miércoles, 5 de marzo de 2014

Un año sin Chávez



Venezuela, un año sin Chávez


Eduardo de la Serna



El primer aniversario de la muerte del Comandante Hugo Chávez y la situación actual Venezuela (como los Medios de Comunicación la reflejan) y su intento de “Golpe blando” y el intento de trazar paralelismos con Argentina me motivan a decir brevemente unas cosas.

No conozco Venezuela, nunca he estado allí. Conozco pocos venezolanos, muchos/as de ellos/as me caen bien lo que no significa que coincida con ellos en sus miradas, en este caso, políticas. Por tanto, no tendré en cuenta sus opiniones (también he escuchado otras de diferentes personas que han estado o están en Venezuela y me aportan otra mirada diferente).

Unidad Latinoamericana


Siempre he creído y sigo creyendo que pocas cosas son más importantes para nuestro presente y nuestro futuro que la unidad latinoamericana. Fue por eso que ya en mis jóvenes 18 años cuando tuve la oportunidad me decidí a conocer algo de América Latina y viajé a Colombia (1973). Y en esa tesitura he pretendido seguir en muchas ocasiones todavía hoy.

Y en lo personal creo firmemente que nadie ha hecho tanto en favor de la presente unidad latinoamericana como Hugo Chávez. Su negativa tenaz al ALCA, a la dependencia externa, y su aliento al encuentro con los diferentes países del Sur de América y el Caribe creo que son fundamentales para nuestro futuro. Y no es casualidad, sino puro y llano “divide y vencerás” que el Norte ha alentado el Grupo del Pacífico para contrarrestar todos los intentos de unidad, obviamente con los gobiernos de derecha de América (Chile con Piñera, Perú con Alan García, Colombia con Uribe-Santos y México con Calderón-Peña Nieto; algo que Humala no parece querer desarmar y tengo la sospecha que tampoco lo hará Michelle Bachelet). El golpe en Honduras y el de Paraguay no parecen ajenos a esta dimensión de unidad. Y me parece ingenuo (o cómplice) ignorarlo. Cuando se escucha a un supuesto cómico argentino residente en Chile que se burla de los otros países sudamericanos (como Uruguay, Bolivia, por ejemplo) además de irritación, me provoca preocupación. Hasta eso sirve para dividir y reinar.

Creo que en este punto hay algo demasiado fundamental como para –con solo eso bastaría- reconocer y agradecer a Hugo Chávez.

Amistad con Argentina


Cuando Argentina estalló por los aires por aplicar al pie de la letra las mejores recetas del FMI, y estar “inserta en el mundo”, ese mismo “mundo” nos dio la espalda. Todo se derrumbaba, y hasta se creó la categoría de “países inviables” que parecía como un guante perfecto para nuestro país. Hambre atroz (recordar Tucumán, por ejemplo), desocupación y subocupación record, inflación y estancamiento, recesión… A lo sumo llegaban cosas (no siempre útiles o en buen estado) de los solidarios del mundo, pero el mundo le dio la espalda a la Argentina. ¿Quién fue el único que ayudó con préstamos y solidaridad? Pues Hugo Chávez. Y eso permitió un principio de recuperación que con políticas económicas adecuadas permitieron olvidar (demasiado rápido quizás) aquellos momentos.

Conflicto Colombia – Ecuador


Cuando el gobierno guerrerista de Álvaro Uribe con su ministro de defensa Juan Manuel Santos atacó (en realidad lo hizo la CIA, se sabe ahora, gracias a los drones que pueblan los cielos) matando a Raúl Reyes en territorio ecuatoriano, el clima de paz reinante en América Latina se puso en grave riesgo. El clima se enrarecía. La CELAC tuvo su reunión en la República Dominicana. Allí hubo discursos memorables (el de Cristina fue excelente, pero a eso estamos acostumbrados), pero el clima se cortaba con tijera. Hasta que tomó la palabra Chávez. Era evidente que él estaría más cerca de Correa que de Uribe, sin embargo contó chistes, hasta cantó... logrando descomprimir notablemente el ambiente. Después de su discurso la paz se hizo más probable. Y triunfó.

Los enemigos


Hace poco recordaba una vieja canción militante de fines de los 60 de la guerra civil española popularizada por el grupo chileno Quilapayun (1968). Allí se cantaba “qué culpa tiene el tomate”. Había dos versiones en el mismo sentido “si viene un yanqui ladrón” o “si viene un hijo de puta” (esta es la original, por lo que sé) y seguía “y lo mete en una lata y lo manda pa’Caracas”. Caracas era emblema de la república bananera al servicio del imperio. Claro, después hubo un Caracazo, y hubo Chávez.

Cuando miro las declaraciones del embajador yanqui Shapiro, lo que dicen los poderosos, lo que dicen las derechas, lo que dicen en Argentina Clarín, La Nación, Lanata, el PRO, etc., ya sé de qué lado quiero estar. Es el famoso “teorema de Jauretche”, “si no sabés donde tenés que estar, mirá dónde se para la Sociedad Rural y sabrás que tenés que estar del otro lado”. 

El populismo y los progresistas


Y me queda lo que escucho decir de ciertos progresistas. De allá o de otros lados. Y empiezo sabiendo que creo que en general los progresistas nunca entienden a los pueblos. Demasiado barro, demasiado olor, para recordar a Rodolfo Kusch. Y debo decir que en estas cosas no me suele interesar dónde se paran los pensadores, por más ilustrados o brillantes que sean, sino dónde se paran los pueblos. Es verdad que ciertos sectores suelen creerse ellos mismos el pueblo (“si este no es el pueblo, el pueblo ¿dónde está?”), pero después no llegan al 5% de los votos (cuando llegan a eso). Yo vi al pueblo hace un año en el entierro de Chávez. Y lo vi llorando. Y hoy veo a algunos golpeando, y a los golpeadores de acá diciendo que Capriles o que Leopoldo López son “demócratas a cabalidad” como repitieron Macri y Pinedo, Massa, Cobos y Sanz (el mismo que criticó la Asignación Universal por Hijo). Es curioso que los que buscan voltear un gobierno sean calificados de demócratas y el gobernante elegido por la mayoría sea considerado un dictador. ¡Cuánta fuerza tienen los medios, ¿no?!

Del mismo modo que no me entusiasman muchos “teólogos ilustrados” cuando hablan demasiado críticamente de la “religión” despreciando profundamente la “religiosidad popular” en nombre de una idea (muchas veces excelente o maravillosa), tengo que decir que mirando todo lo anterior no tengo duda alguna en recordar con tristeza la muerte de Hugo Chávez y celebrar a los que han recogido su legado. Y esperar que su muerte sea siembra de unidad latinoamericana, de un pueblo feliz y de unos opositores (peligrosos, por cierto) nerviosos. Y cualquier semejanza con la realidad argentina, pues no es pura coincidencia.

Foto tomada de www.teinteresa.es



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