martes, 21 de octubre de 2014

Comentario 30A



El amor a Dios es inseparable del amor a los hermanos
DOMINGO TRIGÉSIMO - "A"
26 de octubre

Eduardo de la Serna



Lectura del libro del Éxodo     22, 20-26

Resumen: Una serie de normas legales de Israel se orientan hacia el accionar ante los desprotegidos (forasteros, huérfanos, viudas, pobres) resaltando que Dios toma partida por ellos y actúa movido por la compasión ante su dolor.


Siendo que la primera lectura se escoge en función del Evangelio, no es evidente – en este caso –la razón de la elección. El texto es un fragmento menor dentro de una serie de normas legales relativas a la convivencia (20,22 – 24,33; el texto comienza con “Yahvé dijo a Moisés” y recién vuelve a repetirse en 24,1). Entre ellos hay muy diversos mandamientos, tanto normativos (“no harás…”) como casuísticos (“si hicieras…”). De ambos casos encontramos en el texto litúrgico de hoy: “no maltratarás”, “no harás daño” y “si prestas”, “si tomas”… El segundo y el cuarto mandato suponen una reacción de Dios ante el hecho motivada por el “clamor” (vv.22.26). Lo común en los cuatro mandatos refiere a la actitud frente al débil o al pobre: forastero, viuda-huérfano, pobre.

El primer texto alude al forastero en un característico contraste: “ustedes fueron forasteros en Egipto” (v.10; cf. 23,29; Lev 19,34; Dt 10,19); supieron allí lo que fue el maltrato, por lo que no han de maltratar a los emigrantes. El dolor causado por el faraón, motivo – y aquí está supuesto – el “clamor” del pueblo que motivó la acción liberadora de Dios.

La norma prohíbe, a continuación, “oprimir” a la viuda y al huérfano que son paradigma de pobres por desprotección en Israel. “Oprimido” fue el pueblo en Egipto (Ex 1,11). Y el grito de los oprimidos (¡clamor!) llega a los oídos del Dios compasivo de Israel (Ex 2,23; 3,7.9). Y Dios dará a los opresores lo mismo que ellos producen (“ojo por ojo”, cf. Ex 21,24; Lev 24,20; Dt 21,19), sus mujeres quedarán “viudas” y sus hijos “huérfanos”.

El préstamos a usura está seriamente condenado en el seno de Israel (= “prójimos”; no así a los extranjeros, Dt 23,21). El préstamo al “hermano” ha de ser simplemente préstamo, no negocio. Del mismo modo, una “prenda”, un objeto tomado en garantía, no puede ser lo que el “prójimo” precisa para vivir. El manto del pobre es lo único que posee, por lo que le ha de ser devuelto. Si no, ¿dónde dormirán los pobres? Las necesidades de los hermanos, los pobres, están por encima del derecho del prestamista. Y Dios oficia de “garante”. El frío nocturno provocará un nuevo “clamor” que conmueve al “Dios compasivo”. Es propio de Israel reconocer esa característica de Dios: la compasión (Ex 34,6; 2 Cro 30,9; Neh 9,17.31; Sal 86,15; 103,8, 111,4, 112,4; 116,5; 145,8; Joel 2,13; Jon 4,2). Y esta compasión lleva a Dios a actuar ante el sufrimiento del necesitado, ante su clamor, siempre en su favor y confrontando con los causantes del mismo. Dios no es indiferente, y el obrar de Israel ante el prójimo, particularmente los desprotegidos, debe ser en la misma sintonía.


Lectura de la primera carta de san Pablo a los cristianos de Tesalónica     1, 5c-10

Resumen: El paso de Pablo por Tesalonica, y sus sufrimientos han dado ejemplo a los destinatarios, y la propia tribulación de estos ha servido de ejemplo a los pueblos vecinos. Ejemplo de su aceptación del Dios de Israel que ha enviado a su Hijo, que ha resucitado y que volverá para la salvación.

Pablo continúa la acción de gracias que había comenzado la semana pasada. Allí se introducen brevemente elementos que se desarrollarán extensamente en el cuerpo de la carta. Puesto que se trata de una continuidad, se recomienda volver al texto anterior para ver la relación.

Como señalará en la carta, Pablo remarca cosas que los tesalonicenses “saben” (1,5; 2,1.2.5.11; 3,3.4; 4,2; 5,2). Con excepción del último texto, todos los “saben” aluden a cosas que remiten al paso de Pablo por Tesalónica (el último a la predicación que de él han escuchado). A ese conocimiento refiere Pablo, al conocimiento de la experiencia. Esta experiencia, tanto en cuanto a Pablo cuanto a la posterior recepción está estrechamente ligada a las “tribulaciones” o “dificultades”. Ese es el “ejemplo” que han imitado, y – como Pablo – da testimonio a las demás comunidades de Grecia. 

La fe que tienen, y por la que Pablo ha dado gracias es – a su vez – impulso para el surgimiento o crecimiento de la fe de otras comunidades. Sin embargo, es interesante que en su primer escrito podemos afirmar que Pablo es más teo-lógico que cristo-lógico, cosa que se desarrollará más claramente en los siguientes escritos. Se ha dicho a veces, y creemos que no es exacto, que el “kerigma” (primer mensaje) de Pablo refiere a la muerte y resurrección de Cristo (cf. 1 Cor 15,3-4), sin tener en cuenta – como en todas las cartas – el contexto en el que Pablo afirma esto. En el texto que comentamos, Pablo alude a otro aspecto que, sin duda, ha de haber sido anterior al anuncio de Cristo: el abandono de los ídolos (si Pablo predica a paganos, sin duda el monoteísmo parece anterior y prioritario al anuncio de la muerte-resurrección “según las escrituras”, dirigido a politeístas que, además, no aceptaban las escrituras) “para servir a Dios vivo y verdadero” (v.9). Una vez aceptado el Dios único sí cabe “esperar” a su hijo que ha “de venir”, ya que “lo resucitó” y “nos salva”. Se ha dicho – aunque puede discutirse, o al menos relativizarse – que Pablo no tiene en cuenta el “Jesús histórico” sino al Cristo de la fe. Es cierto que Pablo no hace mucha alusión al Jesús de la historia, pero en algunos párrafos lo destaca, y pareciera, además, que la referencia a la muerte y la resurrección han de tenerse como una alusión a su vida aunque concentrada para destacar lo escatológico, pero no como un desentenderse de esto. 

La mención a la Venida merece un párrafo aparte. Pablo alude a esto especialmente en sus primeras cartas (1 Tesalonicenses y 1 Corintios; el término parousía alude a la venida de Cristo en 1 Tes 2,19; 3,13; 4,15; 5,23 y en1 Cor 15,23, pero en adelante aludirá a la visita de alguna persona o incluso de Pablo mismo: 1 Cor 16,17; 2 Cor 7,6.7; 10,10; Fil 1,26; 2,12). Sin duda el entusiasmo y consagración misionero de Pablo se encuentra reforzado por la expectativa en una venida inminente de Jesús.

  
+ Evangelio según san Mateo     22, 34-40

Resumen: Un fariseo quiere poner a prueba a Jesús preguntándole sobre el mandamiento mayor. El amor a Dios y al prójimo sostienen todas las Escrituras 


En el Evangelio de Marcos el tercer diálogo que se le presenta a Jesús al llegar a Jerusalén es con un escriba; se trata además, en este caso, simplemente de una pregunta sin intencionalidad polémica. En cambio Mateo, como es propio de su teología señala que el interrogador proviene de uno de entre los fariseos que se habían reunido “en grupo”. La pregunta, se destaca expresamente, es “tentándolo”. No es evidente cuál sería la “tentación” ya que la pregunta es normal y hasta razonable. Siendo que los judíos tienen un número muy grande de mandamientos [613], tratar de saber cuál es el “más grande” (megalê) de la Ley es comprensible. El texto de Mateo reduce ligeramente el de Marcos donde el mandamiento (con una ligera modificación, que Mateo mantiene: se agrega “toda tu mente”) es más extenso, tomado de Deuteronomio 6,5. La pregunta de Marcos por “el primero” no parece que sea sustancialmente diferente de la pregunta por el “mayor” (por eso en la respuesta Jesús afirma que es “el mayor y el primero”, v.38). De hecho Jesús alude luego al "segundo” (en Mt y en Mc) aunque Mateo destaca que “es semejante”, reforzando el paralelismo que Marcos solo señalaba al ponerlos juntos. 

La unión de ambos textos bíblicos (Dt 6,5 y Lev 19,18.34), del amor a Dios y al prójimo, no es algo exclusivo del Nuevo Testamento:


Guarden la ley de Dios, hijos míos, y consigan la sencillez; caminen sin malicia, no indagando indiscretamente en los mandamientos de Dios ni en las acciones del prójimo. Amen, por el contrario, al Señor y al prójimo y tengan compasión del pobre y del débil” (Testamento de Isacar 5,1-2).
Amé al Señor con todas mis fuerzas, e igualmente a los hombres como a mis hijos”. (Test. Isacar 7,6)
Guarden, pues, hijos míos, los mandamientos del Señor y observen su ley (…) Amen al Señor durante toda su vida, y unos a otros con un corazón verdadero” (Testamento de Dan 51-4).


Sin embargo, la novedad que trae Jesús viene dada por la comprensión del “prójimo”. Para el mundo judío – en la tradición de máxima – “prójimo” es todo judío; o solamente los “buenos judíos” (en los grupos más estrictos, como por ejemplo los manuscritos del Mar Muerto donde se habla de “odiar” al que no es “hijo de la luz”; a esto alude Mt 5,43). 


“…amar a todos los hijos de la luz, cada uno según su lote en el plan de Dios, y odiar a todos los hijos de las tinieblas, cada uno según su culpa en la venganza de Dios” (Regla de la comunidad, 1QS 1,9-10)

Y estas son las disposiciones de conducta para el Instructor en estos tiempos, sobre el amor y su odio. Odio eterno con los hombres de la fosa…” (Regla de la comunidad, 1QS 9,21-22)


En cambio, en el Evangelio, "prójimo" incluye al enemigo (5,43-48).

Señalando algo que ya sabemos desde el Sermón de la montaña, donde Jesús destaca que ha venido “a dar cumplimiento” a “la Ley y los Profetas” (5,17), y que hacer a los demás “cuanto quieren que los hombres les hagan”, eso “es la Ley y los Profetas” (7,12). Ambos aspectos aluden sin duda al “amor”, que es su “cumplimiento” (7,13), la “justicia mayor” (7,20), “ser perfectos” (7,48) como se venía insinuando (5,43-46; 6,24); en 19,19 pareciera que el amor al prójimo resume todos los mandamientos. Así lo afirma la carta de Santiago (cercana ideológicamente al Evangelio de Mateo): «Por lo tanto si ustedes cumplen la ley del reino, según lo escrito: amarás a tu prójimo como a ti mismo, procederán bien» (2:8); Pablo destaca que el amor es la ley en plenitud (cf. Rom 13,8.10; Gal 5,14). La Ley y los Profetas – es sabido – es el modo en el que los judíos refieren a la misma Biblia [hoy suelen hablar de la “TaNaJ” que son las letras de Torá – Ley -, Nebiîm – Profetas – y Jetubim – los demás escritos]. Toda la Biblia, entonces, está “colgada” de estos dos mandamientos [extrañamente, el verbo “colgar” (kremánnumi) se utiliza con frecuencia para los “colgados” de un madero, o crucificados: cf. Gen 40,19; Dt 21,22; Jos 8,29; 10,26; Lc 23,39; Hch 5,30; 10,39; Gal 3,13].

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