domingo, 28 de julio de 2013

El pueblo crucificado



AEl pueblo crucificado@, aspectos bíblicos (*)[1999]

Eduardo de la Serna





                                                                                                 a Ignacio Ellacuría, mártir (1989, 10 años)
                                                                                                                                       a Carlos Mugica, mártir (1974, 25 años)

La figura de Ignacio Ellacuría concita en sí una doble dimensión simbólica: es a su vez uno de los pensadores más conocidos de la Teología de la Liberación, y es a su vez mártir emblemático de una Iglesia que se ha comprometido con los pobres en la lucha por su vida.

Hacer teología

Desde sus inicios, la Teología de la Liberación se ha mirado a sí misma como un Aacto segundo@, (1) o como un Aintellectus amoris@.(2) La praxis que nace de la fe es el paso primero, la respuesta de la vida. Esa praxis, ciertamente,  no es cualquier praxis, sino una respuesta de amor al Aamor primero@ de Dios. 

La teología, entonces, nace como compromiso y espiritualidad. Espiritualidad porque supone una vida guiada por el Espíritu de Dios; compromiso porque es fidelidad a la promesa, a la alianza de amor que hemos sellado con Dios en nuestro bautismo. Es precisamente esa vida movida por el Espíritu, ese compromiso de amor, lo que mueve y alimenta la reflexión teológica. Hacer teología es Ahablar de Dios@ desde el lugar de la fidelidad. Frente a quienes pretenden Ahacer teología@ desde un Aescritorio@ nos permitimos poner en duda la fidelidad, el compromiso y el amor. Sólo desde una respuesta de amor al que Anos amó primero@ se puede comenzar a Ahablar bien@ de ese Dios que hemos recibido y con el que nos hemos comprometido. Sólo a partir del encuentro con el Dios de Jesucristo nuestra reflexión, nuestro Ahablar de Dios@, será Aortodoxo@, será un Ahablar bien@.

Ese encuentro, sin embargo, en un continente donde reina la Amuerte antes de tiempo@, (3) donde hay una Ajusticia demasiado largamente esperada@, (4) no puede encontrarnos sino Aactivos en la liberación@. (5) En un continente donde la muerte tiene su origen en los ídolos, que reemplazan el Arecto rostro@ (orto-faciem) de Dios, proponiéndose el mercado, el dólar, el poder, como caminos que llevan a la felicidad, todo Ahablar bien de Dios@ debe empezar por un amar y seguir al verdadero Dios de Jesús; en un amor concreto en la praxis de liberación. El Arecto hablar de Dios@ se revela no en Adónde estemos sentados@ sino en Adónde estamos parados@, hacia dónde caminamos. Una vida junto al pobre lleva a hablar de Dios desde el lugar del pobre, a hablar de Dios desde el sufrimiento del inocente. Un continente donde reina la muerte, ciertamente no sigue al Dios de la vida. Dios no reina. Y las palabras podrán ser más o menos bellas, pero no hablarán de Dios si no nacen y provocan un encuentro con el Dios que quiere reinar en la vida, porque es Dios de la vida. (6) Y esta vida es asimismo espiritualidad. No una Aespiritualidad@ que nace del activismo, sino que nace del encuentro y la respuesta al Espíritu. Una Espiritualidad que nos permite ser Acontemplativus in liberatione@. (7)

Ignacio Ellacuría es, precisamente, un símbolo vivo de este Ahacer teología@. Otros teólogos latinoamericanos han emprendido la tarea con más autoridad que nosotros de señalar a Ellacuría como teólogo precisamente por estar movido por el Espíritu y comprometido con el Dios que quiere la vida.

Ser Testigo

Pero Ellacuría también es mártir, testigo del amor mayor. Ignacio supo responder al amor con amor. Hasta el extremo. En otra parte hemos señalado que es un error guiarnos por el Aodium fidei@ para poder afirmar o reconocer a algunos como Amártires@; (8) creemos que eso es poner el acento en el matador y no en el que entrega generosa y amorosamente su vida. AMagis amor fidelium quam odium fidei@ hemos dicho (más que odio a la fe, amor de los fieles). La actitud de entrega generosa, la disponibilidad -hasta el fin- a vivir el amor y el compromiso al que el Espíritu nos conduce es el verdadero testimonio. Ignacio es testigo de un amor mayor que lo movió a dejar su tierra natal para comprometerse en su tierra de adopción; testigo de un amor que lo llevó a comprometerse con la realidad de muerte que vivió el pueblo salvadoreño; testigo del amor a Jesús que le llevó a Aarriesgar la vida@ como el pastor bueno (Jn 10,11)...

Sin embargo, y sin pretender ser exhaustivos, también creemos que puede afirmarse que Ellacuría murió por un auténtico Aodium fidei@.

Como teólogo, Ignacio buscó iluminar una fe que nace de la caridad y que se expresa en la caridad. Ya lo hemos dicho. Una fe que le exigía comprometerse e iluminar desde la fe la cruz del pueblo salvadoreño. No es fe, sino caricatura, una palabra que no hable rectamente, que deforme el recto rostro de Dios. O más que caricatura, idolatría. Ellacuría, con su Ahablar de Dios@ desenmascaró los falsos dioses a los que dan culto los ejecutores de la muerte. (9) Frente a tantos que Alos matan creyendo que dan culto a Dios@ (Jn 16,2) Ellacuría desenmascaró esos tales como falsos dioses, enemigos del Dios de Jesucristo. Difícilmente se pueda negar que esos ídolos, y sus sacerdotes y acólitos, odian visceralmente la fe en un Dios que dice Asólo a Dios amarás@, Apalabra liberadora por excelencia@ (DP 491). Esos ídolos odian tanto a ese Dios que los desenmascara y desarma volviéndolos absolutamente inútiles, que quieren que nadie predique en su nombre. (10) Una Ateología@ pensada desde el poder, desde el Aamor al dinero@, que es la raíz de todos los males (1 Tim 6,10), y auténtica idolatría (Col 3,5), es una teología idolátrica, y una teología que busca combatir, como los Aamigos@ de Job, un Ahablar de Dios@ que busque dar respuesta al sufrimiento del inocente. Es un auténtico Aodium fidei@, ya anunciado por Jesús: Aamará a uno y aborrecerá al otro@ (Mt 6,24). Ellacuría habló del Dios liberador, del Dios de Jesús, y alcanzó el aborrecimiento de los seguidores de Mammón.

Repetimos que no creemos que este Aodium@ sea lo más importante. Ignacio es Amodelo@ para nuestro tiempo, no por sus asesinos, sino por su amor; es testigo por su fidelidad, no por la violencia de las fuerzas armadas al servicio de los ídolos. Y, aunque no es lo más importante, en el caso del Ateólogo mártir@ el aborrecimiento a la fe se hace muy evidente. Y acá queremos notarlo.

Sin embargo, también esto ha sido reflexionado profundamente por otros autores (incluso en este mismo número) con más autoridad que en estas páginas.

Pueblo crucificado


Lo que aquí queremos señalar, sin pretensiones de abarcar todas sus dimensiones es detenernos en uno de los Acaballitos de batalla@ predilectos de Ignacio Ellacuría para Ahacer teología@ desde la realidad de muerte de América Latina, y ahondar en su dimensión bíblica. Nos referimos a la categoría de Apueblo crucificado@. (11)

Es sabido que tal idea fue suprimida del documento de trabajo preparatorio a Santo Domingo. Quizás precisamente por sus resonancias a Teología de la Liberación. Es más, la misma palabra ATeología de la Liberación@ fue suprimida de este documento (ver el documento de trabajo 201-205; mientras que la única referencia explícita a la TL la encontramos en el Discurso inaugural de Juan Pablo II).

Así decía el Documento de Trabajo:

ALa gran muchedumbre de crucificados latinoamericanos que camina por esta vida en condiciones infrahumanas, desilusionada con las promesas de sus gobernantes y experimentando dificultades socio‑económicas crecientes, se siente muy próxima a Jesucristo, el Siervo pobre y sufriente, que también vivió situaciones angustiosas y pasó sufrimientos@ (DT 365).

Esto fue reemplazado por la idea, que ya provenía del Documento de Puebla de Alos rostros@ (DP 31-39):

ADescubrir en los rostros sufrientes de los pobres el rostro del Señor (cf. Mt 25,31‑46) es algo que desafía a todos los cristianos a una profunda conversión personal y eclesial. En la fe encontramos los rostros desfigurados por el hambre, consecuencia de la inflación, de la deuda externa y de injusticias sociales; los rostros desilusionados por los políticos, que prometen pero no cumplen; los rostros humillados a causa de su propia cultura, que no es respetada y es incluso despreciada; los rostros aterrorizados por la violencia diaria e indiscriminada; los rostros angustiados de los menores abandonados que caminan por nuestras calles y duermen bajo nuestros puentes; los rostros sufridos de las mujeres humilladas y postergadas; los rostros cansados de los migrantes, que no encuentran digna acogida; los rostros envejecidos por el tiempo y el trabajo de los que no tienen lo mínimo para sobrevivir dignamente (cf. CELAM, "Documento de trabajo", 163).
El amor misericordioso es también volverse a los que se encuentran en carencia espiritual, moral, social y cultural@ (SD 178).

La idea de Alos rostros@ es de indiscutible riqueza y fuerza, pero corre el riesgo de hacernos perder una doble dimensión que la idea de Apueblo crucificado@ enriquecería: por un lado, Apueblo@ remite a una dimensión comunitaria (ciertamente muchos de los Arostros@ señalados, refieren a grupos, más que a personas), pero la idea de Apueblo@ es polivalente. Si se hubiera usado en Puebla, por ejemplo, no hubiera sido necesario Aalargarla@ (SD 179) ya que el término incorporaría a todos estos sectores y a los nuevos que la realidad cada vez más mortal hiciera necesario agregar. Pero la segunda dimensión que nos hace preferir el tema de la Acruz@ es porque Acrucificados@ supone Acrucificadores@. La dimensión de violencia causada, de muerte provocada, remarca una dimensión de Aconflicto@ que parece haberse buscado evitar, o al menos suavizar. Decir, por ejemplo, que la deuda externa engendra rostros sufrientes no es lo mismo que decir que la deuda externa mata, crucifica.

Dicho esto, pretendemos ahora mostrar en qué medida esta imagen de Apueblo crucificado@ tiene sus raíces en la Biblia, y por lo tanto, es importante mantenerla.



A. La dimensión conflictiva de la cruz

Ya en los primeros escritos del NT se nos señala que la predicación de la cruz es un auténtico escándalo (1 Cor 1,23; Gal 5,11). Una predicación que sólo desde una Allamada@, una vocación, permite superar el desconcierto y verla como liberación (1 Cor 1,24.30).


No es improbable que Pablo haga memoria de una cierta nota autobiográfica al recordarnos que el crucificado es Amaldición@ (Gal 3,13-14). Un crucificado, para un judío es signo evidente y patente de que Dios ha maldecido a este Acolgado de un madero@, (12) y sólo desde la particular luz que da la resurrección podemos ver en el Amaldito@ una Abendición@, sólo desde un Dios que transforma la maldición en vida podemos decir que la cruz es Afuerza de Dios@.

Esta dimensión de la cruz, por otra parte, tiene enemigos por doquier. No sólo enemigos de Jesucristo crucificado, sino de la misma cruz (Fil 3,18). La eficacia de la cruz puede quedar aniquilada en la medida en que muchos se anteponen y anteponen su propia vida (Gal 2,21). Pero a su vez la cruz es presentada como auténtica sabiduría en contraposición a las sabidurías Ade este mundo@ (1 Cor 1,20-21).

Más de una vez hemos señalado que la cruz, la misma cruz, tiene una doble dimensión de muerte y de vida. (13) Sin embargo, la insistencia en la cruz como Adadora de vida@ (algo que deberá precisarse), no puede eliminar la otra cara de la misma moneda: la cruz es dadora de muerte. La cruz de Jesús es un crimen, un asesinato, y como tal, un pecado. Hubo un juicio injusto, falsos testigos, una premeditación para eliminar a Jesús que debe recordarse. La predicación de Jesús parece haber sido lo suficientemente conflictiva como para que las máximas autoridades religiosas y políticas decidan eliminarlo. El Aprincipio Caifás@ es expresión de un modo político de entender la dimensión religiosa, el preferir que muera uno -aunque inocente- por el pueblo, guiado por criterios de Aprudencia política@ no es sino un gráfico negativo de la figura del pastor que no teme dejar las 99 ovejas en el desierto para buscar la perdida. (14) La cruz es -indudablemente- un crimen, un pecado, y como tal algo no querido por Dios. Aunque él, creador ASeñor y dador de vida@ sepa sacar vida de la muerte. Dios -y sólo Él- puede sacar vida de la cruz, de allí la resurrección.    
           
Mientras en la cruz los asesinos dicen su última palabra, la máxima que pueden decir los violentos, Dios todavía se reserva la suya, después de haber callado en la cruz. La resurrección es Ala@ palabra de Dios frente a la violencia criminal de quienes pretenden silenciar a Jesús. El Areino de Dios@ y el ADios del Reino@ proclamados por Jesús parecen callar y morir con el crucificado, pero sin embargo, Dios Aapuesta@, confirma, ese Reino y ese Dios-Padre anunciado. Es desde aquí que la cruz se transforma en Buena Noticia. El máximo acto criminal puede ser leído desde una nueva óptica, mirada de vida, desde que Dios pronuncia su palabra y desautoriza a los Pilatos y Caifás. 

Desde el primer Viernes Santo de la historia, los violentos no tienen más la última palabra ya que en la Pascua Dios apuesta por su Hijo y sus hijos: Austedes lo mataron... Dios lo resucitó@ (Hch 2,23-24). Nunca más actual la doble referencia a Amuerte@ y Avida@ en el Discurso de Mons. Romero al recibir el Doctorado Ahonoris causa@ en la Universidad de Lovaina: Ael pecado es lo que da muerte al Hijo de Dios y da muerte a los hijos de Dios@ y Ala gloria de Dios es el pobre que vive@.

Los modernos estudios bíblicos han sabido devolver a la cruz y a la resurrección su verdadero lugar en la historia de la salvación, después que siglos de predicación parecían llevar a la gente sufriente a identificarse -pasiva y resignadamente- con la cruz esperando para un futuro incierto la resurrección. (15)

Los modernos estudios de escatología han sabido dar su justo lugar a la esperanza, que no es Aadormecedora@ que aguarda un mañana que sólo llegará después de la muerte mientras los fuertes y poderosos, los asesinos parecen seguir teniendo la última palabra. Los pobres sufren ahora pero mañana reirán, mientras que los que son ricos gozan ahora pero serán duramente castigados mañana; los que ahora sufren la cruz mañana gozarán de la pascua, mientras que los que ahora ríen llorarán mañana, se decía en una curiosa lectura de las Bienaventuranzas que Ales venía muy bien@ a los ricos, a los violentos y a los que ríen. Además que siempre, nueva curiosa lectura mediante, se les había dicho que aunque ricos podían ser Apobres de espíritu@ sin dejar de serlo así que ni siquiera Amañana@ se verían perjudicados.

Es real que hay una identificación entre Ael@ crucificado y Alos@ crucificados, y esa identificación es importante para los segundos. Pero no para resignar sus esperanzas o proyectarlas para Amañana@, sino para ver en ellos un Asacramento@, un Atest@ de nuestra fidelidad. (16) La cruz de nuestros hermanos es una invitación urgente a la misericordia Acomo es misericordioso el Padre@ (Lc 6,36), y esa invitación es para Ahoy@. Hoy tengo un compromiso con el hermano crucificado, un compromiso que se revela en aliviar su cruz.

Probablemente no haya texto donde se revele con mayor claridad la dimensión conflictiva de la cruz que en el citado texto de la carta a los Gálatas. Permitásenos un breve comentario:

Dentro de una unidad marcada por la novedad traída por Jesús el Cristo (3,1.14), novedad señalada en la repetición de Afe@ y AEspíritu@ (3,2.14) y la novedad de la Acruz@ (3,1.13), Pablo nos recuerda que la fe en la predicación (3,2.5) nos da el Espíritu. Abraham es modelo porque creyó y eso le fue reconocido como justicia (3,6-7). En este lugar Pablo marcará su Evangelio, y a su vez se defenderá de quienes lo han cuestionado: si no es la ley la que justifica, sino la fe, pudo afirmar que Anosotros hemos creído@ (2,15-17), y ahora recordará que Ael justo vivirá por la fe@ (3,11).

La fe fue la que justificó a Abraham y por lo tanto le alcanzó la bendición a todos los pueblos (Gn 12,2-3). Fue su fe la que le alcanzó la bendición, y no la ley; ésta, por el contrario, acarrea maldición. (17) Es esa maldición que impera la que fue asumida por Cristo Ahaciéndose él mismo maldición@ en la cruz; Apues dice la Escritura: maldito el que está colgado de un madero@. Así, en la fe, estando Aen Cristo@ recibimos la bendición y el Espíritu (3,14).

No es la única vez que Pablo recurre a una paradoja para señalar la redención (hina) obrada por Cristo, en 2 Cor 5,21 había dicho que a Jesús Dios Alo hizo pecado@, Apor nosotros@ (hyper hêmôn).


2 Cor 5,21
2 Cor 8,9
Gal 3,13
Rom 8,3-4
A quien no conoció pecado, le hizo pecado por nosotros (hyper hêmôn), a fin de que  (hina) viniésemos a ser justicia de Dios en él.
Pues conocen la generosidad de nuestro Señor Jesucristo, el cual, siendo rico, por ustedes se hizo pobre a fin de que  (hina) se enriquecieran con su pobreza.
Cristo nos rescató de la maldición de la ley, haciéndose él mismo maldición por nosotros (hyper hêmôn), pues dice la Escritura: Maldito todo el que está colgado de un madero, a fin de que (hina) llegara a los gentiles, en Cristo Jesús, la bendición de Abraham, y por la fe recibiéramos el Espíritu de la Promesa.
Pues lo que era imposible a la ley, reducida a la impotencia por la carne, Dios, habiendo enviado a su propio Hijo en una carne semejante a la del  pecado, y en orden al pecado, condenó el pecado en la carne, a fin de que  (hina) la justicia de la ley se cumpliera en nosotros que seguimos una conducta, no según la carne, sino según el espíritu.


 
En nuestro texto, lo importante es que @de hecho, es el único texto de las Escrituras en el cual Pablo interpreta la muerte de Cristo@. (18) Nos interesa, entonces, tener en cuenta cómo lee Pablo el texto que cita:

El texto de Dt 21,22-23 habla de un criminal que es condenado a muerte y luego su cadáver es colgado de un árbol todo un día (no a la noche) expuesto como Amaldito de Dios@; Pablo abrevia el texto de modo que ahora parece decir que Ael maldito@ es matado en el árbol (una relectura semejante puede verse en Qumrán, 11QTemplea 64,6-13; cf. 4QpNah I,8). 

En segundo lugar, omite la referencia a que es maldecido  Apor Dios@, permitiendo que se afirme que en este caso es Amaldito de la Ley@

En tercer lugar, Pablo reemplaza el participio perfecto kekatêraménos (maldecido) por el adjetivo epikatáratos (maldito) de modo de unir la maldición con aquella de Dt 27,26 que había citado en v.10 uniendo una vez más la maldición a la Ley.

Veamos los textos en una sinopsis lo que nos permitirá descubrir más claramente lo que hemos dicho:


Dt 21,22-23 (TM)
Dt 21,22-23 (LXX)
Dt 21,22-23 (Pablo)
Si un hombre, con pecado de muerte, ha sido matado, lo colgarás de un árbol. No dejarás sin enterrar en el árbol; lo enterrarás ese día.

Un colgado es maldición de Dios.

Así no harás impura la tierra que Yahveh tu Dios te da en herencia.
Si hay uno cuyo pecado merece la muerte, y lo matan y lo cuelgan de un madero, no dormirá su cuerpo en el madero sino que enterrarán el cadáver en aquel día,

maldito (kekatêraménos) de Dios todos los colgados de madero
y no mancharás la tierra que el Señor Dios te dio en herencia.
...dice la Escritura:





Maldito (epikatáratos) todo el que está colgado de un madero.

Pero para comprender la paradoja, la clave está en que Cristo se hace maldición hyper hêmôn (por nosotros). Sería extraño a Pablo entenderlo como un Apago@, Aen cumplimiento de la justicia exigida por la ley@. (19) La maldición es una separación de Dios y una ruptura con los demás, es la cima del conflicto universal, pero en este caso nos encontramos con un beneficio, un acto liberador Aen favor de@  los demás, (20) un acto de amor (Gal 2,20, hyper emou). ALa clave de la paradoja se encuentra en el hyper hêmôn a condición de que se lo comprenda a la luz del agapêsantos de Ga 2,20". (21)

Acá está el centro: el escándalo de la cruz adquiere su eficacia en el amor, no es ciertamente un sacrificio, no es un pago, es un conflicto con la Ley vivido en el amor, integrando en ese acto la bendición, incorporando en ella a todos los excluidos por la maldición. Esa maldición traída por la Ley era universal, tanto para todos los que están bajo la Ley como quienes están sin la Ley, y la maldición oprime a toda la humanidad, pero el amor de Cristo (hyper hêmôn) beneficia (rescata, exêgorasen) (22) también a todos liberando a la humanidad; Asiendo maldito, no sólo se levanta, sino que además deviene dador de vida@. (23)

ANo hay forma más rotunda de subrayar la novedad cristiana que afirmar un dato histórico y, además, sumamente escandaloso: la realidad de un Mesías crucificado@. (24)

En un mundo como el mediterráneo del s. I donde el honor es el valor fundamental, (25) la cruz aparece con toda la fuerza de escándalo y vergüenza. Pero esta cruz es causada por los Apríncipes de este tiempo@ que Adesconocen@ la verdadera sabiduría de la cruz (1 Cor 2,8). )En qué la desconocen? Es posible que desconocieran que la Cruz los llevaría a su fin. (26) )Quiénes son estos Apríncipes@? Debemos abandonar posturas como la de R. Bultmann que sostenía que, usando concepciones gnósticas Pablo presenta un revestimiento terrenal que servía a Cristo para ocultarse, y ese desconocimiento provoca la ruina de los príncipes, (27) aunque encontremos un marco apocalíptico como puede verse en el uso del término ASeñor de la gloria@ (cf. Hen (et) 22,14; 25,3; 63,2), o imágenes que encontramos también en AscIs 10,8-12.


Textos como Hch 3,17; 13,27 unen los jefes judíos, el pueblo y la ignorancia a la muerte de Jesús. (28) La situación de conflicto es evidente: por un lado los asesinos que matan al profeta desarmado, y creen que en ello triunfan sobre él con su Apoder@; por el otro la víctima de la violencia, y Dios que habla con su poder de dar vida triunfando así sobre los Apríncipes de este tiempo@. La misma palabra Acruz@ es Auna obscenidad que no puede mencionarse en una conversación@ en el mundo romano. (29) Es a esto, el más cruel y terrible de los suplicios (Cicerón), la pena más torpe (Tácito) e infeliz (Séneca), reservada solamente a esclavos que fue sometido escandalosamente un Apredicador de parábolas@, (30) Atratado en este caso como las heces de la sociedad del imperio romano@. (31) De allí que Pablo refuerce este escándalo precisando -por si hiciera falta- que el que Atomó forma de esclavo@ fue fiel a Dios Ahasta (el extremo de) la muerte, (y muerte de cruz!@ (Fil 2,8). La idea de que se humilló Aa sí mismo@ refleja que su acción es libre y voluntaria. No se comprende cómo J. Schneider, piense que Pablo Ano se refiere al acontecimiento histórico de la cruz de Jesús sino a su significación salvífica@. (32) Creemos que Pablo no separa ambas dimensiones, la salvífica (cruz de la fe) y la conflictiva (cruz de la historia), (33) y este conflicto sigue siendo escándalo. (34) La cruz es una palabra de los asesinos, Apríncipes de este tiempo@, y es a su vez una palabra de Dios, Afuerza de Dios y sabiduría de Dios@ para los llamados...


B. La dimensión comunitaria de la cruz

Pero la cruz no lleva sobre sí solamente una carga de conflicto. Utilizando un lenguaje tomado de la hermenéutica podemos afirmar que la cruz es un lenguaje que Aqueda abierto@, y como tal se carga de sentido siempre nuevo. Es por esto que la cruz también puede ser Amanipulada@ o Adomesticada@. De aquí -para evitar cualquier manipulación- que sea tan importante empezar por la Acruz de la historia@. (35) Esta Aapertura@ del lenguaje de la cruz no debería conducirnos por cualquier camino, sino por la huella de la misma cruz. Esta apertura, entonces, debe seguir los mismos caminos abiertos por el Nuevo Testamento, y es lo que trataremos de presentar.

Nuestra intención -en este párrafo- es mostrar cómo releyeron algunos autores del Nuevo Testamento este mismo lenguaje de la cruz aplicándolo a sus propias realidades. Brevemente señalaremos las relecturas individuales, deteniendonos más atentamente en las relecturas colectivas, por servir más claramente a nuestro objetivo: hablar de un Apueblo crucificado@.

1.- Una proyección personal de la cruz:

AA la luz de la cruz interpreta Pablo su misma condición social como apóstol y las características de su predicación. Pablo reivindica polémicamente el personificar los valores alternativos de la cruz y se pone como ejemplo para sus comunidades. Personificar la cruz sirve a Pablo para aumentar su autoridad@. (36)

La pedagogía de la cruz, que Pablo presenta insistentemente, y que hemos señalado en nuestro párrafo anterior, no es ajena a la misma predicación, o mejor dicho, al mismo predicador. Pablo sabe ver una estrechísima relación entre el mensajero y el mensaje, de allí su frecuente apología frente a las críticas, y también su presentación insistente.

Veremos, sintéticamente, dos textos:


En 1 Cor 2,1-5 Pablo presenta brevemente el modo con que él evangelizó en Corinto. Su presentación es una ejemplificación gráfica de los contenidos de su misma predicación: la cruz. Es en este marco, de predicación de la cruz, que Pablo señala que la presentación que él hizo del mensaje fue débil: puesto que no quiso saber sino Aa Jesús, el Cristo, y éste crucificado@ se presentó Adébil, tímido y tembloroso@, sin los Adiscursos persuasivos de la sabiduría@, y con la única fuerza del Espíritu. Podemos decir que Pablo se presenta como Aun predicador crucificado@, y que los mismos medios a los que recurre son Acrucificados@, son medios débiles que saben Asacar@ de ellos, fuerza de Dios; es la misma antinomia debilidad-fuerza que aparecía en el contexto de la cruz (1,18.24.25). Sobre esta unidad volveremos en seguida.

Otro párrafo a tener en cuenta es el texto de Gal 3,1: allí Pablo dice que a los ojos de los Gálatas fue Apresentado@ Cristo crucificado. )A qué presentación se refiere? Recientemente se ha propuesto, y no parece desacertado, que el contexto de Gal 2,19-21 y la semejanza entre Apresentación@ (proegrafê) y el presentarse como Aespectáculo@ (theatron, 1 Cor 4,9), ya que Acuando soy débil entonces soy fuerte@ (2 Cor 12,10) invitan a ver que Aa través de su debilidad, Pablo proclama a Cristo crucificado ... el lenguaje visual debe entenderse metafóricamente... (así) podemos entender el aspecto visual de proegrafê como una presentación (display) de Pablo del Cristo crucificado@. (37) El texto, que como vimos remarca fuertemente la importancia de la cruz, ha sido presentado por la misma persona del predicador, con su debilidad.

Como podemos ver, Pablo no ha puesto Ala cruz@ como algo Acerrado@, sino que la predicación de la cruz es algo que muestra toda una pedagogía: en los contenidos, y en el mensajero. Predicar la cruz, lo que es el centro de la predicación paulina, no es simplemente objetivar un tema. Es presentar ese mismo tema como un todo. Predicar la cruz con medios Afuertes@, con Asignos de poder@, con recursos Asabios@ sería para Pablo una incoherencia. Atentaría contra la misma cruz que se predica.

2.- Una proyección comunitaria de la cruz

Volvamos al texto de 1 Cor 1: Pablo ha predicado la fuerza de la cruz. De hecho es una debilidad que se revela como fuerza Apara los que se salvan@ (1,18). Hemos señalado la antinomia fuerza-debilidad. La fuerza aparente (Adel mundo@) puede resultar muy atractiva, y de hecho es un criterio que se sigue frecuentemente para evaluar la Averdadera sabiduría@, la Aperfecta@. Los grandes predicadores de la antigüedad son excelentes oradores. (38) Pablo, en cambio, ha presentado una sabiduría diferente. Tan diferente que es vista como escándalo o necedad para los diversos grupos. El contenido mismo de la predicación paulina es escandaloso. Pero -como lo hemos visto- no sólo su contenido aparece Adébil@ sino también su mismo predicador. Sin embargo, esto es coherente con el contenido, hay una Asyn-tonía@ entre el contenido de la cruz, debilidad y escándalo, y la Apresentación@ del predicador: Adébil, tímido y tembloroso@.

Pero no sólo el contenido y el mensajero están Aseñalados@ con la cruz. Los mismos destinatarios también lo están. Para Pablo todo esto es signo evidente de la absoluta coherencia de la fuerza de Dios que se manifiesta en la debilidad. Puesto que para el Apóstol la gracia toma la iniciativa y es la expresión de un Dios que siempre da el primer paso, y que no pretende que nos guiemos con criterios de eficiencia, o de Aprudencia humana@, la manifestación de la debilidad permite que la gracia muestre toda su capacidad y su fuerza. La debilidad es patente (del mensaje, del mensajero y los destinatarios) y permite evidentemente descubrir la fuerza de la intervención de Dios. (39) Es la coherencia de la pedagogía de la cruz. Si hay un mensaje de la cruz, y un mensajero crucificado, ahora Pablo nos recuerda que los corintios también son una Acomunidad crucificada@:


A(Mirad, quiénes han sido llamados, hermanos! No hay muchos sabios según la carne, ni muchos poderosos, ni muchos de la nobleza. Ha escogido Dios más bien lo necio del mundo para confundir a los sabios, y ha escogido Dios más bien lo débil del mundo, para confundir lo fuerte. Lo plebeyo y despreciable del mundo ha escogido Dios, y lo que no es, para hacer ineficaz lo que es. Para que ningún mortal se gloríe en la presencia de Dios. De él les viene que estén en Cristo Jesús, el cual es hecho para nosotros sabiduría de Dios, justicia, santificación y redención, a fin de que, como está escrito: El que se gloríe, gloríese en el Señor@ (1 Cor 1,26-31).

Es interesante ver cómo presenta esto W. Schrage en su comentario a la carta paulina. Él titula la unidad: La Composición de la comunidad como reflejo de >la palabra de la Cruz=. Y añade más: AQue la mayoría de los miembros de la comunidad de Corinto no pertenecen a los ricos o poderosos, sino a las masas; es un reflejo de la Cruz de Cristo@. (40) Y al mostrar la resonancia del texto en diferentes momentos y lugares (historia de los sentidos) afirma:

ANo es casualidad que en la >Teología de la Liberación= las implicaciones sociales de 1 Cor 1,26-31 sean utilizadas repetidamente, contrariamente a lo que ocurre con el integrismo o la indiferencia social. Con nuestro texto se puede leer: >El amor de Dios y de la humanidad de Cristo son parciales para los fatigados y sobrecargados, para los humillados y ultrajados=.
ALos llamados de 1,18ss están modelados en la Teología de la Liberación por la experiencia de la pobreza y la represión como horizonte, en ellos la meta de la Cruz vuelve a revelarse y el conocimiento del dolor y la represión interior domina el sistema de la Comunidad como adecuado intérprete para la comprensión de la cruz. Sin embargo, los pobres no son un ideal, sino que la solidaridad con los pobres debe volverse protesta contra la pobreza@. (41)

Los textos podrían multiplicarse, señalemos solamente dos más. En una misma linea con la dinámica de la predicación de la cruz, Pablo afirmará que con el bautismo quedamos Acrucificados con Cristo@ (cf. Rom 6,3.6) y que hay que tener Alos mismos sentimientos de Cristo@ (Fil 2,5).

Una vez más podemos ver la importancia que para el Apóstol tiene la relación entre la cruz y la comunidad. Es en el primero de los textos donde encontramos la extraña fórmula synestaurôthê (con-crucificados) en la que Pablo, como varias veces hace, une estrechamente la eclesiología y la cristología (42) movido por la escatología. El Bautismo nos pone en comunión estrecha con el crucificado y nos hace vivir con-crucificados; la comunidad de los bautizados, ciertamente es con-crucificada.  

AEl v.5 (...) muestra que en la representación sacramental del acontecimiento-Cristo se establece una unión de la muerte y resurrección entre Cristo y el bautizado. Con synestaurôthê: >fue crucificado con=, v.6a establece la base de esta unión con Cristo enteramente en el evento histórico de la crucifixión. Los bautizados están unidos a Cristo de un modo tal que son arrastrados al evento que ocurrió una vez en el Gólgota. La muerte de Cristo deviene efectiva en sus vidas cuando ellos son arrastrados por el bautismo a la unión salvífica de la cruz de Cristo”. (43)


Por otra parte, esta estrecha relación, se ve de un modo patente, y de una manera más evidentemente comunitaria, en el párrafo que antecede al llamado Ahimno@ que encontramos en la carta a los filipenses (2,1-5). G. Fee ha señalado claramente la estrecha relación estructural entre lo que Pablo pretende de la comunidad (paraklêsis, 2,1) y el Ahimno@. Los cristianos están llamados a Asentir@ Aen Cristo Jesús@, pero esa actitud debe llevar a un modo de vida en la comunidad (Asiendo de un sentir armónico@, 2,2): la repetición de términos en esta introducción y en el Ahimno@ señalan que para Pablo ese movimiento de descenso y ascenso que se registra en la kénosis y exaltación de Jesús también se da en las comunidades. La misma Ahumillación@ (etapeínôsen) que lo lleva a obedecer hasta la muerte Ay muerte de cruz@ es la que se espera de los cristianos (tapeinofrosynê-i, v.3). Ese es, ciertamente, el sentido del v.5 que une ambas unidades. (44)

Pero dejemos a Pablo. Sobre la solidaridad de la Acomunidad@, el Apueblo de Dios@ o el sentido colectivo de la cruz, entendida ya no sólo como el instrumento que lleva a la muerte a Jesús, sino de un modo amplio, el Nuevo Testamento con mucha frecuencia presenta el concepto extendiéndolo:

El Evangelio de Mateo constantemente pone en paralelo a Jesús y su comunidad diciendo de ésta lo mismo que había dicho de Aquel hasta el punto de poder decirse que es el Evangelio eclesiológico por excelencia, y que esto puede descubrirse desde la misma estructura de la obra. De hecho, la característica de la Iglesia de Mateo es la presencia constante del Señor: Aestoy con ustedes todos los días hasta el fin del mundo@ (28,20)

Lucas en su obra no teme en presentar a los seguidores de Jesús como crucificados. El máximo -pero no único- ejemplo, es el estrechísmo paralelo que presenta el autor entre la cruz de Jesús y la cruz de Esteban, pero lo mismo podríamos decir de la figura de Pablo presentada por Hechos a lo largo de su obra como Aapóstol crucificado@. (45)

Juan, se ha dicho claramente, presenta en paralelo a Jesús y su comunidad hasta el punto que su obra se mueve en dos niveles simultáneos y lo que se dice de Jesús puede afirmarse asimismo de la comunidad del Discípulo amado. Las actitudes de los judíos con Jesús no son distintas que las que los contemporáneos del Evangelio tienen con los cristianos al Aexpulsarlos de las sinagogas@ por confesar a Jesús como Mesías.

También, la primera carta de Pedro frente a la persecución que padecen los cristianos, a los que presenta como Pueblo adquirido (2,9), y -sea esta persecución real, potencial o Aespiritual@, presente o inminente- une claramente esa persecución con la cruz de Cristo (cf. 4,13). La carta a los Hebreos presenta a Jesús como Aprecursor@ de un camino que estamos invitados a seguir (cf. 10,20). E incluso el Apocalipsis, que no sólo presenta a la Iglesia en solidaridad martirial con su Señor, lo que le alcanza dignidad de pueblo sacerdotal, sino que a los dos testigos no teme en relacionarlos tan estrechamente al Señor que los cadáveres son expuestos tres días y medio allí donde su Señor fue crucificado (cf. 11,8).

Lo que hasta aquí presentamos tiene como intención mostrar que en la teología bíblica la cruz no es un hecho aislado, y que hablar de personas, comunidades o pueblos crucificados no es sino ser coherente con la teología del Nuevo Testamento, que aunque no utilice el término, sí establece una estrecha relación entre el Señor crucificado y la cruz de sus seguidores.

Sin embargo, y para ser más explícitos, no hay probablemente texto donde sea más evidente esta teología de la cruz que en el Evangelio de Marcos.

Detengámonos, entonces, brevemente en este Evangelio:

Aunque la importancia de la theologia crucis en el Evangelio de Marcos no necesita ser demasiado resaltada, veamos esquemáticamente cómo está presentado.


Hay consenso general en que el Evangelio puede dividirse en dos partes teniendo la Confesión de Pedro como texto bisagra de la obra. La estrecha relación entre Jesús y sus seguidores se nota claramente en la primera parte ya que a cada uno de los tres sumarios que comienzan una sub-unidad de esta parte, le sigue inmediatamente un relato de vocación de los discípulos. Recién a continuación encontramos el conjunto de relatos (empezado y terminado cada uno por una inclusión). En estas tres partes se descubre un Jesús cada vez más aislado, al principio de las autoridades o jefes de Israel, (46) luego por la familia de Jesús, y los suyos (6,4) y finalmente por Alos hombres@ en general (8,27).

En la segunda parte, el lugar central lo ocupa el bloque enmarcado por los tres relatos de la pasión. Nuevamente, a cada uno lo sigue un relato que hace referencia a los discípulos, esta vez marcado por la incomprensión. Esto supone un modo de ser discípulos, un ponerse en camino detrás de la cruz, señalado por la negación de sí (8,34), la humillación de sí (9,33-35) y la renuncia a los puestos de honor (10,35-40), (47) de allí que en cada unidad encontremos el dicho Asi uno quiere...@ (8,34; 9,35; 10,43).

Veamos esto esquemáticamente:

Prólogo: 1,1-13: Evangelio de Jesús el Mesías, el Hijo de Dios

Parte I: Mc 1,14-8,30
Parte II: Mc 8,31-15,39
Sumario (1,14-15)                                 1,14-3,6
Relato de vocación de los discípulos (1,16-20)
Cuerpo del relato (1,21-3,6)
(Inclusión quiástica: sábado... sinagoga en 1,21 y 3,1.2)
            Incomprensión
                                                        8,31-9,29
Primer anuncio de la Pasión (8,31-32a)
Incomprensión de los discípulos (8,32b-33)
Cuerpo del relato (8,34-9,29)
Sumario (3,7-12)                                   3,7-6,6a
Relato de vocación de los discípulos (3,13-19)
Cuerpo del relato (3,20-6,6a)
(Inclusión quiástica: casa... parientes en 3,20.21 y 6,4)
            Incomprensión
                                                      9,30-10,31
Segundo anuncio de la Pasión (9,30-32)
Incomprensión de los discípulos (9,33-37)
Cuerpo del relato (9,38-10,31)
Sumario (6,6b)                                    6,6b-8,30
Relato de vocación de los discípulos (6,7-13)
Cuerpo del relato (6,14-8,30)
(Inclusión: Juan el Bautista... Elías... profeta en 6,14.15 y 8,28)
                                                    Incomprensión
Aeres el Mesías@ (8,29)
                                                         10,32-52
Tercer anuncio de la Pasión (10,32-34)
Incomprensión de los discípulos (10,35-45)
Cuerpo del relato (10,46-52): un ciego deviene discípulo modelo.

Jesús en Jerusalén (11,1-13,37)
Pasión y Pascua de Jesús (14,1-15,39)
Aera el Hijo de Dios@ (15,39)
Conclusión 15,30-16,8

Es muy probable que Marcos destine su Evangelio a una comunidad perseguida de la actual Italia, posiblemente de Roma. Esta persecución es vista como una cruz, y ante esta Acomunidad crucificada@, Marcos intenta presentar como Buena Noticia que la comunidad está siguiendo las mismas huellas de su Señor. Abandonada de todos, sin signos aparentes de solidaridad, la comunidad se siente incluso abandonada por Dios. Su identificación con su maestro se da particularmente en esta cruz.

Esto se remarca particularmente si podemos decir que la comunidad de Marcos estaba entusiasmada por una theologia gloriae, es decir, que frente a la persecución, ponía su confianza en los milagros, en lo extraordinario; Jesús, por el contrario, se revela en la cruz.

ALa tesis de la teología de Marcos de la cruz como contrapuesta a una teología de la gloria ha tenido su máximo desarrollo en L. Schenke: >La circunstancia que ha llevado a la redacción de Mc fue una equivocada teología de la gloria al interno de la comunidad. Esta se manifestaba en relatos singulares, relatos que representaban la actividad terrena de Jesús en obras de potencia y milagros como apariciones de Dios y su fuerza sobre la tierra. Estos prodigios de Jesús daban a la comunidad la certeza de encontrarse ya salvada y de participar de la gloria del Glorificado. A esta teología, destinada a equivocarse en esta época de crisis y persecución, Marcos responde con una teología de la cruz. Dios no ha querido manifestarse en acciones gloriosas, sino en la bajeza de la cruz de Jesucristo. En el mismo abandono extremo de Dios en la cruz (15,14) Dios está absolutamente presente. Por esto la filiación divina de Jesús y la gloria celeste pueden reconocerse en definitiva sólo en el advenimiento de la cruz=...@ (48)

El llamado Asecreto mesiánico@ de Marcos, intenta silenciar malas interpretaciones, particularmente relacionadas con el título Mesías. Una vez que Jesús presenta la cruz como parte integrante de su camino, puede comenzar a explicar Aqué tipo de Mesías@ es; es por esto que en la segunda parte del Evangelio, ciertamente más cristológica, desaparecen prácticamente las multitudes y los milagros, mientras Jesús se dedica a explicar o predicar a sus discípulos en privado, o en la casa. 

Por eso podemos decir que Ala cruz@ no es sólo algo que los asesinos impusieron a Jesús de Nazaret; es también algo que deben cargar (incluso Acada día@, al decir de Lucas) los que quieran ser discípulos; la cruz forma parte de la vida de los seguidores del Señor. La cruz de Jesús y la cruz de la comunidad, una comunidad crucificada, son -como vemos- inseparables en la estructura de Marcos, y -lo hemos visto- totalmente coherentes con las demás teologías de la cruz del Nuevo Testamento, donde la relación entre Jesús y los suyos es absolutamente estrecha. Es extraño que al hablar de la teología de la cruz se omita a los creyentes crucificados los que, queda claro, están estrechamente ligados y difícilmente pueda aislárselos sin ser infieles a la teología bíblica. Ciertamente que esta Aligazón@ no es sin más identidad, no es la misma la cruz de Cristo que la de los pueblos crucificados, pero aquella pierde un aspecto fundamental sin esta. Podemos decir que omitir la referencia a los pueblos crucificados quita a la cruz, (a la verdadera cruz!, cierta encarnación.


Conclusión

Hemos señalado una doble dimensión, conflictiva y comunitaria, presentes en la categoría pueblo crucificado. Creemos haber mostrado que ambos elementos son plenamente coherentes con lo que nos dice el Nuevo Testamento. Más aun, nos preguntamos, dada la contundente cantidad y fuerza con la que ambos aspectos aparecen, cómo puede omitirse, de los escritos teológicos y pastorales, una imagen tan precisa y a su vez útil para entender nuestro presente.

Es evidente que no es lo mismo hablar de la cruz de Jesús y la cruz del pueblo. Ciertamente la dimensión de cruz que encontramos en el pueblo es análoga a la de Jesús, y no todo lo que podemos decir de la cruz de Jesús podemos asimismo decirlo de la cruz del pueblo. Pero eso no nos impide dar el paso de Ellacuría: lo que se dice de la cruz de Jesús ha de decirse analógicamente (o metafóricamente, o por Asemejanza@) de la cruz de la comunidad o del pueblo crucificado. Señalemos algunas tal como Ignacio las presenta: (49) como continuador de la obra de Jesús aporta la salvación (214), es víctima del pecado y aportará la salvación al mundo (201-204, 215), es aceptado por Dios como siervo de Yahvé (213). Por otra parte es claro que no es el dolor y la muerte del pueblo lo que alcanza salvación sino que Asólo un pueblo que vive, porque ha resucitado de la muerte que se le ha infligido, es el que está dispuesto a salvar al mundo@ (215), que otra vez, el mundo de la opresión no está dispuesto a aceptar y otra vez Adesechará la piedra angular@ (216). J. Sobrino complementa esto diciendo que los pueblos crucificados también traen luz, ofrecen valores, esperanza, fe, un gran amor, ofrecen el perdón a sus opresores, generan solidaridad, y un modo de ser Iglesia. (50)

ALa Teología de le Liberación (nacida veterotestamentaria y madurada neotestamentaria) (51) ve que las mayorías oprimidas son hoy un pueblo crucificado: relee la crucifixión de Jesús desde esta situación e interpreta ésta desde el Cristo crucificado.
APor ello Ellacuría afirmó por activa y por pasiva, y argumentó con solidez, que la salvación de Dios ofrecida históricamente a los hombres una y otra vez, pasa hoy por la liberación estructural de las mayorías populares. Sin duda, la salvación no se reduce a una simple liberación política, pero la salvación sin la liberación política es un cuento de hadas que no se traga nadie.
(...)
AQue la salvación pase por la liberación política... significa dos cosas en Ellacuría: que los pobres son objeto de salvación y que esos mismos pobres son sujeto de salvación (...)
ALo segundo es más peliagudo, aunque igualmente cierto: los pobres son sujeto de salvación, o sea, ellos traen la salvación. No es que ellos sean la fuente de la salvación (sólo Dios es la fuente), sino que la salvación nos viene a nosotros a través de ellos... porque Dios es así, porque su amor se da kenóticamente, porque su amor se muestra en el abajamiento. La Biblia está empapada de este ser de Dios...@ (52)

Nuestro trabajo ha intentado aportar a la obra de Ignacio Ellacuría, teólogo y mártir. No fue nuestra intención explicitar lo que él mismo dice. Al hablar de pueblo crucificado, él suele trabajar otros textos y otros autores. Ciertamente su texto predilecto son los cantos del siervo de Yahvé, y al hablar de la cruz cita frecuentemente a los estudios bíblicos que han trabajado la actitud de Jesús ante la muerte (Schurmann, Léon Dufour). 

Nuestro intento fue por otros carriles, intentamos mostrar la validez de la categoría, para lo que hemos presentado una serie de textos o unidades literarias. La conflictividad de la cruz, que tan clara vemos en nuestros días, no siempre se vio antes de ese modo. Lo mismo hemos de decir de la aplicación de la metáfora (o imagen) de la cruz a las realidades comunitarias de debilidad, victimización o muerte inminente.

Muchas cosas cambiaron en América Latina desde la muerte de Ignacio. El Salvador ya no es el mismo, y no parece que la sangre derramada por Ignacio y sus compañeros y compañeras, la sangre de Romero y de los 70.000 asesinados del Salvador, lo mismo que los 80.000 de Guatemala, entre los cuales recordamos a mons. Girardi, no parece que toda esa sangre sea ajena a algunos cambios que podemos ver. Parece haber pasado la hora de las balas, ahora la muerte tiene otro color: verde dolar. La usura internacional y la muerte lenta por el pago de una deuda externa que mata a los pobres, el imperialismo internacional del dinero, la dictadura neoliberal, la desocupación, la imposición de planes de ajuste desde los centros de poder, el enorme crecimiento de la corrupción política, empresarial, sindical, periodística..., la violencia, las enormes y crecientes desigualdades sociales, el analfabetismo, la concentración multinacional de capitales y medios de producción en manos cada vez más limitadas... Y a esto podríamos agregar el invierno eclesial, la centralización cada vez mayor  de la curia romana, el congelamiento del Concilio Vaticano II, los nombramientos de obispos (entre ellos el Arzobispo del Salvador) cada vez más lejanos de los pobres y más cercanos al poder, y una iglesia que a veces habla mucho de los pobres pero propone modelos que no temen acercarse a los pobres mientras ellos sigan donde están...

Hablar de los pueblos crucificados parecen ser cada vez más un desafío de notable actualidad.

Hablar de pueblos crucificados es tener muy presente el conflicto, y saber que hay crucificadores: los mismos que crucificaron a Jesús y a Ellacuría, a Mugica y a Angelelli, a Romero y a tantos otros, son los ídolos que necesitan víctimas para saciar su sed. Pero es también decir que Dios no está de ese lado de la historia, sino Adel reverso@, Dios sí hace una verdadera opción por los pobres, comprometido con su historia, comprometido con su vida; y en ese compromiso Dios siempre tiene la última palabra, que es palabra de vida y resurrección.

Hablar de pueblos crucificados es hablar de salvación, de sentido al dolor. No un sentido en un Amañana@ indefinido, no un sentido en la resignación, sino un sentido que se encuentra en el hermano (hyper hêmôn), un sentido que es de vida.

Hablar de pueblos crucificados es hablar de pueblo, palabra provocadora en el imperio del individualismo y la aislación. Pueblo que es comunidad y fiesta, que es cultura y fe. Pueblo es peregrinación e historia, elección y compromiso con el otro y otra, un hermano y hermana.

Hablar de pueblos crucificados es hablar de martirio y sangre, de fidelidad y proyecto. Es hablar de testimonio de un amor mayor. Siempre mayor. Es hablar de encarnación y Pascua, de Espíritu y espiritualidad. Es hablar de América Latina y el Tercer Mundo, y también de las armas vendidas por el Primero, del FMI y el Banco Mundial, de una iglesia de los pobres y de una teología que quiere hablar desde la fidelidad y el compromiso.

Hablar de pueblos crucificados es hablar de Ignacio Ellacuría.


Notas:

1. G. Gutiérrez, Teología de la Liberación. Perspectivas, Salamanca 1973, 35.
2. J. Sobrino, ATeología en un mundo sufriente. La teología de la liberación como >intellectus amoris=@, en El principio-misericordia. Bajar de la cruz a los pueblos crucificados, (Presencia Teológica 67), Bilbao 1992, 47-80.
3. La idea es de Bartolomé de las Casas, G. Gutiérrez la cita desde los comienzos de sus escritos, cf. ADe Medellín a Puebla@ en La fuerza histórica de los pobres, Salamanca 1982, 98; sigue usándola en su monumental trabajo lascasiano, En busca de los pobres de Jesucristo, Salamanca 1993; la frase de Las Casas es: AToda la concesión y causa de ella de los reyes de España y señorío que sobre estas tierras y gentes tienen, fue y es para la vida de ellas y para la salvación y conversión de sus almas, y háselas convertido en muerte muy acelerada y miserable y final perdimiento@, 40.
4. Juan Pablo II, Discurso a los Obispos del CELAM, Estadio olímpico de Santo Domingo, 12.10.1984, III,1.
5. La imagen parte del dicho Aignaciano@ in actione contemplativus (propiamente de Nadal, no de Ignacio, aunque expresa su intuición).
6. Cf. G. Gutiérrez, El Dios de la vida, Salamanca 1992; V. Codina, ADios de la vida, dioses de la muerte@ en Parábolas de la mina y el lago, Salamanca 1990, 47-62.
7. L. Boff, AMística y política. Contemplativo en la liberación@, Christus 3 (1991) 27-31.
8. Lo hemos hecho en AEl amor mayor, testimonio de una vida plena@ artículo de próxima aparición en Concilium.Sin duda que el Aodium fidei@ puede ser un criterio, y allí donde está evidentemente presente podemos hablar de martirio; pero también podemos hablar de martirio en otras circunstancias aunque el Aodium fidei@ esté ausente. No creemos que sea el criterio mayor.
9. Cf. J. Sobrino, Compañeros de Jesús. El asesinato-martirio de los jesuitas salvadoreños, Bilbao 1989, 27: Avivieron y lucharon por su erradicación@.
10. Dejamos de lado la capacidad o incapacidad, maldad o ignorancia humana, los ídolos Asaben lo que hacen@. Su problema es que no saben hacer otra cosa que dar muerte, de allí que matando a Jesús encuentran su propia muerte. Los instrumentos humanos, en cambio, pueden saber o no. La proliferación del egoísmo, la centralidad del dinero, su enorme capacidad de muerte nos hace dudar que -al menos siempre- Ano sepan lo que hacen@.
11. Cf. I. Ellacuría, AEl pueblo crucificado@ en Mysterium Liberationis (I. Ellacuría - J. Sobrino eds.), Madrid 1990, II 189-216.
12. La posibilidad de que los judíos contemporáneos a Jesús viesen a los crucificados como Amalditos de Dios@ releyendo Dt 21,22-23 no sólo se refuerza por su uso en Qumrán, sino por la lectura de Trifón en diálogo con Justino: A... de lo que dudamos (los judíos) es de que el Cristo hubiese de morir tan ignominiosamente, pues en la ley se dice que es maldito el que muere crucificado (epikatáratos gar ho stauroúmenos)@ (Dial 89,2; 90,1); como se ve, sin embargo, el uso de epikatáratos invita a sospechar que Justino estaría influenciado por Pablo. Cf. C. M. Tuckett, ADeuteronomy 21,23 and Paul=s Conversion@, en A. Vanhoye et al. L=Apôtre Paul, BETL, Louvain 1986, 345-350.
13. E. de la Serna, Con los pies en el barro, Montevideo 1993, 32-38.
14. Cf. R. E: Brown, An Introduction to the New Testament (ABRL), Doubleday 1997, 192.
15. Basta ver a modo de ejemplo el prólogo de la obra de X. Léon Dufour, Jesús y Pablo ante la muerte, Madrid 1982, 14: AEl lenguaje corriente es el que manifiesta, por ejemplo, en América Latina a través de los Cristos de los dolores, que ostentan llagas sanguinolentas para invitar a los pobres a soportar con paciencia la opresión que los mantiene en la miseria...@
16. La distinción entre Ayo@ y Alos otros@ es muy importante. AYo@ puedo asumir el sufrimiento, por amor, y dar la vida, incluso soportar la injusticia para que Alos otros@ tengan vida. Pero Ayo@ debo luchar para que la injusticia cometida a Alos otros@ cese cuanto antes. Del mismo modo, Ayo@ puedo querer permanecer en la cruz para que otros vivan, y eso es amor. Pero precisamente por amor debo trabajar y dar la vida para aliviar la cruz de Alos otros@, o Abajar de la cruz a los pueblos crucificados@. Pero también dentro del Ayo@ es importante hacer una distinción entre el auto-sacrificio y el Adon de sí@, como lo hace F. Hinkelammert en Sobre ídolos y sacrificios. René Girard con teólogos de la liberación (H. Assmann ed.), San José de Costa Rica 1991, 43.
17. Como se ve, y volveremos sobre esto, la maldición en este caso viene Ade la Ley@ y no Ade Dios@.
18. J. L. Martyn, Galatians (AB 33A), Doubleday 1998, 319.
19. Así lo entiende H. Schlier, La carta a los Gálatas, (BEB 4), Salamanca 1975, 163
20. AGal 3,13 y 2 Cor 5,21 son pasajes en los que Pablo desarrolla el significado expiatorio de la muerte y pasión de Jesús con la ayuda de un modo tipológico de pensamiento. El primero representa el efecto liberador del acto de salvación, análogo a la redención de un esclavo (...) El uso de las palabras eulogía y epaggelía muestra intrínsecamente que el uso de hyper hêmôn aquí es >en nuestro favor=... >en nuestro lugar= (palabra que tendrá sentido bautismal)@, Reisenfeld, hyper TDNT VIII, 509 (cf. 512); de modo semejante H. Patsch en EDNT III, 398. Nos detenemos brevemente en esto porque la muerte de Jesús Apor nosotros@ ha sido muchas veces leída en Aclave dolorista@: Anosotros matamos a Jesús@ cargando culpas en las conciencias y eximiendo de su real culpa a los Caifás y Pilatos... Así lo afirma asimismo B. Ferraro: ALas primeras comunidades retomarán los textos de las Escrituras para hacer frente a las interpretaciones de los poderosos que veían a Jesús como impuro, pecador, blasfemo, agitador. Los textos del Nuevo Testamento, sobre todo Lucas y Juan, hablan de la muerte de Jesús como una >muerte por...= (Hyper, en griego). Una muerte por solidaridad. Una muerte para defender la justicia@, en Sobre ídolos y sacrificios, 44.
21. A. Vanhoye, APensée théologique et qualité rhétorique en Galates 3,1-14", en The Truth of the Gospel (Galatians 1,1-4,1) J. Lambretch (ed.), Monographic Series of ABenedictina@. Biblical-Ecumenical Section 12, Rome 1993, 114.
22. El término es propio del lenguaje comercial, y puede referir a la compra de bienes, o particularmente de esclavos para ser liberados. El uso del aoristo refiere a una acción puntual del pasado: la cruz de Jesús ha producido tal rescate, la liberación de lo que esclaviza.
23. A. Pitta, Lettera ai Galati, (Scritti delle origini cristiani 9), Bologna 1996, 190.
24. R. Aguirre, ASociología de la cruz en el Nuevo Testamento@ en La mesa compartida, (Presencia teológica 77), Bilbao 1994, 183.
25. Cf. B. Malina, El mundo del Nuevo Testamento. Perspectivas desde la antropología cultural, Verbo Divino 1995, 45-83.
26. W. Schrage, Der Erste Brief an die Korinther (1 Kor 1,1-6,11), (EKK VII/1), Neukirchener 1991, 254.
27. R. Bultmann, Theologie des Neues Testaments, Tübingen, 1958, 179.
28. I. Fulkes, Problemas pastorales en Corinto. Comentario exegético pastoral a 1 Corintios, San José, Costa Rica, 1996, 100.
29. Así F. F. Bruce, citado por P. O=Brien, Commentary on Philippians, (NIGTC), Eerdmans 1991, 231; Ala misma palabra >cruz= debe removerse no sólo de la persona del ciudadano romano, sino de su pensamiento, sus ojos, sus oídos@, Cicerón.
30. A)Cómo se puede conciliar la existencia de Jesús así definida [existencia escatológica en la que triunfaba el poder del amor] con el hecho histórico de su muerte violenta? La suerte de malhechor sufrida por el narrador de parábolas )no desmiente la relevancia escatológica de lo narrado por él y, en consecuencia, la verdad escatológica de su existencia? )Su ajusticiamiento en la cruz, no es un indicio claro de la impotencia del amor y de la prepotencia del mundo operativo? El hecho de la muerte violenta de Jesús, )no viene a confirmar la norma de lo real según la cual el sufrimiento es consecuencia de la mala acción (cf. Gal 3,13b en conexión con Dt 21,23)? El kerigma pascual contradice el veredicto latente en estas preguntas, dando a conocer que justamente la impotencia del Crucificado responde a la esencia del amor. El kerigma pascual presenta la muerte especial de Jesús como la expresión más radical de la autoalienación del amor. En la muerte de Jesús se manifiesta de qué es capaz el amor...@, W. Harnisch, Las parábolas de Jesús, (BEB 66), Salamanca 273-274.
31. G. Barbaglio, Dios, )violento?, Verbo Divino 1992, 215.
32. J. Schneider, staurós,  TDNT 7,575.
33. Cf. J. Gnilka, Der Philipperbrief, (HThKNT X 3), Herder 1987, 124; G. Fee, Paul=s letter to the Philippians (NICNT), Eerdmans 1995, 217.
34. J. D. G. Dunn, The Theology of Paul the Apostle, Edinburgh 1998, 207-233: AEsta es la Buena Noticia del Evangelio de Pablo: quienes se identifican con Cristo en su muerte son salvados de morir su propia muerte como resultado de su supervivencia del pecado. Identificándose con Cristo en su muerte, la muerte que experimentan es su muerte. La muerte es inevitable (2 Cor 5,14) pero por virtud de compartir su muerte, ni la muerte ni el pecado tienen la última palabra@, 223.
35. Nos movemos en el mismo terreno que en el Jesús histórico, y de allí hemos tomado la analogía. Profundizar en la figura histórica de Jesús ayuda a impedir que sea manipulado o domesticado.
36. R. Aguirre, ASociología de la cruz@, 187.
37. B. S. Davis, The Meaning of proegrafê in the Context of Galatians 3,1" NTS 45 (1999) 211.212.
38. De allí que muchos interpreten que el texto está en polémica con el Agrupo de Apolo@. No es improbable que la Aelocuencia@ de Apolo haya sido desencadenante del tema Asabiduría@ en esta parte de la carta, pero creemos que Pablo no enfrenta a un grupo sino al hecho de que haya grupos en la comunidad.
39. Es muy importante tener en cuenta este Amovimiento@ de la pedagogía divina, que se Aabaja@ para Aelevar@, que usa medios y destinatarios Adébiles@ para manifestar su Afuerza@. Si solamente nos quedáramos en el Aabajamiento@, o en la debilidad-pobreza estaríamos dándole la razón a Nietzche y su crítica a una Amoral de esclavos@. Aquí hablamos de uno que nos enriquece con su pobreza, fortalece con su debilidad y eleva con su abajamiento. La paradoja es evidente, pero lo chocante del primer paso no debe hacernos perder de vista el segundo término del movimiento.
40. W. Schrage, Der erste Brief an die Korinther, 217 (el título en pág. 203).
41. W. Schrage, Der erste Brief an die Korinther, 221 (las citas pertenecen a J. Moltmann y a G. Gutiérrez).
42. Con una cierta frecuencia se encuentran en los escritos paulinos los verbos a los que incorpora la preposición con señalando la presencia de la obra escatológica de Cristo en la vida del/de los cristiano/s: AAquí el Bautismo es de significación decisiva (...) Pablo ha contrastado a Cristo como el Segundo Adán con el Primer Adán, representando cada uno una persona corporativa (...) La unión del individuo con la persona corporativa de Adán se efectúa por el nexo de procreación y nacimiento, cuando la unión con Cristo es traída por el Bautismo@, Grundmann, syn-metá/, TDNT VII, 789.
43. L. Perry Akli, The Pauline concept of Baptism and New Life in Christ. The dynamics of Christian Life According to St. Paul, Rome 1992, 55
44. G. Fee, Paul=s letter to the Philippians, 174-229, esp. 198-210.
45. Así lo señala, por ejemplo, R. Fabris en su reciente Paolo. L=Apostolo delle genti, Roma 1997. Pone en paralelo el viaje de Pablo a Jerusalén con el viaje de Jesús, tan importante en Lucas: Aprimera fase de su pasión (de Pablo)@ 430; Acomo el proceso de Jesús, también el de Pablo se ha abierto@ 466...
46. Esto se remarca claramente al referirse a los Afariseos y herodianos@ (3,6) que se confabuilan para matarlo, grupo que sólo volvemos a encontrar en el contexto de la pasión (12,13).
47. Cf. J. Ernst, Il Vangelo secondo Marco II, Brescia 1991, 375.
48. Así L. Schenke citado por R. Pesch, Il vangelo di Marco I, (CTNT II/1) Brescia 1980, 113
49. Los números entre paréntesis responden a la página del citado artículo AEl pueblo crucificado@.
50. J. Sobrino, ALos pueblos crucificados, actual siervo sufriente de Yahvé@, Christus 3 (1991) 35-37, artículo escrito a la memoria de I. Ellacuría.
51. El autor, en realidad, está respondiendo a objeciones de Balthasar. Dudamos muy seriamente que los orígenes de la Teología de la Liberación sean veterotestamentarios. Aunque la tipología del éxodo lo sea, la liberación es esencialmente neotestamentaria. Nadie que haya leído a G. Gutiérrez sin prejuicios, por ejemplo, podría afirmarlo. La idea de Acrucificado@, evidentemente, debe remontarse al Nuevo Testamento, aunque elementos del Antiguo Testamento ayuden en su relectura. Sólo Marción diría que tal relectura es veterotestamentaria.
52. J. Sols Lucia, El legado de Ignacio Ellacuría, para preparar el decenio de su martirio, Cuadernos Cristianisme i Justicia 86 (noviembre 1998) 21-22.
  

Publicado originalmente en “El pueblo crucificado. Aspectos bíblicos”, Proyecto 33 (1999) [en Homenaje a Ignacio Ellacuría] 115-141


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