lunes, 29 de diciembre de 2014

Un buen comienzo



Una nota relativa a un buen comienzo

Eduardo de la Serna



Una vez, lo recuerdo, una chica me pidió la bendición.

“- Mañana doy mi último examen en la facultad y me recibo”.
“- ¡qué bueno!, – le dije – ¿de qué te recibís?”.
“- Periodismo”, afirmó.
“- Entonces. – le dije mientras la bendecía – recemos también para que seas fiel a la verdad”.
“- Bueno, la verdad es relativa”, sentenció.
“- Uy, ya empezó mal”, me dije para mis adentros.


Empezar bien o empezar mal, that is the question!

Sin dudas no quiero decir que empezar bien implica terminar bien, o que empezar mal es indicio de que terminaremos mal. Pero empieza un camino. Camino en el que daremos pasos, habrá obstáculos, saltos, frenos, actitudes o personas que nos harán cambiar… pero es por aquello de que “el que pega primero, pega dos veces” (que es lo contrario de que “el que ríe último, ríe mejor”, pero que no son opuestos). Y deseamos ambos.

Estuve en una celebración, y me llamó la atención uno que “empezaba” y pronunció esta frase (o más o menos), “yo antes buscaba a Dios. Lo encontré y no busco más”. Me espantó. “Acaba de tirar a la basura a todos los místicos”, me dije. “Empezó mal”, volví a repetirme.

Empezamos un año. ¿Bien o mal? Obviamente, por uno y mil motivos los habrá quienes lo empiezan bien y quienes lo empiezan mal. Y vaya una suerte de abrazo solidario a quienes lo empiezan mal por enfermedad, pobreza, sufrimiento, angustia… Pero no puedo dejar de pensar en aquellos que quieren expresamente que empiece mal. Pienso en aquellos que quisieron que la “Gripe A” matara más personas, que Cristina tuviera cáncer, que el Arsat 1 cayera al mar, que la economía estallara en mil pedazos y hubiera millones de nuevos pobres y podríamos mencionar centenas de casos por el estilo. Y los que transforman casi milagrosamente en malas las buenas noticias (si hasta explicaron por qué era un problema serio ganarse la lotería). Clarín, por ejemplo tituló “tras años de atraso, funcionan los nuevos trenes en el Mitre” [24/11/14] (¡50 años de atraso!), un circunspecto explicaba a otros ídem que era lo mismo el nieto 114 que el 113, aunque el 114 fuera nada menos que “Guido”, y resulta patético ver los títulos (una vez más idénticos… ¡una vez más!, ¿no pueden disimular un poco?) de Clarín y La Nación de hoy: que el fiscal Marijuán “aclaró que en el caso Báez aún no aparece ningún Kirchner”. “Aun” es “todavía”… “todavía no”, “esperemos que pronto sí”, parece estar implicado. Podemos suponer que algunos empiezan bien cuando otros empiezan mal. Pienso en un partido de fútbol: si mi equipo empieza bien es indicio de que el otro la está pasando mal. Pero, ¿y cuando de un país – o un continente – se trata? Y acá es donde vuelvo al comienzo. ¿Es relativa la verdad? Puede ser relativa a quien se beneficia o perjudica con un acontecimiento. Pero cuando los que se beneficiaron con leyes como las de bienes culturales, con la pesificación asimétrica, con los favores del poder que les permitió el oligopolio, o que les permite interminables cautelares que los benefician sólo quieren ganar aunque el mundo se derrumbe, en ese caso es demasiado chico el ámbito de relación para que sea “relativa” la verdad. Cuando muchos repetían – repetimos – ¡Clarín miente!, no parece demasiado relativo. Cuando afirman que algo ha ocurrido y realmente no ha ocurrido, no es “relación”, es su falta de relación con la verdad lo que cuenta.

En fin, mirando algunos diarios, mirando a sus dizque periodistas y escuchando sus profecías (semejantes a las profecías que nos descerrajaron a principios de 2014 y no se cumplió ninguna), tengo la sensación que empezamos bien el año. Y que podemos permitirnos una sonrisa. 


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