permite renacer la esperanza (recordar Is 6,13). La referencia a Jesé nos pone en el marco de David, rey (y por eso luego fue releída en clave cristológica). Es probable que cuando ya no hay monarquía en Israel, un discípulo de Isaías redactara este canto de esperanza, aludiendo a un probable rey futuro con marcos propios de la ideología monárquica de su tiempo (por eso los aspectos divinizados de la figura presentada). A diferencia de los tantos malos reyes pasados, este rey estará lleno del espíritu de Dios, es decir, la capacidad que Dios da a los que él llama para el buen desempeño de su misión. Este rey será justo, y defenderá a los pobres, hará justicia a favor de los débiles. Y en este caso no parece referirse a opresores extranjeros sino de su propia patria. Del buen rey se espera que ejerza justicia a favor de las víctimas (ver Sal 72). Como este rey será fiel al proyecto de Dios, será un tiempo de plena Shalom, que recordará los tiempos ideales del “paraíso”. Esta paz paradisíaca pasa a ser la utopía de la monarquía soñada; y en ella se presentan pares desparejos de animales fuertes-débiles, victimarios-víctimas: lobo-cordero, pantera-cabrito, león-novillo. Como el contexto es el del paraíso nos encontramos en un ámbito sin violencia ni muerte, la alimentación es vegetal (ver Gen 1,29), la agresividad ha desaparecido. Estas imágenes mitológicas pueden darse porque en toda la tierra habrá “conocimiento de Yahvé”, es decir intimidad profunda con Dios (y ya no se necesitará “el árbol del conocimiento”). Sólo en tiempos utópicos será posible esta convivencia que, además, supone la desaparición de opresores, violentos y sanguinarios conviviendo pacíficamente con los débiles. Sólo cuando el violento deja de serlo, cuando cambia tanto de actitud que abandona la sangre de la que se alimenta para coexistir pacíficamente con su opuesto. Pero para que esto sea posible, el que debe cambiar es el violento, debe cambiar de actitud (y hasta de dieta), sólo cambiando absolutamente, poniéndose incuestionablemente del lado de la víctima, el sanguinario, el asesino pasa a convivir con el que había sido su víctima. Y si ya no lo es, es precisamente por su cambio total. No un cambio que se da en corderos y cabritos sino de lobos y leones (ver J. L. Sicre, Introducción al profetismo bíblico, Navarra 2012, 468-471).
Pensar una reconciliación entendida como diálogo en el que se sientan lobos y corderos es, para empezar, de una enorme ingenuidad (si no complicidad con los lobos); es, asimismo, querer entender (o presentar) al sanguinario y asesino como bueno, siendo que es exactamente el que pone en riesgo la vida del rebaño y nos pone en el lugar de los falsos profetas, falsos pastores que desconocen los peligros a los que someten al rebaño (y hablamos de gente que dice que defiende la vida); y si bien es posible soñar que el lobo conviva con el cordero, no deberíamos olvidar que el marco es utópico y mitológico, y –aun en este caso- alude a lobos que han dejado de lado todo lo que los caracteriza para “quedar del lado del rebaño”. Otra reconciliación no sería sino “ocuparse de la comida de los lobos” y –lo que es peor- alimentarlos con la carne de los corderos que el Espíritu Santo nos encargó cuidar y fueron ganados con la sangre de Jesús. De pastores hablamos.

Concilio Vaticano II, la vida engendrada

Concilio Vaticano II, la vida engendrada



Eduardo de la Serna


Señalar lo que significó el Concilio Vaticano II (VatII) sería interesante y muchos lo han hecho desde diversas perspectivas; pero parece más importante analizar qué significa hoy. El VatII no es sólo un hecho pasado, es también un movimiento. Es vida. Y como en un cumpleaños, podemos recordar los 50 años de un nacimiento, o podemos también celebrar la vida presente. Vida que, como todas, tiene dificultades, crisis, retrocesos, avances, saltos, frenos, fiesta.
Mirando desde fuera, quizás lo más llamativo se da en la liturgia. Los mayores recordarán misas de espaldas al pueblo, en latín, celebraciones oscuras, con mantillas, de rodillas, y cada una/o ensimismada/o en su propia oración, con su misal. La reforma no fue sólo un cambio de lengua: la estructuración de la liturgia tuvo una nota pastoral, desde las lecturas, las posiciones, los cantos. La idea que se manifestó en todo esto era y es que la cosa no se juega entre Dios y yo, sino que somos todos miembros de un pueblo.
En la misma línea, el intento de que la Biblia llegue al pueblo, el aliento de más y mejores traducciones, con lenguaje popular, anotaciones pastorales, el aliento a grupos y encuentros bíblicos también marca una novedad. Ya no se trata de una Iglesia que enseña (curas y obispos) y una Iglesia que obedece (los laicos), sino que todos debemos dejarnos enseñar por todos. La Biblia es “el libro del Pueblo de Dios”, y a todos es dirigida. Jesús se alegraba que Dios ocultó sus cosas a los “sabios y a los prudentes y se las reveló a los pequeños”.
Un elemento importante del VatII es el intento de “aggiornare” la Iglesia, ponerla al día. Ya el gran Papa Juan XXIII enfrentó problemas y adversarios por esta decisión, a quienes llamó profetas de desgracias. La Iglesia aparecía ante los ojos del “mundo” como encerrada en una suerte de castillo (medieval) ajena y condenando las cosas que le llegaban desde “afuera”. La Iglesia se propuso abrir las ventanas para que entren vientos de renovación. No faltan quienes sostienen que ese ponerse al día remite “al día de ayer” (hace 50 años), pero el “Pueblo de Dios” (= la Iglesia) extendido por todas partes, sigue dialogando con las diversas miradas y posiciones. Uno de los pasos dados por el VatII, que muchas veces desde “fuera” resulta difícil de entender (y es alentado desde ciertos adentros) es que no puede sostenerse que “la Iglesia” sea el Papa y los obispos. “La Iglesia” es un pueblo, del que el papa y los obispos son parte, pero no más ni mejor, porque es el bautismo el que nos hace “hijos de Dios”, y nada parece más jerarquizado que ser hijo.
En el diálogo con la sociedad (= el mundo), siempre aparecen temas conflictivos (y no es malo que aparezcan). Ante los ojos de muchos, la Iglesia (sic) siempre retrocede. Hay razón en algunos casos, o algunos sectores. Pero es cierto también que otros sectores, ¡también Iglesia ellos!, han tenido actitudes diferentes.
Es bueno tener presente que siempre solemos mirar desde nuestra horizonte, pero las repercusiones del VatII trascienden esa realidad. Deberíamos mirar también las reacciones en África, Asia, y -para nosotros particularmente- en América Latina (AmLat), y se vería una Iglesia viva, constructiva, positiva.
Algo que merece ser notado, aunque sea brevemente, es que algunos temas tienen repercusión mediática, y hasta pueden ser importantes para algunos sectores, pero no son primordiales para el Pueblo de Dios. Concretamente, algunos pueden ser importantes en Europa (y de allí vienen) pero no ser temas prioritarios, por ejemplo en AmLat. Para el Pueblo de Dios en AmLat resulta mucho más vital temas como la Iglesia y los Derechos Humanos, la (in)justicia, la violencia, la paz, la desocupación, el hambre, que otros temas que importan “allí donde se originan las noticias”. Ver, por ejemplo, el rol -positivo o negativo- que ha jugado la Iglesia Pueblo de Dios en los últimos 50 años de AmLat no puede entenderse con precisión sino como continuidad con la vida comenzada en el VatII, o en oposición a ella.
Podemos también destacar lo decisivo que ha sido el VatII en el diálogo y encuentro con otras comunidades religiosas, tanto en el ecumenismo, como en el encuentro con los judíos. De una Iglesia que quemaba carpas protestantes, o hablaba de los “pérfidos judíos” por deicidas (sic) a una Iglesia que se encuentra con ellos (que parecen habernos perdonado, por cierto), no sólo en celebraciones, sino en otros ámbitos, como la lucha por los derechos humanos por ejemplo, no hay un paso sino un salto.
Se podrían señalar muchos otros avances fundamentales que ha tenido y sigue teniendo la Iglesia a partir del VatII, pero me permito destacar uno más que me parece importante para nosotros. Y repito, por si hiciera falta, que precisamente porque la Iglesia es Pueblo de Dios, no desconozco lo que tal o cual jerarca pueda opinar sobre esto o lo otro, sino que me refiero al movimiento desencadenado en el VatII y que los creyentes consideramos impulsado por el Espíritu Santo. Una Iglesia encarnada, o “embarrada” en medio de la realidad, provocó mucha vida (y mucha muerte). Así surgieron cantidades importantes de cristianos (en este caso me refiero a los católico-romanos, pero sin ignorar -y admirando- a los miembros de otras confesiones) sumergidos en la realidad. Así hemos padecido innumerable cantidad de mártires provocados por aquellos que añoran el “ayer” (la mayoría también se dicen a sí mismos católicos, sic): campesinos, catequistas, curas, obispos, monjas, varones y mujeres... Pero estos mártires (signo de una Iglesia viva y presente) también engendraron, y fueron continuados en movimientos de paz, en lucha por la justicia. Basta pensar lo sucedido -y presente- en Honduras, Guatemala, El Salvador, Nicaragua, o las tareas pendientes -aunque todo siempre es pendiente- en México, Haití, Perú, Chile, Colombia, o los pasos que se dan en Bolivia, Brasil, Venezuela, Ecuador, Argentina. Tengo serias dudas -por ejemplo- que mucho de lo que ocurre en Brasil, o Ecuador, para poner ejemplos claros, podría ocurrir hoy sin una Iglesia viva que ha contribuido en su gestación. ¿Puede ignorarse en Argentina la importancia que el Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo tuvo en la gestación de sueños en el pasado y en sus concreciones presentes? (no ignoro todo lo que falta). Pero a su vez, esta vida y muerte se ha ido pensando, teologizando, por ejemplo en la Teología de la Liberación, con los matices y propiedades de cada región, y esta teología a su vez, genera acciones y respuestas, lecturas de la Biblia, cantos y liturgias, celebraciones y compromisos.
Sin duda podríamos mencionar pasos atrás, retrocesos, y voces eclesiásticas que parecen contradecir todo lo aquí dicho, pero también es cierto que nada de lo aquí señalado es falso ni sería posible sin el impulso del VatII que sigue vigente, vivo y militante. Celebrar 50 años del inicio de este acontecimiento no puede reducirse a conmemorar (hacer memoria), sino también a re-cordar (pasar por el corazón), re-membrar (traer a los miembros) y re-vivir un acontecimiento que sigue vivo y dando vida, que sigue invitando a traer al presente el anuncio de que Dios quiere estar en medio de nuestra historia para llenarla con su vida y darnos vida.

Una Mirada, un lugar


Una Mirada, un lugar


Eduardo de la Serna


Si miramos los historiadores del s.I no nos caben dudas: el nacimiento de Jesús no habría sido publicado en los medios hegemónicos de hoy. Incluso después, cuando el Nazareno empezó a ser más conocido, tampoco habría sido noticia su vida. La muerte del revoltoso quizás hubiera ocupado un pequeño espacio inferior de página par. Pero el nacimiento, habría sido invisibilizado.
El culto al mercado, al dólar, al poder -en cambio- sí ocupan lugares principales. El mercado tiembla, se tranquiliza, se preocupa, tiene paz (justo el responsable de guerras pretende la “paz”; nada más parecido a la pax romana). Los pesebres han desaparecido, y árboles con frutos de plástico y nieve falsa inundan los centros comerciales. Un personaje insólito, vestido con los colores de la bandera del norte (los mismos colores con los que está vestido superman, la mujer maravilla, el capitán América...) recorre los cielos con regalos que otros pagaron. La gran fiesta del Mercado ocupa todos los ambientes y lugares. El pobre, invisibilizado por los poderosos, tapado por su prensa cómplice, sigue invisibilizado más todavía, ahora, con la desaparición del niño que se identifica con ellos.
Es triste ver u oír voces que siguen invisibilizando a aquellos que fueron los privilegiados del anuncio del nacimiento, del anuncio de su vida, y sus compañeros en el camino. Escuchar voces caceroleantes hablar con desprecio de los pobres, o con indiferencia, sólo preocupados por su propio bienestar, vuelve a invisibilizar. Escuchar voces episcopales haciendo suya la voz de los poderosos y hasta silenciando el nacimiento de Jesús o las buenas noticias para los pobres, revela la fuerza del relato oficial del poder. A lo mejor es urgente volver al pesebre, al niño pobre y frágil, al canto de la madre de Jesús, a los pastores junto al niño. A lo mejor debamos re-visibilizar el Dios pobre, y aprender a mirar la historia, nuestra historia, desde la luz tenue del pesebre.

Un relato, una parábola

Dicen que había un pesebre
con un burrito y un buey,
dicen que había algús mags,
al que después llamaron “rey”;
dicen que había pastores
que pastaban a su grey,
y hasta unos ángeles santos
que cantaban en Belén.

Dicen que había una Virgen,
y su esposo, san José,
y estaba viniendo un niño,
y que estaba por nacer.
Dicen que había un imperio
al que había que temer,
y un Herodes sanguinario
que mataba por placer.

Y con él los poderosos,
del altar y del poder,
temblaron ante ese niño,
que opacaba su saber,
que nacía entre los pobres,
y pasaría haciendo el bien,
alegría para todo el pueblo
habituado a padecer.

Es parábola este día,
Dios nos revela su hacer:
estar junto a los negados
de la historia y del papel,
nacer dentro de sus casas
llorar sus penas, también,
cantar sus cantos de dicha
comer su pan y su pastel.

Pero otra parábola vino
desde centros de poder:
un gordo todo abrigado
¡hasta tapado de piel!,
con barba blanca y con renos,
y que ríe sin placer,
que celebra cuando se compra
cuando al Norte le va bien.

Dos parábolas se encuentran,
dos dioses hay para ver:
uno pequeño y humilde
en el pesebre, en Belén,
que nace junto a los pobres
y los hace ricos en fe;
y otro importante, ¡grandioso!
con el culto del tener

que hace a los ricos más ricos
por comprar y por vender
dios del dólar y el mercado
dios imperio, dios rey...
Dicen que había un niñito,
y la Virgen junto con él,
subversivo el Dios de los pobres
revolución de Nazaret.

miércoles, 6 de febrero de 2013

Comentario 5C

"La Palabra de Dios, la vida del Reino" - [Evangelio de san Lucas 5,1-11]
(5to durante el año) - 10 de febrero

Eduardo de la Serna


Algunas notas para la comprensión del texto:

El término "gente", "multitud" (gr.= ojlos) es propio de la literatura narrativa del Nuevo Testamento; aunque más que propiamente "gente" se refiere a la "masa" o la "chusma". Se alude a multitudes no calificadas.
El término "agolparse" (que en ocasiones puede indicar violencia) en este caso puede indicar presión, y hasta tumulto.
La referencia a la "Palabra de Dios" (gr. "logon tou theou") es una construcción muy propia de Lucas (lo encontramos una vez en Mt, una en Mc y 11 veces en Lucas y Hechos, además de 2 Cor, Heb y Ap). En Hechos se refiere claramente al anuncio evangelizador que se expande por el mundo con la fuerza del Espíritu Santo. En Lucas refiere a la predicación de Jesús que ha de ser recibida en el discipulado.
Jesús se "sienta" en la barca para "enseñar". Ya se había sentado en la sinagoga para decir su palabra primera (4,20); en las parábolas de 14,28 y 31 es el gesto de la deliberación. Jesús va a "sentarse" en un burro para entrar en Jerusalén (19,30) y los discípulos deben permanecer (lit. sentarse) en la ciudad (= Jerusalén) a la espera del Espíritu (24,49). Enseñar es propio de Jesús en Lucas (4,15. 31; 5,17; 6,6; 11,1; 13,10. 22. 26; 19,47; 20,1. 21; 21,37; 23,5).
Pedro puede decir que va a echar las redes "en tu palabra" (gr.= epi de tô rêmatí) porque ya lo ha visto sanar a su suegra (con una palabra), y lo ha escuchado predicar.
Los socios / compañeros (gr.= métojos) son personas importantes para el negocio de la pesca: es importante recordar el sistema económico y la importancia de tener "socios". Los pescados eran parte de pago por los "peajes" (a los publicanos, que cobraban hasta el 40%) y la frecuencia de intermediarios hacía que las ganancias fueran mínimas. Los "socios" eran con frecuencia el modo que tenían los pobres pescadores para juntarse y evitar estos intermediarios.
Pedro, "cayó de rodillas" ante Jesús; no se trata de la actitud de adoración, ni tampoco estar a los pies, como el discípulo; la actitud puede calificarse de reverencial.
El término "thambós", asombro, es exclusivo de Lucas y denota la reacción ante la presencia o la fuerza de Jesús (4,36; Hch 3,10).
El término "no temas" (gr.= mê fobou, frecuente en Lc/Hch) es invitación a la confianza reverencial ante la obra de Dios.
Es interesante e importante que Lc no repite (como lo hacen Mc y Mt) la palabra "pescadores" (gr. = halieus; que por otra parte ha usado en 5,2) sino que serán "zôrgeô" de hombres. Zôrgeô no es propiamente "pescador" sino que es alguien que "captura vivo" (notar la raíz zô, "vida"). Se sobrentiende en Lc que la misión de Pedro (notar que el dicho no es a todos sino a Pedro) es capturar vivos a los hombres (y mujeres, acotamos) para el Reino.
Bajando de las barcas, Lucas remata que "dejaron todo". Ya no se trata de dejar a los padres, o las barcas, como en Marcos. La exigencia del Evangelio, del discipulado para Lucas implica dejar "todo". Y todo esto, para "seguirlo".
Lo "siguieron", es el verbo característico del discipulado en los Evangelios.


Breve reflexión:

Jesús, al empezar su camino, empieza a rodearse de discípulos, de seguidores. Lucas toma un relato que encontramos también en Juan como aparición del Resucitado (cap.21), el texto de la pesca milagrosa: los expertos pescadores habían pasado la noche sin pescar nada (en el lago se pesca de noche) pero un carpintero, que es hombre de palabra fácil y congrega muchedumbres, es a su vez, hombre de palabra poderosa. Simón hecha las redes "en su palabra", y es esa la causa de una pesca imposible de contar (Juan va a decir que los peces eran 153, un número ciertamente con carácter simbólico). Sin embargo, el centro del relato está en el "antes" y el "después". Antes vemos a Jesús predicando, después se invita a Pedro y a los que estaban con él a asociarse a una pesca diferente y del todo nueva: "pesca de hombres". La palabra de Jesús es demasiado poderosa, llega al fondo del corazón. Pero a su vez es evidentemente exigente, no admite "medias tintas", no admite "tibiezas" (Ap 3,16), no admite "poner la mano en el arado y mirar para atrás" (Lc 9,62), exige "vender todo" (Mt 13,44.46). Eso lo entiende bien Simón, y ellos "dejándolo todo lo siguieron". Seguir a Jesús es exigente, él lo es consigo mismo ("nadie me quita la vida, yo la doy voluntariamente" Jn 10,18). Es, por otra parte, coherente que quien se da todo, exija todo; no para atesorarlo, no para guardarlo, sino para compartirlo, para hacerlo fructificar. Ese es Jesús, el "que habiendo amado a los suyos los amó hasta el extremo" (Jn 13,1), el que nos invita a amar de la misma manera, "como yo los he amado" (Jn 13,34).
La palabra de Jesús, la misma que cautiva las multitudes (particularmente presentes en el Evangelio de Lucas), la misma que obra signos poderosos, esa palabra nos llama y convoca a seguirlo. Esa palabra debe obrar signos poderosos en nuestros corazones, el signo del asentimiento confiado ("en tu palabra"), el signo del abandono confiado ("dejándolo todo"), el signo de la marcha confiada ("lo siguieron"). Esa confianza hasta en lo aparentemente absurdo es la fe, la fe que nos convoca, que nos pone en camino, que nos llama. Aquí estamos nosotros; aquí está Jesús con su palabra; aquí está nuestra palabra: ¡te alabamos, Señor!

martes, 5 de febrero de 2013

Debo estar mal..

Debo estar mal..


Eduardo de la Serna




Me parece que debo andar mal, porque veo una cosa, pienso una cosa, entiendo una cosa pero todo parece indicar que es al revés...

Pienso o entiendo que hay -o debe haber- división de poderes, que el ejecutivo, legislativo y judicial son independientes (entre sí y de otros poderes, como el económico), y me parece ver que un poder, el judicial, avanza sobre una ley emanada por la mayoría parlamentaria y no vetada (porque hay quienes vetan) por el ejecutivo, pero el poder judicial la tiene frenada cautelarmente hace ¡4 años! Es decir, me parece ver que un poder avanza sobre otros, el judicial sobre los otros, pero me dicen que el ejecutivo es una dictadura y es un poder despótico (entre paréntesis, es lo mismo que le decían a Lincoln según deja ver la mala película de Spilberg). Es decir, mi falta de percepción me hace confundir y veo cosas que no son.
Pienso o entiendo que hay un clima de intolerancia. A Kicillof no le cuestionan sus políticas, aun a los gritos, que apasionados somos; ¡no!, lo insultan, una desaforada quiere tirarlo al río, hay gritos antisemitas; a Boudou no lo dejan terminar un discurso, en la democrática provincia de Santa Fe, y un mal cómico -que sólo a Rodríguez Larreta y a Menem puede parecerles “uno de los mejores”- insulta a la presidenta de la Nación (además de todas sus “maravillosas” miradas alentando la trata y el machismo), pero me dicen que el clima de intolerancia lo instala el gobierno que es intolerante y crispante.
Pienso o entiendo que un servicio gratuito es más popular uno que uno pago. Y me parece que deben ser mejores, o más “para todos” unas antenas de TV gratuitas que las de la TV por cable monopólica, pero me dicen que en que atenta contra la libertad de expresión es el gobierno nacional, que no el provincial cordobés (¿ese es el famoso movimiento nacional y popular del”cordobecismo”?).
Pienso o entiendo que enrejar parques en la Ciudad autónoma, mantener plata en dólares en la provincia de Buenos Aires, cerrar los ojos ante el narcotráfico en Santa Fe, hablar en contra de que no suban los precios en el Sindicalismo, o naturalizar los paseos públicos del médico torturador en ESMA, revelan una mentalidad obtusa, negligente, cómplice o -al menos- mediocre, pero me dicen que es el gobierno nacional el culpable, o el que infla las cosas, o las manipula.

Evidentemente debo estar mal, porque veo las cosas como no son. Quizás me informe mal... pero juro que trato de leer varios diarios de diferentes lineas (¡si hasta leo Clarín!), y no logro ver... ¿Será que debo irme a España, escuchar a Rajoy que me hablará de honestidad económica, y de la importancia de desemplearme, mirar las fotos de tapa del País, y hasta dejar que se autodeterminen los kelpers para poder integrarme “al mundo” y aprender a ver las cosas como deben ser? O como algunos quieren que las cosas sean...