sábado, 22 de marzo de 2014

24 de marzo



Por esto voy a la Plaza el lunes


Eduardo de la Serna


Estaba en el seminario, y se veía venir. Sólo un necio podría negarlo. Si hasta Videla había dado un ultimatum (sic) de 90 días que ya estaba por cumplirse. Los medios bombardeaban (¡interesante metáfora!) con noticias lo más perversas posibles. La guerrilla por acá, desabastecimiento por allá, incapacidad de gobierno de la presidenta por otro lado (¡epa!), oposición inepta acullá (¡recontra epa!)... Nadie podría decir que era algo inesperado. No había azúcar, aceite, yerba... Cada tanto el gobierno acorralado hacía algún allanamiento y aparecían galpones con productos que los empresarios escondían. Los argumentos parecían lógicos: “esto no da para más”. Pero en los últimos meses del año anterior, 1975, la guerrilla había sufrido dos golpes decisivos: los Montoneros muy maltrechos en Formosa, el ERP derrotado en Monte Chingolo. Por otro lado, España e Italia mostraban que las guerrillas podían combatirse con y desde la democracia. Pero... Pero la guerrilla, el terrorismo era la excusa perfecta. “Esto es una guerra”.

Quizás en el desabastecimiento estaba la clave: los grupos económicos mostraban su poder dejando a los argentinos sin los productos fundamentales, total tienen un colchón y pueden pasarse mucho tiempo sin vender (¡epa!). De hecho, una vez producido el golpe, los efectos del día siguiente se reflejan en los titulares de Clarín del 26 de marzo: “EEUU reconoce al gobierno argentino”, “El FMI aprueba un préstamo para el país” y “es normal la provisión de alimentos”. Un empresario, ligado a la Sociedad Rural fue nombrado ministro de Economía, los productos faltantes aparecieron “milagrosamente”, el rumbo económico viraba radicalmente (sic)... Y un Cardenal iba a la Casa de Gobierno a ser testigo de la asunción del Presidente que “todos” apoyaban. Los Medios de Comunicación habían hecho su trabajo. Impecable. “La opinión pública” esperaba y deseaba el nuevo gobierno. El terreno que había sido abonado empezaba a dar sus primeros frutos.

La cosa, en el futuro, era cada tanto titular con nuevos ataques guerrilleros (aunque los realizaran los mismos miembros de las Fuerzas Armadas, como el atentado contra el general Actis, el “abatimiento” de Norma Arrostito, o el “secuestro por parte de los montoneros” de dos monjas francesas), así la “población” seguiría abatida y se podía seguir gestando un nuevo país. Empresas del Estado con superábit eran obligadas a pedir crédito (= endeudarse) como Vialidad Nacional, por ejemplo. Empresas eran privatizadas a precio vil (y otras estatizadas pero eso era la excepción que justifica el bolsillo de los amigos del ministro). La bendición episcopal, sabiamente asesorada por amigos “privados”, daba garantía de apoyo divino de la nueva “Cruzada”. Películas como “Missing” o “Norma Rae” eran prohibidas, los canales de Televisión estaban en manos del Estado (pero eso entonces era “bueno” y los Medios de Comunicación escrito no lo criticaban) y algunos actores, periodistas y cantantes parecían dioses, porque estaban en todas partes, y otros deberían estar en su ocaso, porque ya no se los veía más. “Reinaba el orden”... o la “tranquilidad”, ¡por fin!, al menos eso decían los Medios. Y si cada tanto había algún rumor de algo medio raro, con un “algo habrán hecho”, o “por algo será” clasemediero se calmaba la conciencia y podremos dormir en paz. Si algunos gritaban afuera, eso era “campaña antiargentina”, y si gritaban adentro eran las “locas de la Plaza”. “¿Porqué se ocupan de sus hijos ahora y no se ocupaban antes?

¡¡¡Ah!!! Y hubo un mundial. ¡Qué bien organizado! Si hasta lo ganamos con un 6 a 0 a Perú bien merecido. Por eso Videla y Kissinger (sic) fueron a visitar a nuestros hermanos incaicos al vestuario en el entretiempo. ¿Cómo no ibamos a ganar con esa delantera impresionante: Videla - Massera - Agosti? ¿Que se dice que hubo una reunión en París de Massera con algunos jefes para pedir que no atentaran contra el desarrollo del campeonato? ¡Calumnias!

Así se vivía en muchos ambientes el “nuevo gobierno”. Si muchos vivían con angustia, si buscaban a sus familiares, si eran voces críticas... pues ¿a quién le importaba? Si hasta cuando Adolfo Pérez Esquivel recibió el Nobel de la Paz (algunos nóbeles fueron sensatos, parece) por su trabajo en el “Servicio Paz y Justicia”, la “Comisión Justicia y Paz” del Episcopado inmediatamente aclaró que “nosotros no tenemos nada que ver”. El orden de los factores si altera el producto.

Hace 38 años empezó en la Argentina una dictadura atroz y salvaje. Que se fue preparando pacientemente adentro y afuera del país. Una dictadura genocida con amplia apoyatura empresaria, eclesiástica, mediática y sindical. Una dictadura de la que todavía cuesta reponerse. Lo económico, luego continuado en los gobiernos democráticos siguientes recién empieza a recuperarse, la sociedad -en especial la clase media- cada tanto suelta un “esto con los militares no pasaba”, los empresarios cada tanto (o cada poco) vuelven a jugar el juego del poder y la presión, los Medios de Comunicación “independientes” (sic) también cada poco repiten la vieja cantilena, y tratan -con más o menos éxito según los casos- de crear clima de “esto no da para más”, y algunos sectores de la oposición se recuestan a la sombra de Medios y empresarios para que la “opinión pública” pueda convencerse que con Mauricio, Sergio, Daniel; Lilita o el mini-radical de turno volveremos a insertarnos en el mundo, tendremos crédito y habrá paz. Demasiado crispados estamos, ¡válgame Dios! 

Por eso voy a la Plaza el lunes 24 de marzo, para que “Nunca Más”, para que tengamos memoria, verdad y justicia. Porque se hizo mucho, porque falta mucho, porque quieren volver, porque no queremos que vuelvan. No sólo los militares, sino aquellos civiles que golpearon y quieren seguirlo haciendo. ¿Blandamente? Es posible, porque “esto no da para más”, dicen, y no venden, desabasteciendo o guardando en silobolsas. Pero otros decimos “nunca menos” y “vamos por más”. Por más cuadros (y menos cuadros, de los colgados), por más control, más justicia, más juventud. Decían que “achicar el Estado es agrandar la Nación”, pues muchos creemos lo contrario. Y allá vamos. Se trata de dos países y yo no quiero aquel, y sí que quiero este.


foto tomada de profesor-daniel-alberto-chiarenza.blogspot.com

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